Cecile
a ratos soy yo,
a ratos no sé
quién es
quién soy.
Me desahogo,
me descargo,
reflejo en ella mis miedos;
Cecile sufre de incompleta existencia
y sobrecarga de dudas que no son suyas.
Cecile
está rota,
está marchita,
está azul;
y no la cuido.
Cecile
llora,
patalea,
hace mar;
se derrama,
se deshace,
se desgana.
Ya no es
entera,
ya no somos
completas.
Todos los pasos son desaciertos,
notas equívocas
de un piano roto y sin arreglo;
han cerrado las galerías,
nieva, y ya no hay arte.
Le tiembla el labio,
el papel le ha cortado los versos,
y ahora se desangran las metáforas
de los besos muertos.
La poesía perece
antes mismo de nacer,
y en su mente se acumulan
las crisálidas
de los insectos lepidópteros
que nunca llegarán a poblar
sus laberintos oscuros.
Han cerrado las galerías,
nieva,
y ya no hay arte.