{ • adytummeum = Peko Pekoyama • }
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El silencio era pesado. Las miradas inertes, incapaces de desviar su visión hacia nada que no fueran las dos personas ubicadas en el medio del enorme salón. Las respiraciones parecían llegar a escucharse, tensas y expectantes al más mínimo movimiento que sería el comienzo, al igual que el final.
Ese final que ocurrió tan rápido que tuvo que luchar para no parpadear, para no perderse rastro alguno del combate que terminó con una obvia victoria para la mujer. Para no perderse de sus movimientos tan finamente entrenados que parecían el más puro arte.
Una tranquila ronda de aplausos ocurrió luego de que el contrincante de Pekoyama yacía en el suelo, Kiyotaka mismo sonriendo ampliamente ante la exhibición. Muchos allí dentro, en la academia, eran buenos en la disciplina del Kendo, pero ya resultaba una obviedad que nadie sería tan capaz como la persona que poseía en su título su maestría con la shinai.
Ishimaru, personalmente, la admiraba enormemente y poseía el deseo de poder poseer las habilidades de la misma algún día.
La clase del club terminó y los alumnos ya se retiraban sin pena ni gloria, algunos juntándose con sus amigos a las carcajadas mientras caminaban por los pasillos de la academia, alejándose del lugar. Tenía por costumbre el dirigirse directamente hacia su hogar terminado el horario, pero poseía la motivación suficiente para hacer una excepción y cambiar su rutina por un día.
A pasos duros, que incluso podrían hacer retumbar la madera si se esforzaba un poco más, y rígido como una piedra se adelantó hacia la mayor, colocándose frente a la mujer con una mirada de determinación brillando en sus ojos rojos.
— ¡PEKOYAMA-KUN! — Gritó sin poder contenerse, carraspeando luego de haber notado su tono de voz. — ¡Mi nombre es Kiyotaka Ishimaru, y admiro enormemente sus habilidades! ¡Deseo poder conocerla mejor y de ser posible enfrentarla en combate!— Directo al grano, nunca fue alguien de dar vueltas a sus palabras.











