Repentinamente, los sonidos de gritos y consternación de la sala pasaron de ser un sonido sordo a desvanecerse. No, no le gustaba la oscuridad y menos los lugares cerrados, tenía mala experiencia…eso, eso, le recordaba a...a...a su padre.---¡Mamá!---Golpeó la puerta de madera con puertas al estilo de persianas que le permitían ver hacia afuera, donde escuchaba los gritos de dolor de su madre. Todo parecía real, incluso le dolía allí donde su padre le había dado unos golpes antes de que su madre interviniera. ---Tengo miedo, tengo miedo...---Tenía mucho miedo y pánico.----Mi mamita...no le hagas nada, por favor...---Ese fue el momento en que a los seis años se dio cuenta de lo útil, cobarde y la molestia que su padre decía que era, porque todo esto había iniciado por su culpa. Se hizo un ovillo en suelo tapándose los oídos con las manos, los gritos, golpes y quejas sobrepasaban su propia voz con sus sollozos implícitos y el bloqueo de sus manos; así fue como sintió que el aire comenzó a faltarle, aspiro en un jadeo grotesco. Era ansiedad, reconocía esa sensación, tenía que controlarse, pero no podía.