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Como era de esperarse, un maldito minuto y ya, resonaban esas palabras en su cabeza mostrando un signo de completa desesperación. ¿Para qué demonios querría citarlo ese tal Volka?, o Volks o el cerebrito cuyo nombre llevaba consigo un real parecido con la marca Volkswagen, ¿Quién carajo se le ocurre llamar a su hijo Volk?; Un suspiro se coló a través de sus fosas nasales, lo único digno de admirar era el campo ya vacío de americano, acompañado de un anaranjado atardecer. Después de una larga espera, el criado de Einstein se digna a aparecer. “¿Así eres de puntual en tus clases? Cerebrito”. Saluda al varón con los brazos cruzados sobre su pecho, un tanto desesperado. “¿Me dirás la razón por la cual me obligué a venir?” Finaliza mirándole de reojo, inquieto por salir de ahí.








