Clamarte, llamarte y amarte es lo que quiero. Desearte, besarte, abrazarte, apasionadamente, locamente, ferozmente; cómo si quisiera comerte de un solo bocado, cómo si fueras el platillo principal, el favorito, el más exquisito, fragante y abundante.
Arder en el mismo fuego, enredados hasta quemarnos y volvernos cenizas y renacer de entre ellas para ser aves y elevarnos hasta llegar al cénit del placer en busca de lo que es la felicidad y el amor real.
Leregi Renga











