ㅤㅤ#l.ove ( 𝟏4/02 )〻𝚞𝚙:𝗱𝗮𝘁𝗲 % 𓈀
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— Oh, ya están alquilando algunos. Esto va algo rápido.
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matthew
12:04 marcaba el reloj y ni un solo bocadillo en su estómago por el momento, errores humanos que le impidieron completar sus tareas al despertar y que ahora debía pagar. En ese lapso recordó una pequeña cafetería entre el camino de la universidad hasta el trabajo jamás le había dado una oportunidad hasta ahora, sobre todo por el aroma que desprendía a su exterior. No era fanático del café pero ahora le apetecía más que nada en el mundo.
Así que con ello se adentró a el lugar, caminando en silencio hasta la barra, pasando sus dedos suavemente por la madera del lugar, pequeños pero inaudibles golpecitos que le servían para distraerse.
── Buenas tardes, lamento si interrumpo. ──
Murmuró, no tan alto para llamar la atención de más de uno pero tampoco tan bajo para pasar desapercibido.
‧₊˚ 𝒍𝒂,,𝒕𝒆_𝒏𝒊*𝒈𝒉𝒕 ⊱ 🍾
ƃuɐıx
Uno a uno el personal cesaba cada labor asignada entre cotilleos, posiblemente la sorpresa de la exigencia del mismo CEO con un actor más para un evento desconocido, pero como si un acto de magia se tratara apenas el reloj marcaba las 8 en punto todos guardaban silencio, sistemáticamente cual seres programados se alejaban. Maquillaje, cabello impecable, traje listo para ser utilizado y lo único que faltaba era que el mismo Ziwen se vistiera con las prendas superiores, todo al pie de la letra, con las debidas órdenes cumplidas ante la pequeña particularidad de lo estrictamente prohibido que era cubrir los lunares del modelo, llámese capricho personal o no, si iba a acompañarle sería bajo sus propios métodos.
Ante el camerino sin un solo empleado más, la puerta fue clausurada por propia mano, pasos propios lograron guiarse ante la figura del actor, en silencio y culminando hasta su espaldas, con expresión carente que ocultaba los verdaderos motivos de lo que aquella velada podría deparar.
— No pienses que me he olvidado de ti, hay algo que debes tener antes, “pup” — musitó, primera ocasión que voz propia se escuchaba, la falsa serenidad reflejada en cada vocablo. Una pequeña pausa en su oración para tomar del bolsillo del saco algo que a simple vista parecía la particular caja de joyería, para el instante en que debía abrirse se apreciara un collar con la última palabra dicha escrita, rodeando el cuello del más joven, extendiéndolo cual orgulloso ser para que admire frente al enorme espejo lo bien que podía lucir aquella ostentosa pieza en él, sin preguntar siquiera ya había tomado la libertad de colocárselo. — También quiero hacer las cosas a mi manera, ¿Puedes observar lo bien que luces? Eres de mi propiedad, quieras o no. —
⿻🎐こと座´ 𝕗𝕖𝕤𝕥𝕚𝕧𝕒𝕝
ıɥsuǝʞ
— General mayor Zhizhen de Yunmeng.—
Proclamó, su voz en un tono suave mientras llevaba ambas manos delante de su cuerpo, haciendo una notoria reverencia que parecía más una disculpa, agradeciendo la poca luz del exterior para no tener que verle directamente al rostro.
— Hay... una posada a pocos pasos aquí para que no deba regresar tan noche a Yunmeng, he encargado una buena taza de té y alimentos. Si gusta acompañarme, estaré agradecido.—
⿻🧧婚礼
El instituto Epiphany había realizado una fiesta de cumpleaños para el peculiar fantasma, 29 de Agosto fue el día determinado entre la ambientación propia de un festival japonés. No era la excepción que dentro de aquello todos estuvieran usando ropa tradicional, y aquella pareja no era la excepción, aunque muy a su manera por un juego de hanfu con el color rojo siendo el que predominara.
— Deberíamos buscar un santuario para que hagamos las reverencias.
— El jardín es enorme, estoy seguro que podremos encontrar algo lo suficientemente parecido.
— El jardín tiene lugares precioso, recuerdo que en tu casa había un altar en el jardín así que no nos costará nada hacerlo. ¿Vamos a buscarlo entonces? — Extiende su mano con el propósito de que el menor pueda sostenerla y así puedan caminar en búsqueda de aquel lugar, su lugar.
— Cierto, pero el jardín de aquí es diferente, aunque más grande. Vamos, estoy seguro que un altar será suficiente. — entrelaza su mano con la adversa, apretujando un poco para seguirle en el camino. Deseaba con todas sus fuerzas encontrarlo, no estaba preparado con sus rezos, tampoco sus votos, pero ya se habían dedicado tanto amor que parecía lo más correcto. No tendría ninguna validez social, pero si espiritual para ambas parte.
— Cualquier lugar será indicado, no te sientas presionado por ello.— Entrelazó el agarre de su mano junto a la ajena, la punta de sus dedos se dedicaban a acariciar, con parsimonia y dulzura. Aunque para es momento ya debió de notarse lo frío que su tacto se había vuelto a causa de sus nervios. Pero bastaba de observar aquel rostro que tanto quería para confirmar una y mil veces que eso era lo que su corazón deseaba. Que no necesitaba nada ni nadie más ante esa ceremonia tan personal. ¿Tenía preparados sus votos o algunas palabras? No, en definitiva no pero dejaría que sus labios y corazón hablaran cuando el momento indicado llegará. A la lejania visualizo algo similar a un altar, era pequeño, más allá de las estatuas de ángeles que decoraban el jardín, y del cual señaló a su acompañante. — ¿Ahí parece lindo, Otto? —
Podía sentir la frialdad sobre la piel, pero compartía la sensación. Su relación estaba entablada en años, la desmedida pasión del romance era nueva, pero el deseo siempre estuvo en él. Qué podría querer más que volverlo tangible y emitirlo, compartirlo únicamente con el mayor. El destino nuevamente les regalo una sorpresa, le extraño que la última vez que lo visitaron no lo visualizo, pero quién era él para cuestionar la suerte. — Es perfecto, vamos, lâo gōng. — lo dirigió hasta llegar al altar. Lo analizo durante segundos, asegurándose de que en verdad fuera un lugar indicado; así lo fue. Inhaló aire, intentando sosegarse. Podrían llamarlo ímpetu juvenil, pero la ansiedad lo consumía de a poco junto con el anhelo. Se alejó de él, sólo centímetros para estar en frente. — Sé que esto es simbólico, pero lo quiero tanto, admitió, con la reputación sostenida e hizo una reverencia ante el mayor y se arrodilló enseguida. No era especialista en esto, pero tiene recuerdos borrosos. — Acompáñame, Keishi. — ofreció junto con sus manos, esperando que tomara la misma posición que él
Era un alivio y fortuna darse cuenta que la fría sensación en su piel también era algo que compartían. Los nervios del amor juvenil que se presentaba le hacían suspirar, su vida humana se vio representado con varios momentos invadidos de una abrumadora pero esperanzadora, sensación de nervios, pero ni uno solo se comparaba a el de aquel instante y lo que Zheng causaba ahora. Con sus pasos siendo guiados hasta aquel altar se permitió tomar aire profundamente, mirada dirigida a sus propios trajes, y después a ese altar que nada de malo tendría pues era uno personal que había preparado para sus ancestros y los del más joven de los Qian siguiendo las normativas chinas. Y que ahora sería testigo de su unión espiritual. Cuando el castaño se acercó a indicarle que todo estaba en orden, sonrió imitando sus acciones al hacer una reverencia, y arrodillarse frente a aquel sagrado espacio. — Es simbólico, pero marcará una pauta en mi existencia. No podría ser más feliz de que sea así y que sea contigo.— Dedicó una mirada a su futuro compañero de vida, con su rostro prácticamente inmerso en el calor de sus mejillas sonrojadas. ¿Cuántas veces le había visto así? Y sin embargo cada una tenía un contexto diferente. — Se... harán tres reverencias. La primera ante el cielo y la tierra, la segunda reverencia ante los padres o ancestros y la tercera reverencia entre nosotros... eso, había leído eso sobre una ceremonia china.— Su voz repleta del nerviosismo del momento, con un mar de emociones chocando en su interior pero todas, absolutamente todas positivas. — Entonces... ¿A la cuenta de tres?
Escuchó las indicaciones, pero estaba prestando más atención al tono en el que fueron emitidas. No quería pensar demasiado, pero era inevitable. El reconocimiento de sus sentimientos lo tenía cálido y su corazón se hinchó de amor. También quería agradecer por compartir con él parte de sus tradiciones y aceptarlas con tanta naturalidad. No tenía una forma de demostrarle toda su adoración, y sólo puede rezar a que esto lo haga. — Estoy listo, a la cuenta de tres. — Sonrió hacia el mayor, intentando de transmitirle un poco de la calma que carecía, pero lograba tener en su semblante. Se levantó nuevamente junto con el mayor, respiro hondamente antes de empezar. Al no tener quien los dirigiera, comenzó rindiéndole respeto a su compañero, haciendo una reverencia profunda hacia él. Si pudiera detenerse a pensar y hablar, podría dedicarle toda su admiración y sujeción que le tiene. Considera que los votos occidentales son más presentes, pero los que presencial ahora tenían un nivel espiritual más profunda. Lentamente regreso a su posición erguida, sin separar sus manos.
El momento en que Zheng le sonreía parecía que cualquier circunstancia o nervios irracionales desaparecían, para verse invadido ante el calor y dulzura de su expresión. ¿Cómo era posible que entre tantas circunstancias y destinos ese par de hermosos ojos le observaban repletos de devoción? ¿Cuál afortunado era él por coincidir en aquel destino caprichoso que seguramente les volvía a unir? Afortunado era poco comparado con el sentimiento en su interior. Observando la profunda reverencia que recibía y dándole su tiempo para actuar le siguió, de igual manera, no lo decían sus labios pero aquel momento agradeció a todas las circunstancias que les hicieron encontrarse, a tanta deidad fuera necesaria e incluso al mismo universo por tener a tal hombre frente a él en aquel paso que cambiarían sus vidas. Así que guiando al más alto le indicó en que debían estar de rodillas delante al altar una vez más, sujetando su mano por breves momentos para dar frente a aquel simbólico lugar. — Primero, agradeceremos al cielo y a la tierra por permitir el encuentro de nuestras almas y vida, ellos hicieron posible que nuestro camino se cruzara y a partir de este momento se volviera uno solo.— Comentó con un tono más suave de voz, a falta de alguien más que pudiera dirigir aquella ceremonia el mismo fantasma intervendría para las acciones del momento. Así que esperando una señal afirmativa adversa apoyó firmemente sus piernas en el suelo, inclinó su cuerpo con las palmas como soporte y su frente casi pegada al mismo.
En medio de su ambigüedad de sensaciones, el afecto predominaba. Lo tenía más que conquistado, dispuesto a lo que fuera. No era la cúspide de su romance, estaba muy lejos de serlo, el destino se encargaría de presentarles más sorpresas. Mientras tanto, ésta era muy grata. Asintió en reconocimiento a sus palabras, también agradeciendo a quienes les permitían estar presentes e hilaron sus almas para encontrarse nuevamente. La singularidad de su encuentro lo seguía sorprendiéndolo, cada momento lo llevó a estar aquí junto con el mayor, por tanto respeta a las fuerzas que se encargaron de crearlo. Imitó las acciones adversas, quedándose ahí durante algunos instantes. Enseguida le tocaría anunciar la segunda reverencia, nervioso regreso a la posición en la que estaban nuevamente. Respiro hondo, buscando las palabras — Agradecemos a nuestros ancestros, ellos que son testigos del amor que profesamos, nos bendigan con su aprobación y recen por la felicidad. En cambio, prometemos hónralos con nuestra unión y venerarlos en conjunto. Habló tono bajo, con toda la autoridad que le merecían. Espera no ofenderlo con la apresurada unión. Repitió nuevamente la reverencia, siguiendo los pasos anteriormente usados, con su frente casi tocando el suelo.
En su interior sabía que los ancestros eran seres sabios, que sabía que a pesar de lo inesperada que podría resultar la unión entre ambos ellos estarían contentos por el camino y vidas que tuvieron que pasar antes de llegar a aquel punto, pues al estar más cercanos al mundo sobrenatural seguro sabrían de todas esas vidas que pasaron antes de toparse a la de ahora. Eran sabios, sin duda alguna. Así que retomando la reverencia prolongada lo hizo después de aquellas palabras, un nudo suave en su garganta se presentó y podría jurar que su ojo se encontraba húmedo, Keishi era sentimental por naturaleza y el escuchar aquellas palabras de viva voz llenaba su pecho de felicidad ilimitada. Oh los ancestros de ambos estarían juntos ahora también. Su espalda se colocó firme una vez más, ambas manos que reposaban por sus muslos pasaron a dar pequeños golpecitos sobre estos, tras un pequeño suspiro levantó su mirada al altar, un segundo antes de observar a Zheng a su costado, sonriendo al borde de las lágrimas por la emoción a flor de piel, pero era necesario. — Una reverencia más, por nosotros que nada nos falte tras tener al: cielo, la tierra, la luna, múltiples estrellas, nuestros ancestros y sobretodo al otro como testigo de esta unión. Yo Keishi Ryūji prometo estar contigo por toda mi eternidad concedida como fantasma, en esta vida y en la otra como Altair y Vega, siendo igual de eternos pero estando juntos día a día. Prometo entregarte todo de mí momento a momento, pues ya te convertiste en una adoración digna de celebrar sin importar la hora o lugar. Estar contigo más allá de lo bueno y lo malo, desear orientarte cuidarte, buscar el bienestar entre ambos, y enfrentar la vida juntos. Prometo... quererte, quererte, adorarte y amarte cada día.— Hizo una pequeña pausa para tomar aire, las lágrimas que desbordaban por su mejilla eran constantes al punto de que nublaban su visión pero se mantenía con ese esfuerzo por seguir, con esa sonrisa que siempre le caracterizaba a pesar de limpiar rápidamente su rostro con la manga de su tradicional vestimenta. — Y más cosas que ahora no puedo recordar bien pues los nervios me hacen mal... pero, estoy muy seguro de la decisión que hoy tomé, quiero que sepas que eres lo más precioso que existe, lo mucho que te adoro y sobretodo que me alegra el reencontrarme en esta vida contigo.—
Ansiaba oírlo recitar sus votos. No sería la primera vez que se declaran amor, pero sí la más formal y aquello lo tenía nervioso por la intimidad. Lo observó con preocupación, oscilando en acercarse para consolarlo, pero se limitó a escucharle únicamente. Keishi es (será) el alma más romántica que conoce, él único que logra hacerle suspirar por su amor, el como lo interpreta y todas sus demostraciones. La aflicción por no poder besarlo se peleaba internamente con su ambición de permanecer inmóvil para seguir apreciándolo. Adoraba su espíritu amante, la gentileza con la que siempre habla y la dedicación que le brinda siempre. Evitó llorar, pero un sollozó salió junto con un par más, ríe bajo; por su felicidad, por la debilidad y todo lo que le evoca. Dejó de limitarse y rompió el ritual para tomarlo del rostro con delicadeza, limpiando las lágrimas errantes con sus pulgares, sonriéndole con sinceridad. Quería agradecerle tan mal, fue la declaración más hermosa que alguna vez oyó y jamás hubiera creído que sería para él — Una reverencia más por nosotros y nuestro amor; por la enorme devoción que te tengo y toda la sujeción que mi eternidad me permita tenerte. Yo, Qian Zheng, prometo velar por tu alma, cuidar de ti y tu felicidad, volverte mi prioridad ante todas las cosas. Prometo regalarte todas mis alegrías, mi tiempo y mi espacio. Compartir contigo cada dicha, aunque la mayoría provienen de ti. — En el éxtasis de su confesión, comenzó a sentir su rostro húmedo, producto de sus mismas lagrimas pero las ignoro para continuar, después se encargaría de eso. — Por lo tanto, quiero festejar nuestra unión en está ceremonia. Deseo ser tuyo y tú seas mió. Quiero comenzar a llamarte mi compañero de mi vida, mi pareja eterna si lo permites. — terminó con un nudo en la garganta, inseguro de haber expresado tanta sinceridad, pero lo merece.
No era ningún inconveniente el realizar una pausa en aquella ceremonia si podía dedicarse a apreciar el rostro adverso junto a la calidez de sus palabras, ese tacto que ya no era frío como minutos atrás, ahora era dulce y cálido, como siempre resultaba todo lo que Zheng hacía y como se mostró ante sus palabras, cada una de ellas estaba repleta de cariño y sinceridad, podía sentir en ellas todo ese cúmulo de emociones positivas a raíz de aquel momento. Era tan precioso saber que sus sentimientos eran mutuos, que no existía fin en el cariño ni mucho menos fin a la promesa. Apenas observó una lágrima recorrer el pómulo del castaño elevó su diestra para limpiarla entre una sonrisa. Aún cuando el tampoco podía dejar atrás sus emociones, tomando aire y riendo nervioso ante la escena. Una preciosa pues ambos mostraban la desnudez de sus acciones. Finalizando aquellas palabras se vio en la necesidad de observarle, de buscar a tientas su diestra para sostenerla, entrelazando sus dedos como ya familiar costumbre. — Te lo permito, así como también yo lo haré. Seré tuyo y tú serás mío. A partir de ahora somos compañeros de vida y pareja eterna.— Estaba a nada de ir a dejarle un beso en sus labios pero recordó que faltaba algo más antes de; así que apartando gentilmente aquella mano le hizo una pequeña señal. Apoyó sus palmas en el suelo y esperó la sincronía de su acompañante para que al mismo tiempo se efectuará la reverencia. A partir de ese instante, siguiendo las tradiciones chinas y ante todo lo que existía a su alrededor, se habían convertido en esposos. Sintiendo que su pecho podría estallar en cualquier momento ante la alegría del instante.