Gritar
La cabeza me daba vueltas, mi cuerpo se sentía pesado, como cuando recién sales de una piscina, mi garganta dolía por el nudo de mis cuerdas vocales, mipecho ardía, me sentía tan fuera de mí, como si yo no fuera yo, mire mi guitarra y sentí repulsión, me asuste, no podía creer que ahora lo que amaba me provocara tanto pesar.
Sujete las púas de mi cabeza en un gesto de suma frustración y doble mis piernas conteniendo el huracán de emociones que en ese momento recorrían cada fibra de mi cuerpo, sentía enojo, miedo, rabia, ganas de llorar… sentía todo y nada a la vez.
Las últimas semanas realmente se habían convertido en una pesadilla para mí, después de ese show que montamos en el destruido teatro (el cual recién se había reinaugurado, tras la reconstrucción) conseguí lo que tanto había anhelado, una oportunidad de brillar, obtuve un contrato con una disquera y comencé a escribir la música que tanto amaba y a las personas realmente les gustaba, eso sin duda era maravilloso.
Pero en mis 19 años de vida, jamás había estado comprometida con nada, ni siquiera con el estúpido de Lance, todo era como agua para mí, solamente me dejaba llevar por la corriente nunca tuve obligaciones, ni la gente esperaba nada de mí y eso era ¡perfecto!, pero todo cambio, al principio fue genial, pero las expectativas comenzaron a abrumarme demasiado y entiendo que no es más que mi propia inmadurez, pero a veces, sólo a veces, realmente pido al cielo cerrar mis ojos y que mis latidos se pierdan en el vacío, que la gente olvide mi nombre y volverme verdaderamente ceniza.
Aunque…
No siempre era así, no, la mayor parte del tiempo puedo superarlo, puedo fingir, puedo olvidarlo, puedo controlarlo, pero otras veces simplemente la presión me quiebra, me siento derrotada y sin esperanza, justo como sucede en este instante.
Y, esos son los peores días.
Días en los que como hoy, regreso al origen de mi infierno y mi edén, el lugar que sin duda marca mi punto de inicio, el Teatro Moon.
Ya es tarde, quizás las 2 o 3 de la mañana no lo sé, simplemente llegue corriendo como otros tantos días, estoy sentada al pie del escenario, el nuevo personal ya se ha ido a casa y el lugar está completamente solo, enderezo mi cabeza y admiro la belleza del sitio que miles de veces he visto, pero eso solo logra hacer que me sienta peor, realmente sólo quiero darme por vencida.
Pero no puedo seguir así, yo sé que no soy así y conozco la forma de “repararme”
Tomo mi guitarra, tragándome las náuseas que me provoca el tocarla y subo de un salto al escenario, arrastro un amplificador y la conecto y comienzo a rasgar las cuerdas.
Las notas resuenan poderosas y poniendo en ellas todo mi sentir, comienzo a cantar, obligando a mi garganta a despertar.
“Cuando el aire se agota y te aprietan las botas de tanto andar,
Cuando la cuenta es injusta y lo que más te gusta te sabe mal,
De repente el disfraz de un soldado valiente te queda pintado
Das un paso al frente, porque son urgentes
Las cosas que siempre has callado
Y gritar y gritar y gritar
Y cederle al coraje un lugar
Y ponerle nombre al miedo
Y arrancarle un rayo al cielo, ser feliz, aunque pueda fallar
Porque un nudo en la garganta no se suelta si se aguanta
Las espinas no se deben tragar
Las palabras tienen filo y a mí nadie me ha prohibido gritar”
Esa canción que escuche cuando era muy joven, se había convertido en la voz de mi propio ser, las palabras exactas que necesitaba decir, lo que describía al dedillo mi sentir en días como hoy, mi medicina .
Pues en momentos así yo sólo quiero gritar…
Repito las estrofas una y otra vez, hasta casi quedarme sin voz, conforme cada silaba sale de mi boca, comienzo a sentirme un poco mejor, pero hay algo extraño en esta ocasión algo falta, no sé es, y tampoco sé en qué momento exactamente he comenzado a moverme por todo el escenario.
Esta es la única forma que conozco en que puedo recuperar mi espíritu.
Deslizo mis dedos por las cuerdas de la guitarra, que ahora ya no me provoca demasiada molestia, y susurro las últimas palabras, mis rodillas ceden ante el cansancio acumulado y caigo, pero no duele, ya no, miro hacia las butacas vacías y lanzo un último grito.
¿Qué es esta sensación?
No está bien.
Silencio.
El silencio es la respuesta que ya sé que vendrá después de desplegar todas mis emociones en este solitario lugar.
Pero unos aplausos me sorprenden, giro mi cabeza hacia el costado del escenario y observo una figura que conforme se va acercando va siendo más clara, unos ojos azules enjuagados en lágrimas me miran fijamente acompañados de una sonrisa ancha y brillante.
— ¡¿Moon?!— grito sorprendida y asustada — ¿Desde cuándo…?, Creí que te habías ido a casa.
Él me mira y se detiene a un par de pasos de mi cuerpo, todavía no puedo moverme.
— Discúlpame Ash, usualmente no vengo a interrumpir tus “conciertos privados” y solo me quedo a escucharlos desde lejos— me ruborizo ante tal declaración, no podía ser cierto.
— ¿Qué’…
— Bueno, uhm ¿Cómo decirlo? Vivo en la parte de arriba, así que….
— ¿Duermes en tu propia oficina?
— A decir verdad en mi escritorio… pero es solo un hábito, algo que se me quedo incluso antes de la remodelación, no es algo que haga para espiarte, quiero decir tu comenzaste a venir aquí hace apenas una par de semanas y yo ya dormía aquí desde hace años…. — dijo todo aquello tan rápido que me costó entenderlo un poco, pero eso no hizo más que aumentar la sangre en mis mejillas, ¡Dios! Creo que incluso puede verse a través de mi pelaje.
— No sigas— le imploró cubriendo mi rostro.
— Lo siento, no quiero avergonzarte, es solo que…
— ¿Estas llorando? ¿Por qué?
— He escuchado tu canción cientos de veces otros días, pero hoy, hoy sentí, que si no venía, que si no te veía, simplemente desaparecerías, sé… que suena estúpido, pero realmente pude sentir tu dolor, no sé qué te haya ocurrido últimamente para escabullirte aquí cada noche y hacer esto, pero hoy simplemente fue diferente…
Y él hizo algo extraño, me abrazo.
Me abrazo con mucha delicadeza pero al mismo tiempo con fuerza, como si realmente cada palabra que había dicho la creyera, me sostuvo entre sus brazos como si yo ciertamente fuese a desaparecer y él quisiera evitarlo aferrándose a mí.
Qué situación tan extraña.
Él me hacía sentir extraña.
— Eres…
— ¿Raro? Si, lo se….
— Moon…
El vacío en mi pecho estaba comenzando a ser llenado por la calidez de ese koala.
No entiendo.
¿Por qué?
¿Por qué me sentía así? Digo a pesar de que en estos últimos meses Moon se ha convertido en un amigo muy importante, igual que todos los demás a quienes conocí en el “concurso”.
Tan solo podía pensar una cosa.
Buster Moon, era el animal más extraño que he conocido en mi corta existencia.
Pero supongo que de alguna manera entiendo que quiere decir él, yo tambien lo sentí, sentí que esta vez yo no podría continuar sola.
Le devuelvo el abrazo con las fuerzas que recién estoy recuperando.
— Todo estará bien, Ash…
— Gracias Moon…— sonrió apenas un poco.
Si, definitivamente necesitaba algo así.
Necesitaba que alguien me dijera esas simples palabras.
Y que fuese ese Koala cuarentón de optimismo desbordante, que una vez había tocado fondo y se había dejado vencer, quien lo hubiese dicho, sin duda alguna era lo mejor del mundo.
Claro que no es algo que vaya a gritar a los cuatro vientos.
Pero si lo recordaría eternamente.
— ¿Moon, ya puedes soltarme?
— Oh si, lo siento, probablemente es desagradable para una adolescente que un viejo la abrace…
— No es eso, es que la guitarra se me está incrustando en las costillas…
— Perdón, no me fije, yo…
— Está bien, ya deja de decir lo siento caray— me rio y lo miro fijamente, levanto mi mano y limpio las lágrimas que aun ruedan por sus mejillas grisáceas— supongo que ustedes los viejos son muy sentimentales…
— Si… — él ríe y se rasca la nuca apenado.
Supongo que mis gritos llegaron finalmente a los oídos correctos.
— Por cierto ¿Quieres quedarte a desayunar? — me pregunta ayudándome a levantarme.
— Claro... y lo siento por invadir propiedad privada.
— Puedes venir cuando quieras y gritar y cantar todo lo que quieras…
— Gracias Moon.
Fin.
Un fic que nacio en un momemento de desesperacion creativa, espero que les guste la cancion es de Luis fonsi.












