05 Suerte
Hay emociones que agobian, sentimientos que nublan los más lúcidos pensamientos, como también hay acciones que saturan los sentidos; la mente de Celia era una hoja en blanco dispuesta a escribir los nuevos recuerdos en su memoria. Luego de haber compartido con Aurora una noche en el hotel Excélsior, la escritora se tumbó sobre su cama en la residencia Silva, incrédula de haber experimentado lo vivido y con las emociones a flor de piel.
Últimamente la casa de las Silva era muy tranquila, poco o casi nulo era el ruido que se daba por ahí, así que Celia tenía el ambiente preciso para poder poner orden a sus ideas; no daba crédito a lo sucedido, era un continuo éxtasis -he estado con una mujer- murmuró muy bajo y lento como si quisiese comprender el momento más erótico que haya vivido nunca. Sonrió satisfecha y cerró los ojos conforme llevaba sus manos hacia el pecho como quien trata de contener el desborde de emociones, se quedó inmóvil sobre la cama deseando estar rodeada de Aurora.
Detrás de sus párpados comenzaron a dibujarse las suaves caricias, se estremeció y repasó uno a uno los besos que cubrieron su cuerpo. Cerró fuertemente los puños de sus manos como si en el recuerdo se aferrase fuertemente a la espalda desnuda de Aurora, reconstruyó el rose de sus cuerpos, uno sobre otro entre vaivenes de placer. La Silva, sonrojada y excitada nuevamente de sólo pensar sobre la noche en que intimó por primera vez con Aurora no quería abrir los ojos para no olvidar ningún detalle. Recordó haberle besado hasta que se le secaron los labios; soltó una apenada risa mientras se cubría el rostro con las manos, pensó en el momento que quiso asumir control sin saber exactamente qué hacer y cómo Aurora tomó delicadamente sus manos para guiar el camino.
Pasó la lengua por sus labios y mordió ligeramente el inferior, su propia humedad le recordó cómo los húmedos labios de la enfermera besaban su cuello y bajaban por la clavícula; ese momento justo después de haberle desabotonado la blusa. Ya antes se habían besado, pero no con la vehemencia qué experimentó, entre el nerviosismo y no creer tener la suerte de estar con ella, Celia se entregó a la pasión de su propio deseo por explorar el cuerpo una mujer a la que admiraba tanto. Resonó cómo Aurora le dijo "tranquila" luego de haberle serenado del sobresalto provocado por un ruido en el pasillo, en ese momento Celia confió ciegamente y ambas fueron hacia la cama para continuar la danza de besos y caricias, fundieron sus cuerpos en uno, aferrada la una de la otra en la desnudes no sólo del cuerpo sino del alma.
Un suspiro le robó el aliento e hizo que Celia abriera los ojos, se incorporó y no pudo contener un par de lágrimas que rodaron por sus mejillas, cómo era posible haber coincidido con otra mujer que le correspondía y complementaba de tal manera. La Silva no creía su fortuna, aquella enfermera que le sostenía entre sus brazos luego de cada sesión electro convulsiva, le enseñó que la compasión mucho tiene en común con la fortaleza. Aurora no sólo le demostraba las diversas maneras de fortalecerse, sino que le brindaba la oportunidad de presentarse vulnerable lejos de ser una víctima de las circunstancias, se presentaba literalmente desnuda, libre y segura de querer pasar el resto de sus días con ella.
-Señorita Celia? -Llamó Doña Rosalía rompiendo la armonía del recuerdo de las caricias de Aurora. Paso sus manos rápidamente para disimular aquellas lágrimas que habían pasado por su rostro y contestó -Adelante Rosalía. -Señorita... está usted bien? -Si, qué pasa?-Le busca la señorita Aurora-Hágale pasar por favor. -Enseguida.Celia había olvidado por completo la clase que tenía con la sobrina de la enfermera, y pronta abrió un par de libros sobre su escritorio. Aurora llamaba a la puerta y la Silva le invitó a pasar, despidió a Rosalía y aliviada cerró la puerta. -Aurora! Justo pensaba en ti, ha venido tu sobrina?-No, sólo he venido yo para avisarte que...-Qué suerte! -Suspiró Celia acercándose para abrazar a Aurora quien le correspondió con un fuerte abrazo diciendo -Suerte la mía de haberte tenido en mis brazos por primera vez. -Shh! -Celia posó su dedo índice para acallar a la enfermera mientras le besaba tiernamente, pensaba en todas esas historias que había leído de amores no correspondidos, tormentos de relaciones imposibles, y cómo incluso entre sus hermanas, el amor parecía burlarse de todas. Sus ojos se le llenaron de lágrimas y entre besos ahogados, con el rostro de Aurora entre sus manos pronunció un casi inaudible -Te quiero!
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Y sigo utilizando los bellos gifs de @memoriesofalesbian, thank you so much once again and always!














