Única, el ultimo tigre blanco. (Prólogo)
-¿Has pensado alguna vez en poder volar?-
-Mmmm… No en realidad… ¿Tú dices con “mis propias alas” o algo así?-
-Sí, algo así…
Hubo un silencio entre ambas jóvenes, mientras seguían recostadas en la azotea de la escuela, una al lado de la otra. La suave brisa acariciaba sus rostros mientras observaban el cielo y las pocas nubes que pasaban por el.
-…Así como dicen que voló mi madre…- la última chica que había hablado, rompió el silencio complementando la respuesta -…a eso me refiero… ¿crees que haya volado de verdad?- un tono triste y temeroso acompañó a esa pregunta.
-Yo creo que es verdad… Mi tío dijo que fue así, y le creo. Él jamás me mentiría.- Una sonrisa se esbozó en el rostro de la joven al oír tal respuesta.
-De todos modos Kanon, ¿a qué va esa pregunta?- la muchacha se dio vuelta a mirarla.
Kanon era una hermosa joven de 16 años, su cabello era negro y corto, teniendo la parte más larga de su cabellera adelante, el cual se iba acortando en diagonal hasta llegar a la nuca. Era dueña de unos profundos ojos verde jade, además poseía un bonito físico, la pubertad en ella había llegado llena de dotes, por decirlo de alguna manera…
-Pues… Me acordé de todas esas historias que cuentan y pensé si yo podría ser capaz de volar también.- esto último fue dicho en un tono levemente melancólico que perfectamente podría haber pasado desapercibido para un desconocido, pero no para su amiga Naoko.
-Mmmm… Entiendo… Es hoy, ¿cierto?- al escuchar aquella pregunta Kanon sonrió.
-Sí… Es hoy…-
-¿Quieres que te acompañe?-
-No… Gracias, no hace falta-
-…Está bien… Igual puedes llamarme si me necesitas- dijo con algo de timidez la joven Naoko.
-Gracias…- la muchacha le regaló una hermosa sonrisa.
Kanon no podía evitar pensar en todas las historias que se contaban, cada año en esa fecha recordaba dichas historias. Los pocos testigos que hubo decían que había sido real, pero había mucha gente escéptica… Eso la confundía.
-Sería mejor que ya nos fuéramos, estoy segura que pronto sonará la campana y desde aquí nos demoramos un poco en llegar al salón- dijo Naoko al tiempo que se incorporaba y tendía la mano a su amiga para ayudarla, quien la aceptó inmediatamente.
Naoko era una joven linda y alta, pero de apariencia muy siniestra, como si fuera una especie de ser sobrenatural, casi como un vampiro. Sus ojos eran de un extraño color que les hacía ver rojos, su cabello era largo, hasta la espalda baja, muy negro y muy liso. Al igual que su amiga, su tes era blanca, solo que Naoko se veía más bien pálida y no radiante como la piel de Kanon.
Ambas bajaron de la azotea y se encaminaron al salón.
❀❀❀
-Odio la clase de biología, no tiene sentido… Es decir… ¿De qué me sirve? No andaré analizando células por ahí…- trataba de justificarse la joven Kanon
-Qué seas una perezosa y que te saques malas calificaciones en biología, no significa que no te sirve saber las cosas… Deberías estudiar más- decía una tranquila Naoko con su examen en mano, el cual tenía la máxima calificación. Kanon solo la miró con impotencia mientras sostenía la nota más baja -¡Bah! No sirve para nada…- concluyó molesta.
-Ya no anden peleando… Tengo una excelente noticia que las animará- dijo detrás de ellas un joven de estatura media, tes morena y ojos pardos. Llevaba una especie de pañoleta roja a modo de bufanda que cubría su boca.
-Yo no estaba peleando y tampoco estaba desanimada- contestó seria Naoko sin mirarlo siquiera.
-¡¿Qué noticia?!- gritó emocionada Kanon por su parte…
-Me alegra que lo preguntes…- el muchacho se sentó sobre la mesa en frente de ellas.-He conseguido que nos dejen tocar en aquél club del que les había hablado… Ese que abrió hace 3 meses y siempre está lleno-
Saito era un muchacho bastante misterioso. Siempre conseguía cosas que parecían imposibles para alguien tan joven, además que siempre que había un evento deportivo o de lo que fuese, él solía organizar un sistema de apuestas. También podía conseguir resultados de los exámenes en varias ocasiones… Nadie sabía cómo lo hacía, pero Naoko y Kanon tampoco querían saberlo. Era tan propio de la gente del clan del Escorpión tener un estilo de vida misterioso y poco ético, que no era de sorprender del todo.
-Me parece perfecto… Ahora solo hay que ensayar y ver que tocaremos, además de ver los vestuarios… Oye pero Saito… ¿Cuándo es?- preguntó Kanon mientras lo miraba con sus enormes ojos verdes.
-En dos semanas más… Supuse que iban a querer ensayar así que pensé que dos semanas eran suficientes- se encogió de hombros como haciendo ver que tenía todo perfectamente calculado.
-Muy bien, entonces hay que decirle a Rokuro y Suni- agregó Naoko mientras revisaba la prueba de Kanon.
-Sí, Rokuro está fanfarroneando por ahí y Suni está durmiendo, les diré en el descanso-
Pasado un par de minutos entró el profesor de la siguiente clase y todo volvió a estar en orden. La clase transcurrió de manera normal y Naoko se esforzaba por hacer que Kanon prestara atención, ya que la joven se distraía con facilidad. De pronto, casi al final de la clase, el profesor decidió sentarse en su escritorio, en cuanto lo hizo un sonido estruendoso salió de ahí, como una pequeña explosión, como si el profesor se hubiese hachado un gas gigantesco y largo. Inmediatamente todos comenzaron a reírse, Kanon se llegaba a apretar la panza, hasta Naoko se rió, no sin antes mirar a su amiga de reojo al tiempo que le susurraba; - aún no sé cómo lo logras… un día van a descubrir que la que hace esas bromas tontas eres tú y te castigarán por un año- Kanon solo asintió mientras se seguía riendo.
Naoko siempre la descubría… Era bastante frecuente que su amiga hiciera bromas o travesuras, no era todos los días, pero cada cierto tiempo algo como eso pasaba y por más que trataban de averiguar quién era nunca daban con Kanon, era como si tuviese una habilidad para eso, algo que ni la misma Naoko se lograba explicar.
Luego de que las clases acabaran, Kanon se despidió de Naoko con un abrazo, al cual la siniestra joven respondió torpemente.
La muchacha de ojos verdes siguió su camino a lo que realmente le importaba hacer el día de hoy, aunque había sido bueno haber tenido distraccionesa lo largo del día. Detestaba caer en la tristeza, no quería eso, así que normalmente en esa fecha se mantenía ocupada o hacia tonterías.
A pesar de los años aún le dolía, le dolía no poder estar a su lado… Avanzó bastante hasta llegar al centro de la ciudad, ahí se detuvo en una florería, eligió un bello ramo de flores de cerezo, pagó y siguió avanzando por las calles hasta que cada vez estuvo más alejada del centro… Hasta que llegó a un cementerio.
Antes de entrar miró hacia todos lados para ver si alguien la observaba, a veces le daba la sensación de que la estaban siguiendo, a veces sentía eso en la escuela, otras en su propia casa o cuando salía, se sentía un poco loca por ello, pero tampoco podía evitarlo… No había nadie, los pájaros de al rededor eran su única compañía. Caminó un buen tramo, escuchaba los ruidos de las aves que revoloteaban cerca, hasta llegar a una parte más verde donde había árboles y césped, incluso flores, era un sector muy bonito, el cementerio era enorme como un parque.
Se acercó a un árbol en particular, ahí había una estructura de piedra como un pilar grande que tenía tallado “Murasaki” en medio. En sus costados había varias tablas de madera con diversos nombres, unas muy antiguas que ya se veían de color gris, pero también había una que se veía más nueva, en ella se leía “Murasaki Sakura”. La joven notó algo familiar, pero a la vez extraño…
Todos los años cuando ella llegaba a aquel lugar, siempre había un pequeño ramillete de flores, no siempre eran las mismas, este año eran 3 pequeñas flores blancas… Pero nunca sabía quién era la persona que las dejaba ahí, aunque siempre imaginaba quién podría ser, pero tampoco tenía la certeza. Lo miró un momento y finalmente exclamó: -Ah… Debió ser Aika-
Kanon se arrodilló y dejó su bolso por ahí, al tiempo que tomaba un florero vacío que se encontraba al lado del ramillete, claramente quien había dejado las flores ahí, también había aseado la tumba, ya no había flores secas y se notaba que habían barrido el lugar. Se sacó el blazer de la escuela y se remangó la camisa, caminó con el florero hasta un grifo y dejó que el agua corriera hasta que se llenara. Observó como varias aves estaban paradas sobre el tendido eléctrico, una de ellas era un hermoso cuervo. No era raro ver esta clase de pájaros en la ciudad, sin embargo tampoco era muy frecuente, Kanon no prestó mayor importancia, detuvo el caudal del agua y volvió hasta la tumba. Colocó el ramo de flores de cerezo en el, lo arregló cuidadosamente para que se viera bien y lo dejó en medio, al menos ahora se veía con un poco más de color. Tomó el pequeño ramillete de flores blancas y lo puso en medio de las flores de cerezo, para que también fuesen parte de la decoración. De su bolso sacó unos inciensos y los prendió, los puso al lado del florero en unos pequeños espacios designados precisamente para eso. Se levantó y observó en silencio cada uno de los nombres de las tablas, aunque no conocía a ninguno de los que ahí yacía, esos nombres tenían un gran significado para ella… Sin embargo el único que más le importaba y a la única que había conocido era a “Sakura”.
Se quedó escuchando un momento el sonido de las hojas al moverse con el viento y a las aves… Volvían a su mente los pensamientos de las historias, de lo que unos creían y otros no, junto con recuerdos propios, sus vivencias más atesoradas, las que aún no lograba olvidar, aunque no deseaba hacerlo. Habían pasado varios años en que la aceptación se había vuelto parte de ella, aunque por veces aún lo encontraba injusto. Después de un rato comenzó a cantar. Kanon tenía una voz preciosa y la melodía que salía de sus labios era suave y relajante, casi como si fuese un arrullo…
“Cuando la luna esté, en lo más alto del cielo…
Las estrellas brillarán aun más y sabrás que estoy ahí mirándote…
El viento sopla igual, enviando una caricia que… está hecha solo para ti, aunque la he creado yo…
Mira mis ojos sin dudar… En ellos está la verdad, ve más allá
y lo sentirás dentro de ti…
Quisiera darte más, de lo que puedo entregarte hoy. Para siempre mi vida será… Compartida junto a ti…”
Siguió hasta terminar la canción completa… Las aves seguían ahí, como observándola, como si les hubiese gustado la canción, incluido el cuervo. Al terminar Kanon tomó su blazer, se lo puso mientras miraba a los pájaros con una sonrisa melancólica, tomó el bolso, se despidió de la tumba con una profunda y solemne reverencia y se fue rápidamente.
No quería que nadie la viese… Era su secreto… A la única a la que le había contado era a Naoko, pero ella jamás diría nada, era la única persona en la que tenía una confianza absoluta, podía llegar a poner las manos al fuego por ella y sabía que jamás se quemaría, aunque el resto del mundo pensara lo contrario…
Naoko pertenecía a un clan bastante incomprendido a los ojos de Kanon. El clan de la Araña, los personajes más siniestros y oscuros de la historia del imperio habían pertenecido a ese clan, la gente era muy supersticiosa con respecto a sus miembros, en general les temían y no confiaban en ellos. La gente del clan de la araña siempre tenían semblantes siniestros, como el de Naoko y siempre eran pálidos, parecían un “montón de góticos” como decía Kanon cuando quería molestar a su amiga (aunque no era del todo falso).
En general la gente les teme, se cuentan varias historias sobre hechicería por parte del clan, que poseen poderes demoniacos, pactos incluso, que su magia la hacen con sangre y que son asesinos por naturaleza. Para Kanon todo eso eran prejuicios de gente ignorante, sabía que a pesar de lo seria y siniestra que era su amiga era una excelente persona. Aunque sí algo era cierto a través de la historia, el clan de la Araña nunca había hecho las cosas de manera que uno podría llamar “correcta” simplemente hacían lo que debían hacer, en muchos casos sus métodos eran bastante incomprensibles por parte de los otros clanes, pero a Kanon le parecía que hacían el bien de una forma diferente, que solo eran incomprendidos…
Kanon había sido la primera persona fuera del clan que le había dirigido la palabra a Naoko y la había tratado como una igual, en general tenía ese trato con todos, no hacía diferencias como la mayoría de los muchachos, quienes se dejaban llevar por rencillas familiares. Kanon pensaba que esas eran tonterías…
Para las Arañas había sido muy difícil llevar una vida fuera de su clan, principalmente por la desconfianza y temor que los demás clanes les profesaban, pero Kanon era diferente, lo cual tendía a llamar la atención de varios muchachos en la escuela y claro al acercarse ella a alguien de ese clan algunos se dieron cuenta que no pasaba nada, había un poco más de aceptación, luego Kanon comenzó a hacerse amiga de otras personas e integrar a Naoko y así… Al menos hoy en día la gente ya no los ignoraba, aunque el temor se notaba la mayoría de las veces. Kanon esperaba que algún día se disiparan esas ridiculeces…
Sin darse cuenta ya había cruzado casi todo el centro hasta llegar a donde habitaba. Un departamento en un edificio muy bonito, algo lujoso. Subió por la escalera, caminar la relajaba de alguna manera. Entró al departamento y no había nadie así que fue derecho a su habitación, la cual no era muy grande, había una cama, un ropero de muro y un escritorio. Prendió un pequeño dispositivo que cabía en la palma de su mano que hacía las veces de radio y se echó en la cama mientras escuchaba música.
Ya no tenía ganas de pensar demasiado, había ido al cementerio y con eso era suficiente, suficientes recuerdos, suficientes fantasías de “que hubiese pasado si…”, fue bueno, fue tranquilo, y no quería ponerse triste, ya hace tiempo había comprendido que las lágrimas no traen de regreso a los muertos… Y aún así se sentía torpe por apenarse siempre que llegaba la fecha, a pesar de la resignación… Aunque no podía decir que no le gustaba ir, claro que quería ir, no quería olvidar su existencia, aunque ya le costara trabajo recordar su rostro, pero sería más doloroso olvidar… Porque sabía que si la dejaba de recordar ya no sabría quién era ella misma, no sabría cuál era su pasado, ni su realidad, ni su futuro, por eso era tan importante para Kanon no olvidar.
Abrió el cajón de la mesita de noche y sacó un libro, luego extrajo la parte de abajo del cajón, tenía un doble fondo, en donde se encontraba una foto, en ella aparecía una pequeña, casi un bebé muy parecida a Kanon, de cabello negro y ojos verdes, en los brazos de una hermosa y joven mujer, de cabello rubio castaño y ojos verdes idénticos a los de ella, con una sonrisa encantadora, abrazando a su bebé muy cerca, muy feliz.
Kanon no estaba triste, se negaba a estarlo, se convencía a sí misma de que solo quería verla y recordar su rostro, pensando en lo lindo que sería un abrazo así ahora, en lo mucho que le gustaría conversar con ella de lo que fuera, le daba igual el tema, solo hubiese sido genial escucharla… Eso sí que no se le había olvidado, la hermosa voz cuando cantaba esa canción, la misma que ella había interpretado unas horas antes en su tumba, recordaba aún como le cantaba aquella hermosa melodía para hacerla dormir… Deseaba llegar a cantar de la misma forma, tan llena de sentimiento y con aquella voz hermosa…
Luego volvió a guardar la fotografía y esconderla.
Sintió la puerta, Aika ya había llegado, se levantó para ir a saludarla. Efectivamente en la entrada se encontraba una joven mujer de cabello negro y ojos castaños, con una máscara roja que asemejaba una mariposa.
-Hola Kanon, ¿Cómo te fue hoy?-
-Bien… ¿A tí?-
-Agotador… Pero bien…- decía esto al tiempo que se sacaba el antifaz y lo dejaba sobre una mesa al lado de la puerta, se encaminó a la cocina.
-Traje la cena… Sobró un montón de cosas deliciosas y las querían tirar… ¡Pffff! ¿Te imaginas? Qué tontería… así que mejor me lo traje a casa.- comenzó a sacar platos y servir lo que había traído, algo de carne, verduras, algo con masa…
-Se ve bastante bueno-
-Sí!, lo es, te encantará-
-¿Pero tú ya comiste Aika?
-Sí, pero solo un poco, además estaba muy bueno y quiero más- La mujer sonrío con picardía. Kanon sonrió de vuelta.
-Hoy fui al cementerio…- ante estas palabras Aika siguió en lo suyo, pero se notó un leve cambio, algo melancólico.
-Era hoy…-
-Sí…-
-Lo olvidé- se detuvo un momento, pero luego siguió en lo que estaba. -No te preocupes, está bien… Es decir, no es necesario ir todos los años, yo sé que a veces igual te acuerdas-
-Sí… Bueno está listo, vamos a comer- dijo con voz seria.
Aika, al contrario de Kanon, prefería no hablar del tema, sepultarlo era lo mejor. No porque quisiera olvidar a su amiga, si no porque era un recuerdo triste el saber que ya no estaba y que nunca podría hablar con ella de nuevo, reírse con ella… No quería tener que lidiar con eso, no podía. Nunca había sido capaz de lidiar con sentimientos demasiado profundos, prefería callárselos, guardarlos para ella como un secreto. Así le habían enseñado y prefería seguir así. Kanon lo sabía, ya la conocía hace años como para no haberlo notado, aun así, no quería que olvidara del todo la muerte de Sakura, pero tampoco quería presionarla para que fuese al cementerio, aquello era algo más personal.
Tampoco es que estuviese prohibido hablar del tema, en varias ocasiones Kanon le había preguntado cosas y Aika le relataba feliz alguna anécdota o algo…
-Aika… ¿Mi madre tenía alguna otra amistad cercana además de ti?- recordó de pronto Kanon.
-Mmm… Pues sí, pero murieron en la guerra también… Fuimos muy pocos los que sobrevivimos.- dijo con algo de pesar
-¿por qué?-
-Pues… Había un ramito de flores en la tumba hoy cuando llegué… Me pareció extraño porque todos los años está ahí, siempre pensé que podrías ser tú pero dijiste que este año lo olvidaste, así que claramente nunca fuiste tú…- Ante esta información, Aika la miró algo extrañada.
-Pues… Tú madre era muy sociable y muy buena persona, siempre había gente que la admiraba, quizás alguien que la conoció y fue ayudado por ella de alguna forma es quien deja esas flores…- a Kanon no le convenció del todo esta respuesta, pero igual era probable… -Recuerda que Sakura salvó al imperio, puede que haya gente que se sienta muy agradecida aún, sobre todo los más viejos o los sobrevivientes de la guerra- le sonrió a la joven mientras se echaba otro bocado.
-Mmmm… Sí, supongo que tienes razón…- terminó de convencerse Kanon, aunque aún había algo ahí…
Aika le contó un par de anécdotas divertidas que habían ocurrido en el trabajo mientras comían, Kanon se rió un poco y comentó la broma al profesor, por supuesto que no dijo que había sido ella la autora de dicho evento, aunque Aika se rió y lo encontró genial.
Terminaron de comer, Kanon se bañó y se fue a acostar, estaba muy cansada a pesar de que este año no había llorado y cayó en un sueño profundo casi de inmediato…