Hoy partió el Papa Francisco.
Muchos lo recordarán por las veces que se sentó con poderosos, incluso con dictadores. Otros, como el Papa más futbolero. Imagino que los migrantes tendrán su propio recuerdo de él. También los misioneros, los sacerdotes, los laicos… por su sencillez, por su forma de hablar del amor al prójimo, por acercarse al que sufre.
Todo eso salió en las noticias. Lo bueno, lo incómodo, lo polémico.
Muchos se molestaban porque cuando le pedían que hablara fuerte sobre las dictaduras, él lo hacía… pero a su manera. Con la paciencia de quien cree en las vías diplomáticas. No todos lo entendieron. Y quizás nunca sabremos cuánto dolor o cuántas gestiones silenciosas cargó sobre los hombros.
Yo no lo conocí. Y sinceramente, ¿quién soy yo para juzgarlo? pero siempre lo vi como lo que fue: cabeza de la Iglesia Católica. Un pastor con defectos, sí, como todos nosotros… pero también con bondad y valentía. Y eso no lo borra nadie. Dios mediante pronto tendremos otro Papa y seguiré viendo los Via Crucis desde Roma.
Ayer, en la misa de Resurrección, el padre decía que Jesús se reunía con todos: con fariseos, con paganos, con pecadores. Y no por eso era uno de ellos. Se reunía porque su amor no tenía fronteras. Porque el Reino no se construye con muros, sino con mesas compartidas.
Francisco eligió el camino difícil de tender puentes, hoy el mundo ha perdido a un hombre que habló mucho de misericordia. Y yo creo que el Dios en el que él creyó, lo recibe con esa misma misericordia que tanto predicó.