Tengo la sábana cubriendo mis pies, eso es cálido. De la ventana me llega una suave caricia del viento, lo que me hace sentir bien. Abajo se escucha el reloj de madera marcando las 2 a.m. ¡Plip!, ¿Se cayó algo de mi buró? Abro un ojo. Es solo el viento que movió una pluma de ahí.
Estoy tan cansada. Me giro sobre mi costado, para darle la espalda a la ventana, de pronto el aire toca mi piel y siento como mi piel se congela. ¡Rayos! Tiro de la sábana, pero está atorada, tiro más fuerte y esta vez lo siento...hay alguien tras de mí, se quien es, está sosteniendo la sábana, mi corazón palpita, no estoy sola aquí.
Dos dedos entonces tocan mi espalda están helados, húmedos y duele. -¡Volvió, volvió, está aquí!- Me digo a mis adentros tratando de fingir que estoy dormida, que lo imagino todo, qué tal vez solo sea otra más de mis pesadillas; entonces respira, tan profundo y tan ahogado, como una animal moribundo. Inhala mi aroma, exhala mi horror. Sabe que finjo y comienzo a sollozar mientras las lágrimas invaden mis mejillas de a montones. Sé a qué viene.
Lentamente voy girando para ponerme de frente, temblando, esto siempre es rápido, pasará. El posa su mano en mi pecho, sé lo que viene enseguida, jamás lo olvido. Él, eso, coloca sus dedos largos sobre mi boca y cuando lo miro, con su otra mano atraviesa mi pecho, eso me desgarra y grito con tanto dolor, pero nada se escucha, no puedo moverme, estoy sufriendo. Entonces saca su mano y lleva consigo un pedazo rojizo, carne ensangrentada y palpitante que saca de mi corazón, se lo lleva a la boca, mastica entonces y traga. Yo ya no podré moverme, el se resbala por mi cuerpo, introduciéndose debajo de la cama.
Entonces despertaré y tendré que limpiar la sangre seca de mi pecho, diciéndole al espejo, que otra vez lo soñé.