¿Debería hacerle caso a ese nudo en la guata?
Hay una sensación indiscutible que me pasa cuando algo no me tinca. Cuando me es incómodo o logro ver a través de las segundas intenciones. Pero a veces dentro de esas incomodidades, los momentos gratos y de confianza le ganan. Aceptando ciertas actitudes o sospechas de la mala onda o la buena onda forzada.
Siempre he sido muy de seguir mis viseras. Mi estómago es mi detector de alerta. Y desde muy chica he sido muy intuitiva, siguiendo mis corazonadas, llevándome a objetivos. Muy de piscis, ¿no? Pero muchas veces me dejo influenciar y solo fluyo, pasando a ser la que acata ordenes y prefiere llevar la convivencia en paz.
Hoy dije "ya basta". Hay señales que son directas y no necesitan traducción. Duele tomar decisiones en donde tienes que dejar cosas, personas y vivencias atrás. Pero prefiero mi salud emocional, liberarme de un peso innecesario y volver a confiar en mi espiritualidad.
Mis diez años viviendo en Santiago me han enseñado muchas cosas, siento que he vivido todas las caras de la moneda, y no son solo dos.
Diez años en una ciudad increíblemente grande, caótica, llena, repleta, ruidosa, a veces peligrosa y otras muy calurosa. Pero la amo, por eso he decidido quedarme acá. En esta década mis experiencias han sido tan variadas, me he relacionado con todo tipo de personaje urbano, citadinos, afuerinos, extranjeros, heterosexuales, diferentes clases económicas y toda la gama hermosa de luces fragmentada de diversidades sexuales y de identidades existentes. Y aún así, me siento fuera de lugar. ¿Será algo de piscis?
Sí, me siento cómoda y siento el amor. Pero es algo tan personal, el sentirme en otra órbita u onda.
Como ser sensible y sobre pensadora, elegí alejarme de personas que en verdad solo aportaban ansiedad. Personas que al mismo tiempo de sentir amor, sentía una sensación indescriptible de inseguridad, del no poder confiar el cienporciento. El ego quizá y los personajes que se estaban formando. O solo el hecho de querer sentirme valorada y no menospreciada.
Dicen que los piscianos somos como el mar. Nuestras emociones son como el profundo océano. Una fuerte corriente, olas que chocan, pero que al mismo tiempo serenan corazones y relajan existires.
Agradezco este regalo astrológico, y el vivir en un lugar con tantas personas, tantas almas, tantas vidas... es difícil ser el receptor de todo eso.
Constantemente veo la hora espejo, los mensajes de los ángeles. El supuesto mensaje que nos dice "vas por el buen camino". Me encanta creer en eso. Los números son poderosos y los respeto. Y los significados tienen mucha coherencia. Abrazo estas costumbre, sean populares o espirituales, porque calzan con mi pensar, mi pensar desde muy chica, en donde mis compañeros rezaban al padre nuestro, mientras yo oraba a la luna.
Respetaré mi signo solar y prometo volver a creer en mí misma.
Volveré a caminar por las calles de Santiago creyéndome lo que realmente soy. Una imagen muy personal que no tengo por qué compartir. Vuelvo a escribir mi propia historia, por muy cliché que suene. Y el que quiera quedarse que se quede, pero no estaré en donde no me valoran. Siempre he optado por lo no tóxico y eso aplica en toda relación.
Me refugio en mi departamento, junto a Hada, mi gatita, y miro la ciudad de la misma forma que la miré hace diez años al pisar por primera vez esta gran ciudad, ¡como me gusta esa palabra!
Elevo mi energía y hago un campo protector, le pido a la luna y le cumplo evitando ser mala onda innecesariamente.
Filtraré mejor y reescribiré mi ser.
....paso a paso, hasta llegar.