Como gatos a las 5h30 de la mañana asomábamos primero las orejas para que los “vecis” (dueños de casa) no molesten al departamento del fondo de la propiedad por recibir visitas, pues la nueva normalidad del distanciamiento social nos prohíbe las reuniones.
Creativo como ninguno el maestro viejo loco del Klever prestó su casa para que escondidos del virus, de los chapas, de los papás y de los dueños de casa reactivemos el proyecto danza en tu casa. Ni bien soltaba la propuesta y ya estábamos instalando los linóleos blancos. Los pusimos desde la sala hasta el cuarto del Klever, después de algunos días puso otro linóleo en el estudio en medio de la biblioteca.
Pronto estuvimos danzando en la cocina, en la mesa de comedor, en el patio (a escondidas), en la sala, en el estudio, en la cama de la Margarita, en el techo, en las calles aledañas a San Blas. El virus no nos detuvo ni quitándonos el transporte público, empezamos a llegar en bicicleta a nuestro nuevo espacio de libertad. Danza en casa del maestro.










