Bien, vamos a hacer esto --dijo para sí misma, mirando aquella bodega abandonada que había adquirido con sus ahorros de todo un año de clases particulares; haber encontrado al dueño de aquél lugar que le resultaba levemente familiar fue una suerte que Natsumi pensó que no tendría. Comenzó quitando las partes de autos con toda la fuerza con la que contaba, algunos sacándolos en brazos y otros arrastrándolos. Estaba sacando una pila de manuales viejos cuando una silueta la sorprendió--. ¡Kuso! --Soltó, dejando caer los libros y sosteniéndose de la pared, mas pudo respirar al notar que sólo se trataba de la ojiazul--. Tiff, me asustaste --sonrió a la vez que suspiraba, aliviada de que se tratase de ella y no de alguien más.















