LA ESTÉTICA DEL CUIDADO AFECTIVO: PELUCHE Y DUELO. UNA AUTOCURADURÍA DE ZYANYA ARELLANO
Por M.S Yaniz
En medio de la pandemia de COVID19 con miles de personas muriendo alrededor del mundo el espacio público disminuyó hasta casi extinguirse, el afuera se tornó hostil y cada casa se transformó en refugio de un mundo exterior amenazante. Dentro de la casa la convivencia interpersonal también cambió, y quienes más suerte tenían, poseían un cuarto propio que se volvió el lugar seguro. Pero ¿qué ocurre cuando ese cuarto es salón, oficina, fondo de juntas, comedor y gimnasio? Siguiendo la ruta claustrofóbica, la cama se convierte en el refugio del refugio: más íntimo que la casa, más que el mero cuarto. El lugar que no es Zoom ni oficina, cuarto ni patio sala, sino donde uno puede ser quien es pese a todo.
La imagen que surge de pensar la cama propia como el último lugar seguro en todo el mundo es bella, tierna, quizá desoladora y con algo de melancolía decimonónica. Zyanya Arellano recluida en su cama tuvo un viaje introspectivo. Ese espacio que era el lógico para ser salvada, la devolvió al mundo exterior a través de recuerdos mal-viajantes. Habitar tanto tiempo la cama llevó a pensar ese lugar como el índice material de quizá perder la virginidad, quizá sufrir abusos, recuerdos de novixs violentxs, gestos no consensuados. Frente a los fantasmas propios no existe lugar seguro y la cama se vuelve sintomática de una cartografía de inseguridades y duelos.
¿Cómo poder dormir segura en una cama que habiendo sido analizada está llena de traumas? Arellano realiza una serie de conjuraciones para regresarle la salud nemotécnica a su cama: la cura. En su sentido literal y artístico, la saca de su cuarto y la lleva al espacio expositivo como primer paso de la curandería. Frente a la cama cuyo espectro para ella es violento, la devuelve en forma de un conjuro para y con sus amigas. ¿Tus amigas estarán a salvo en sus camas? Zyanya desea que sí -que si no ella, al menos sus amigas sí duerman seguras en sus camas- y exhibe una pintura de peluche manifestandolo. Gesto lírico que se vuelve real en un imaginario en que al salir de la fiesta, ya sea con un onvre o en Uber, no sabes si tu amiga llagará segura a su cama. La exploración artística de Zyanya tiene tres ejes; la cama como lugar, la rememoración de las violencias y la esperanza de ser salvada por el imaginario de una misma y el afecto colectivo de la amistad. A veces se hacen exposiciones con amor, responsabilidad y confianza, desde la vulnerabilidad y la duda para con lxs otros, no desde el ego. Un momento de excepcionalidad en que el arte se vuelve no sólo imagen sino un espacio aparte. Tal vez es mucho decir, pero en una cancha de squash en Cuernavaca atravesé la experiencia de un lugar del arte que hace mucho no experimentaba, donde pensamiento, técnica, fiesta, cuidado e historia coinciden en un sentido ritual.
Zyanya Arellano se inventa –porque según ella es unx inventadx –la exhibición: One bed, eight dreams and thirty friends en Margarita 54 inaugurada el pasado 28 de agosto. Es su proyecto de titulación cuyo acompañamiento académico lo hace Daniel Montero. En la exhibición se muestra la evolución material de un proceso y la obra oscila entre lo teórico, íntimo y la experimentación artística de resoluciones de una idea. Un laboratorio donde se puede bailar, porque el arte de Zyanya es difícil que se conciba sin el elemento corporal del festejo y el goce, pese a los fantasmas. Aquél 28 de agosto llegué al lugar de la eterna primavera incentivado por conocer una nueva movida del arte morelense y la posibilidad de ver físicamente lo que para mi es una movida de internet: lxs funharte, unx colectivx con presencia en las redes sociales que en diálogo con ideas de arte, la cultura popular y el juego crean videos críticos y graciosos. Llegué como un foráneo llevado por amigas de amigas al cuarto de Zyanya donde todas se maquillaban, me maquillaron, para poder entrar a la exposición. Hubo muchos rituales previos. One bed, eight dreams and thirty friends no era sólo una exposición. Era casi un examen profesional, una lectura en voz alta del diario personal, una reunión de amigas, una comida, una pijamada, un acontecimiento. Todo tenía que salir perfecto. Eramos pocxs, casi todos se conocían pero nos debíamos de conocer todxs al menos un poco para entrar. Extender la amistad era necesario para atravesar la experiencia de la exposición. Entonces como nuevo ciclo escolar cada una se presentó: nombre, qué estudiaste, qué te hubiera gustado estudiar, signo zodiacal, sus ascendentes y color favorito. En una torpeza instrumental dije que me gustaría ser economista y que era Virgo ascendente Acuario. Al parecer está súper mal ser Virgo ascendente Acuario, y los economistas son red flag, pero como amante del amarillo se extendió una pequeña complicidad. Riendo y vestidas salimos del cuarto hacia la exposición que está en la cancha de squash a una cuadra de la casa de la artista. Como hombre me tocó cargar la garrafa de agua de jamaica. Lo anoto porque los discursos se fugan en los pequeños gestos. Todas en la puerta. Todas tomando agua. Nadie podría entrar. Zyanya estaba nerviosa terminando detalles. ¿Qué falta? Sólo es una expo, se decía. Te queremos, Zyan, ya estamos aquí. No pasa a mayores. Pero insistió en terminar algo, prepar la experiencia. En ese momento comenzó a sonar música. No cualquier música. Sonaba Trois Gymnopédies de Erik Satie.
Lo primero que vi al entrar a la derecha fue una pieza enorme, ¿un cuadro? que con tela de peluche rosa tiene escrito: “Es 2021, y sueño que duermo acompañada de mis amigas”. Como es un una cancha de squash es un cubo blanco, muy blanco, muy cubo. Todas ahí caminamos rodeando la expo, tomando fotos, rebotando en las cuatro paredes. Al centro estaba la cama de Zyanya convertida en una casa. Dentro de la cama había piezas de sus amigxs a quienes les solicitó un objeto con el que ellas la cuidarían o les gustaría que acompañara a Zyanya en su cama. Un furby humanoide con espada quien es el guardia, un collar de plástico, un video, imágenes, un peluche pesado. De Erik Satie se pasó a Ya no te hago falta de Sen Serna, Fanática de lo Sensual de Plan B, Por ti de Óscar Chavez. Cada canción correspondía a una serie de dibujos ubicados tal mosaico junto a una cama de juguete en miniatura sostenida en una repisa, en correlato a un evento traumático o memorable en la cama: juguetes sexuales, el libro Temporada de huracanes de Fernanda Melchor, infidelidades, dildos, mensajes de reclamo, llanto, espejos. En esa pieza intermedial que es mosaico y diario, comencé a sentir el nivel de intimidad que estaba expuesta en ese espacio. (Pueden acceder al sountrack acá https://open.spotify.com/playlist/2UPbIaaD5TWK1LCbwjg2df?si=5b68f7ace3b24afd )
La siguiente pieza era un comic cuya función es ser el marco narrativo de todas las obras. En él se explicita el proceso, la tesis, los miedos, la culpable de la propia sexualidad, creer ser zorra, zorrisima, tener miedo, sostenerse en las amigas. Recuerdo que cuando pasábamos por el comic cambiábamos. Sentíamos que estábamos ahí para resguardar un secreto, para acompañar a Zyanya. Sus amigas eran cómplices desde antes, pero ver la obra expuesta cambia algo. Luego grabaron Tiktoks y al ritmo de Zorra de Bad Gyal el espacio expositivo se difuminó en un bacanal con pizza de chocolate, agua de jamaica, cerveza, whisky, pláticas de nuevos materialismos y materia vibrante, anhelos de juventud, confesiones amorosas, botella: verdad o beso, besos no de tres porque es un número pequeño y perreo. No fue una fiesta, era un proceso suavecito para experimentar One bed, eight dreams and thirty Friends. En algún punto dejé de bailar y me quedé frente al bordado del fantasma de Raquel Tibol que acecha a Zyanya y pensaba que sí, que así se siente el psicoanálisis. Una serie de cuerpos rodeados de muchas ventanas que son recuerdos, imágenes fijas, otras borrosas, posibilidades, anhelos y deseo. Estábamos dentro de un duelo de Zyanya Arellano, dentro de una pieza de arte homenajeando y sanando una cama. Porque el inconsciente es una fantasía colectiva. Quizá la forma del cuidado y el peluche como mediación del arte existe desde antaño y One bed, eight dreams and thirty Friends sólo es parte de una tendencia que escapa de los circuitos blancos del arte contemporáneo pero resiste en la periferia. Pienso que esa exposición tende muchos puentes.
Hay una faceta de la profesión del curador de arte que no es mantener el canon a partir de la relectura del archivo o la mera colocación de cosas e imágenes en el espacio. Esta toma la forma de psicoanalista, chamán, confidente y analista político. Es tender un dialogar con aquello que rebasa el régimen de visibilidad: fantasmas, deseos de la época, miedos colectivos y complicidades que se dan en el trato íntimo. Maternar exhibida actualmente en el MUAC curada por Helena Chavez McGregor más que un archivo enorme es una política de una idea, por ejemplo. Llama la atención, aunque no extraña, que este modo de curar sea marcadamente feminista. Pues desde ahí es que se producen las rupturas críticas que no temen meter el cuerpo para producir, aunque sea por un instante, otras formas de relación entre lo que existe. Maternar un delfin, amar en una pieza de arte, que tu papá patrocine peluche rosa para conllevar tus traumas y que tu mamá haga agua de sabor para tus amigos. ¿Qué hace posible eso? Una modulación institucional diferente. La artista dijo, festejó, que su exposición era completamente sin institución. Pero mi marxista salió y dijo: la primera institución es la familia LOL y Zyanya hizo cara como de “OMG sí, chale”. Entonces reparamos en esa institución que no es señalada, esa mano invisible que posibilita toda la escena y de la que no se habla: la familia. El arte joven clasemediero muchas veces es sostenido por la familia de manera derivada; el dinero para los transportes, la casa, materiales escolares que pueden ser arte. Se da por sentado y no se habla de eso. En el caso de Zyanya sucede distinto. Ella hace evidente esta relación aunque en principio no la nombrara institución pero no invisibiliza esa fuente. Hace a su familia parte de la exposición, asistentes de museografía, diseño y logística del evento. Algunxs nos preguntamos qué pensará su papá, especialmente su papá de que su hija haga este arte tan cerca del espacio familiar. “Si a mi me violentara un novio no querría que mi papá lo supiera tan de tajo y en una expo en su casa”, pensamos. Por lo general se procura mantener una distancia entre el psicoanalista, el chisme con les amigues, la tesis y por otro la institución familiar. Extrañamente One bed, eight dreams and thirty friends junta esos enunciados y espacios, hace de la vulnerabilidad, la inseguridad y los miedos, una fuerza colectiva. Arte hiperpersonal que lejos de producir FOMO entabla un diálogo, hace cómplices y muestra sentimientos generacionales a partir de una sensibilidad nueva. El peluche, el bordado, el comic, el diario y el playlist de desamor se vuelven el medio de la estética del cuidado afectivo. Si algo hace esta exposición es que quien la vea se sienta acompañado, conozca o no a Zyanya, haya sufrido abuso o le genere alguna identificación particular, sepa que ahí puede permitirse sentir. Esta nueva sensibilidad es expansiva, alegre, triste, honesta, cuidada y felpuda.
A Arellano le pregunte si su exposición funcionaría sin ella ahí. Eso me preocupo ya que, siento -porque así la viví- que sin ella se perdería parte de la experiencia. Aunque me fascinó vivirla, algo se fugaría sin todo el mecanismo afectivo. La exposición no tiene texto de sala, tiene un entramado complejo de narraciones internas entre las piezas que permiten seguir las pistas y entrar. Sabremos esto cuando llegue a CDMX en los próximos meses y funcione como exposicón ya sin la familia, sin la intimidad de su cuarto y el contexto del cual parte. Me pregunto si ella volvería a dormir en esa cama una vez que termine la expo o si ya se liberó de esa historia material a través del proceso artístico. Cargar una cama pesa, su historia y su volumen. Me queda una frase dicha ese día que me permite seguir el arte se Zyanya y la estética que construye con sus amigas: “Ser sensible es muy pesado”.





