LOUTA en el Teatro Vórterix: ponetelo bien, patea el tablero
En la primera de sus dos funciones agotadas en el Teatro Vórterix, LOUTA dio el salto definitivo hacia el mainstream. Sostener que el suyo fue el show nacional del año no es suficiente para explicar el crecimiento exponencial de un fenómeno que no conoce ni de límites ni prejuicios a la hora de pararse sobre el escenario. Crónica de una noche muy crocante.
En una entrevista reciente, Jaime James se refirió a dos cuestiones esenciales para su muy buen presente: primero, puso en duda la existencia del llamado underground dentro de la escena musical contemporánea; segundo, afirmó no tenerle miedo a los desafíos sonoros, creativos y estructurales que plantea el inminente crecimiento de su proyecto. Dos cuestiones que se pudieron comprobar durante la función de la pasada noche de jueves en el Teatro Vórterix, una que será recordada como el día en el que –de la mano del mejor show nacional del año– LOUTA se convirtió en un fenómeno mainstream de manera definitiva.
La excusa para celebrar en el recinto de Colegiales fue la presentación oficial de su segundo disco, ENCHASTRE (2018), con el detalle de que las dos funciones anunciadas estaban completamente agotadas. No le faltaba mucho para dar el gran salto a uno de los grandes protagonistas de nuestra música, ya que sus espectáculos siempre le dieron sentido absoluto a esa misma palabra. Pero esta vez, a la evolución que se venía notando en la previa a la salida del disco, LOUTA le agregó a su performance muchísima más audacia (tanto visual como musical) para conseguir estar por completo a la altura de lo que siempre prometió.
Con el lugar sumido en la oscuridad, luego de una previa bien tanguera –la intervención de cada rincón del recinto de Colegiales fue un detalle sutil–, la ansiedad terminó por carcomer los nervios de todos. Sobre las diez de la noche, el telón se abrió para empezar a sacarle todo el jugo posible a un clima tan eufórico y lleno de pasión que se acercó muchísimo al de una cancha de fútbol. Una breve introducción desde las alturas por parte de su guitarrista y baterista, a pura distorsión, hizo las veces de banda sonora perfecta para su ingreso habitual con los brazos en alto y la mirada desafiante hacia el horizonte.
Rodeado de postes de luz, emulando desde la modernidad la mítica escenografía de Singing In The Rain (filme clásico de 1952), LOUTA abrió el juego de la mano de “Todos Con El Celu”, esta vez musicalizada casi en su totalidad por los dos músicos a sus espaldas. El público coreó toda la canción de principio a fin, poniéndose a la par del frontman, algo que se repetiría en cada uno de los temas durante las casi dos horas de duración de la velada.
Mientras los bailarines caminaban como perdidos, iluminados por un rojo neón impactante, el beat de “UACHO” prendió fuego el lugar. La presencia de Marilina Bertoldi ejecutando sus líneas a la perfección le dio muchísima potencia a una de las piezas más interesantes del álbum; todo mientras dialogaba corporalmente de una manera notable con LOUTA, confirmando que el tablero –con apenas diez minutos de show– estaba pateado por completo.
“Bienvenidas las ideas raras, no les tengas miedo, no nos hacen nada aunque parezcan balas” reza una parte de la letra de “Palmeras”, pieza que tranquilamente se adapta a la definición de “trinchera” que el mismo James le dio a sus nuevas canciones hace muy poco tiempo. Un cruce eficiente con el trap que estuvo muy bien acompañado por una marea imposible de detener, derivando en una versión lo-fi de un ya clásico como “Sigo Sin Entenderte”, esta vez bajo una estética muy emparentada con los filmes románticos de los ’80.
En medio de tanta alegría, la base de “Somos Tan Intensos” no tardó en comenzar a sonar, mientras todos los bailarines lo rodeaban, intentando contenerlo en un abrazo muy bien sincronizado que se terminaría convirtiendo en una coreografía muy bien imaginada. El estallido combinó el rock pesado de Los Ángeles con el gen bailable de la electrónica francesa; el baterista enloquecido disparando cerca del público, mientras que desde el sintetizador llegaban rayos laser imposibles de divisar para el ojo humano. Una declaración de principios: que los que intentan dañar continuamente vengan sin problema, porque en el dominio propio todo se encuentra en perfecto orden y armonía.
Si hubo algo que sobresalió durante “Cuentitos” fue la capacidad de LOUTA para llevar su performance al extremo, remarcando hasta superar el límite de la exageración cada uno de sus gestos y movimientos, mientras los dos osos bolicheros bailaban a su alrededor sin parar. Luego de transformar al recinto en una rave furiosa, el clima se cortó bruscamente con un sentido abrazo entre las dos criaturas, consiguiendo que sus cabezas reflejasen toda la luz hacia el público.
Parado sobre una escalera rodeada por cajas de cartón, el líder avanzó con la oscuridad industrial de “Enchastre”, para luego aparecer delante del pesado telón y realizar una sentida interpretación de “Abrir Tu Corazón”. Mención especial para este momento, ya que es sin dudas un Lado B de “Un Lugar Adentro” en el que, sin una burbuja como protección, Jaime se entrega a la exterioridad y encuentra su verdadero hogar en el abrazo de sus fieles.
Después de tamaño golpe maestro, una criatura cubierta de rosas ingresó al son de la trompeta, preparando el ambiente para una versión de “Ayer Te Ví” –junto a la siempre dulce, imponente y precisa Zoe Gotusso– que trajo mucha azúcar a la mesa. Las nubes encendidas, el banco de plaza y el campo de girasoles fueron el marco ideal para otra de esas canciones que ya han ingresado en la lista de las preferidas por parte de sus seguidores.
Para la muy esperada “Ponételo Bien”, la banda volvió a quedar en primer plano, armando el beat en vivo con mucha pericia. No es simple salir a jugarse todo, pero mucho menos salir ganando por amplia diferencia, sensación que se acrecentó con la más veraniega y nostálgica “Puede Ser”, momento en el que el corazón del protagonista pareció abrirse sin ninguna restricción.
Lógicamente, “Un Lugar Adentro” no podía faltar, llevándose LOUTA su pequeño mundo privado al ojo del huracán, mientras desde el octapad y la programadora llegaban líneas de dialogo con el house que se suele escuchar en las sesiones de Ibiza Sunset. Un divertido medley de cumbia antecedió a la siempre elevada “Cuadradito de Prensado”, animándose el cantante a cambiar la letra durante varios tramos, dejando entrever una felicidad suprema en su rostro.
Los retoques industriales regresaron para “Félix”, derivando en una batucada que puso a todos a mover las caderas sin parar. Otra característica de LOUTA es su gusto por los cambios inesperados en lo que a ritmo y melodía refiere, algo que se notó en el posicionamiento de “Alto Uach” justo después de uno de los temas más festivos de la noche. La ovación que recibió al finalizarla fue tan grande que no pudo ocultar su emoción, reflejándose en su sonrisa una sana y lúdica ingenuidad respecto de su meteórico crecimiento profesional.
Tras algunos minutos de ausencia, regresó para jugar un poco con la gente –llegando a bajar la cabina de DJ al escenario y recordar sus años musicalizando Fuerza Bruta– y estirar el cierre todo lo posible con sus habituales mezclas de clásicos de cumbia y reggaetón. Una vez terminada “Que Bien Que Estoy”, este multifacético artista se sentó a centímetros de todos los presentes y entregó un mensaje en el que incitó al cambio real en la sociedad.
El grito por el aborto legal, seguro y gratuito se hizo escuchar muy fuerte; acto seguido, el escenario se tiñó de verde, mientras él sonreía y cantaba a la par de todo el teatro. Como es costumbre, la retirada la emprendió repitiendo una de sus canciones, siendo en esta ocasión “Palmeras” la que lo llevó a entregarse –en un gesto muy punk– a los brazos de la gente, para luego quedarse literalmente mezclado con ellos hasta que no quedó otra opción que dar por terminada la faena.
Lo que se insinuaba se ha convertido en realidad: LOUTA ya forma parte de la escena mainstream nacional. Y hay que decir que la manera en la que logró cruzar esa línea fue a través de una elogiable combinación de inteligencia, audacia e irreverencia. Su recorrido tuvo más puntos altos que bajos, algo que se debe más que nada a su sabiduría y perspicacia a la hora de potenciar al máximo todas sus virtudes escénicas. La primera de sus dos funciones sold out en el Teatro Vórterix dejó la certeza de que un nuevo techo ha sido perforado y de que, poco a poco, son cada vez menos las estrellas que quedan por ser devoradas.
Por Rodrigo López Vázquez













