Tomá mi sueño: llevanos - suavemente-
hasta traernos al borde
en la mañana, de regreso. Pido: "llevame con suavidad".
Hacia los quehaceres, un acto que suceda al otro
dentro de la luz, del aire: cierta continuidad. Agarrame —a mí,
mi sueño— esa cosita para llevarte puesta
luego del desayuno, en el ritmo, el estruendo
de la cuchara girando un cuenco. Cereales
yoghurt o el tándem
que parecieras vos
más yo en la noche. Pero no. Tomame
—¿tanto el miedo?—. Y más. Cuando ya sabés no
habrá regreso: digo, eso
que se lleva puesto, luego de la noche
hacia la mañana, con cierta belleza. Soltura
de tu espalda al darse vuelta —y está la luz
sí, detrás de la ventana, y más— el gesto
con que alguien trae hacia la cama
una bandeja. Alcanzanos, con gentileza, hasta algún mañana
cuchara, cuenco - otra vez para despertar en la novedad-, en ésta
jornada —sus trabajos— relieve
que cobra espacio bajo otra luz, otro aire
cruzado por vos, mi sueño. Así: más el miedo
empujanos entonces —en calma— hasta la mañana
su borde
donde termina la noche o el tándem, para los otros
trabajos o todos
los despertares que resten. Pero traeme
—un acto de fe, casi, te estoy pidiendo— como si el borde no estuviera, no hubiera más
allá de cierta continuidad. Sus quehaceres —una
y otra vez— taza, cuchara, cuenco. Tantos movimientos
de un punto a otro, da igual. Sí, llevame hasta allí
hacia la mañana —calmamente—.
Andi Nachon.











