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La denuncia ciudadana, la inclusión social en la política y la acción social son temas recurrentes en varios aspectos de la vida de los mexicanos. Campañas de ‘vecino vigilante’, ‘denuncia de delitos ambientales’, ‘negocios conectados a la policía’ y demás son redes sociales físicas que conectan a diversos aspectos de la sociedad con alguna u otra autoridad para lidiar con ciudadanos en caso de que algún problema surja. En cuanto a las autoridades están siendo ellas vigiladas por otras dependencias, la voz de los ciudadanos pasa a segundo plano y es entonces momento de buscar la ‘unión dentro la fuerza’ y las campañas sociales y firmas digitales para ‘demostrar’ que hay gente interesada en luchar por sus ideales y conseguir gente que las escuche y las siga.
Por un lado están los activistas sociales en línea, que firman y pasan campanas a favor del cuidado ambiental, de la igualdad social, de la justicia, mientras que en su vida diaria hacen acciones que van en contra de las campanas que publican en redes sociales y que circulan en internet. El poder que adquieren las firmas digitales y la presencia y publicidad que les genera ya sea a favor o en contra de la campana que están promocionando depende del ámbito social al que mas afecte. En México la mayoría de las personas cuentan con acceso a internet, una alarmante proporción de la población tiene teléfonos inteligentes con navegadores de internet, abriéndoles las puertas a muchos mas conocimientos y acercando mas a la gente a este tipo de ‘poder en masa’. Es cuestión de cultura y de educación lo que puede hacer la diferencia en cuanto a campanas digitales y recolección de firmas, quienes firman pueden estar bajo presión de sus colegas en el trabajo, en la escuela, la familia que pasa la campana digital y luego pregunta, ¿por qué no has firmado? Haciendo de esta manera un efecto de bola de nieve social sin fundamentos concretos detrás de las miles de firmas, simplemente aprovechándose de la vulnerabilidad de la gente y tocando el punto exacto donde la gente responde, la presión social de sentirse escuchados en contra de algún partido político que en algún momento no cumplió todas las promesas de campaña o las reformas comentadas. Es el caso reciente en contra de un partido el cual esta siendo acusado de juntar 11 sanciones en contra de las leyes y comportamiento de los partidos políticos, pero ¿qué partido en realidad sigue las reglas al pie de la letra? Ni siquiera el partido regente, ni los otros partidos grandes y presentes históricamente en el país se pueden jactar de tener expedientes libres, entonces ¿por qué ahora que un partido esta intentando hacer la diferencia con reformas educativas, dentro del sector salud, del laboral para jóvenes, preocupándose por la ecología y la cultura ambiental y la justicia social y penal? Por miedo a que estos partidos lleguen al poder y cambien la historia de México es que se están pasando las campañas digitales mostrando ‘cuanta’ gente esta en contra de este partido, ¿pero cuánta gente detrás de las firmas puede hacer el cambio que proponen, y cuánta gente que ha firmado lo hace por convicción y no solamente para quedar bien?
Ma. José Arroyo
¿Convicción o juego de apariencias?






