Quería escribirte algo, mas sin embargo creo que hace mucho tiempo que me quede vacía para describirme en romance. Estoy regañando las mañas de mis vidas aunque yo no puedo dejar de esperar algo de profundidad de tu mirada, porque si tuviera que pronunciar una palabra para hundirme en enamoramiento esa diría: profundidad.
Porque eres un misterio tan joven, una luz que refleja soledad, una laguna de misterios, lo que más quiero cuidar en este instante, lo que más quiero proteger en los mañanas y lo que más desee estar en el ayer.
Eres admiración y no necesariamente en signo o señal, eres demasiado de ese picor de algo nuevo, eres demasiado esas ganas que tengo de darle al mundo felicidad, eres todo lo que deseo tocar.
Ya que si voy a ser justa también de eso hay que hablar, porque creo que te deseo prohibidamente, porque eso no es lo que menos nos limita; es lo que más nos intensifica.
Te deseo, deseo lo que me prohíbes porque todo lo que quiero es demostrarle al sol que su intensidad se queda lejos a comparación de lo mucho que quiero morir en tu boca, que le tengo antojo al recorrido de tus manos, que me muero por el sonido que producirán tus labios, que quiero sentir todo ese calor producido por toda mi pretensión, corromperte tu silueta y decirte que me atrapes cada ves más en tus recuerdos.
Cariño no te miento, no te estaría esperando tanto tiempo si no fuera que me tienes, atrapada y sentada en un rincón; esperando con ansiedad el turno que me toque para hacerte sonreír y creo tener la intensión de hacerlo hasta el día que olvide porque esperaba.