Astro Dato #2
Considero que mucha influencia de piscis también otorga ojos grandes, ojos dormilones y la mirada perdida, con 3 planetas en piscis ♓ me pasa. 🥺
Tendencias astrales.🍭
seen from China

seen from Netherlands
seen from United States
seen from Brazil
seen from Brazil
seen from Brazil
seen from China
seen from Singapore
seen from United States

seen from United States
seen from Bangladesh
seen from Bangladesh
seen from Bangladesh
seen from United States

seen from Malaysia
seen from United States
seen from United States
seen from Malaysia
seen from Malaysia

seen from Brazil
Astro Dato #2
Considero que mucha influencia de piscis también otorga ojos grandes, ojos dormilones y la mirada perdida, con 3 planetas en piscis ♓ me pasa. 🥺
Tendencias astrales.🍭
Hombre LIBRA - Mujer PISCIS
Ah, sí… el tintineo de campanillas de oro. Lo oyen juntos, el hombre Libra y la chica Piscis, cuando están acurrucados y arrullándose frente al fuego crepitante en una fría noche de invierno… mientras la escarcha traza bellos grabados de cristal sobre los vidrios… en tanto la nieve cae silenciosamente, fuera, velando el resplandor amarillo de la farola. Se trata de un reconfortante cuadro de dicha, que este hombre y esta mujer han pintado fácil y despreocupadamente, porque Piscis y Libra no son en absoluto hijos «vulgares» de la Madre Tierra. Él es etéreo y soñador, está tenuemente perfumado con el sándalo de los misterios del Lejano Oriente, y sin embargo también tiene un toque del familiar encanto del pastel de manzanas y el columpio en el porche. Ella es igualmente vaporosa y soñadora, aún más soñadora que él… y tiene en los ojos el rumor de las olas que rompen mansamente en la playa. Sí, he dicho que tiene en los ojos el rumor de las olas. Es lo que se llama una «licencia poética». Todos los Libra y los Piscis tienen una licencia poética, pulcramente enmarcada, que cuelga de las paredes de sus mentes románticas. De pronto se enfría la habitación. Entre ellos se forman pequeños carámbanos, y la escena cálida, apacible, se torna glacial, cuando su conversación armoniosa hace vibrar una inesperada nota discordante. Como Piscis es abrumadoramente comprensiva con amigos y desconocidos por igual, y como Libra generalmente está bien informado sobre los temas de actualidad, fue muy natural que se deslizaran hacia una discusión sobre un problema de una amiga. Ella se estremece, se recuesta contra su hombre Libra, y le pregunta: «¿No es espantoso?». Él no le contesta enseguida, así que ella le informa que su amiga, en lugar de agradecerle la advertencia, se limitó a responder fríamente: «No te metas en lo que no te importa», y que la ofendió mucho que la trataran con tanta desconsideración, cuando ella sólo había querido prestar ayuda. (La chica Pez esparce tanta comprensión en torno suyo durante tanto tiempo, que tiene derecho a solicitar de cuando en cuando una pequeña dosis para sí misma.) Ella aguarda unas palabras de apoyo. Él continúa callado. Pero la chica Pez es paciente, y no lo apremia. Espera.
Por fin, él suspira, la mira fijamente a los ojos, y dice con tono severo: «¿Por qué te asusta tanto, si tú también tienes ese mismo problema? No es precisamente la respuesta que ella esperaba. ¿Cómo puede cometer la injusticia de atacar una de sus escasas debilidades, cuando lo único que ella le pedía era que demostrara un poco de comprensión respecto de algo que la preocupaba mucho? Entonces se repliega, como todos los Piscis lo hacen periódicamente, y se convierte en un «Pez frío». Esto le recuerda lo que sucedió la semana anterior, cuando, mientras volvían en auto a casa. ella divagó entusiasmada durante más o menos media hora acerca de lo mucho que le había gustado la historia de reencarnación de la película que acababan de ver. A él también le había gustado. Lo sabía, por la forma en que se había comportado en el cine: sus ojos fascinados nunca se habían apartado de la pantalla y no había amagado levantarse de la butaca hasta que se habían encendido las luces de la sala. Entonces, cuando ella quiso compartir la experiencia, él frunció el ceño. «Me pareció un plomo —contestó— los actores estuvieron bien, pero el argumento nunca cobró vida porque era demasiado endeble, no tenía suficiente complejidad. El diálogo también era espantoso.» ¿Qué le pasa a este hombre? ¿Se ha doctorado en sadismo? ¿Pasa la noche en vela, ideando tácticas para deprimirla, cada vez que ella intenta mostrarse alegre y optimista? ¿Cómo podía cambiar de idea tan drásticamente, sin ningún motivo? ¿Quizás estaba un poco esquizofrénico y necesitaba consultar a un psiquiatra? Ella se equivoca en todas sus conjeturas. No es un sádico, no la odia, y no pasa la noche en vela ideando sistemas para menoscabarla cruelmente. Cuando sabe que la ha lastimado, sufre por dentro, ¿así que por qué habría de hacer eso? Tampoco es esquizofrénico. Es un Libra. Su símbolo es la Balanza, y por tanto está inconscientemente obligado a sopesar todo lo que ponen a su consideración. Los platillos deben estar nivelados. No es justo escuchar un argumento, sin tratar de equilibrarlo con el opuesto.
Si ella lo hubiera abordado de otra manera, habría recibido de él las respuestas que deseaba. Si la chica Pez hubiera comentado en el auto, después de ver la película: «No sé por qué todos elogian tanto esa película. No es más que la nueva versión de un viejo argumento cinematográfico. No le vi nada especial, ¿y tú?», durante el resto del viaje a casa, Libra habría alabado todos los componentes de la película… la actuación, la dirección, el guión, el color y el sonido. «¿Por qué dices que no tiene nada de especial? ¿Cómo puedes decir eso? Hace años que no veo una película que me hiciera relajar y disfrutar tanto. ¡Es formidable! ¿Ahora entienden cómo es que los Libra adquieren la reputación de ser «imposibles», cocodrilos rabiosos, y todo lo demás? La adquieren, pobrecillos, sencillamente porque intentan ser equitativos y justos.
Como sucede en todas las configuraciones de signos solares 6-8, que tienen diferencias tan pronunciadas entre sus motivaciones básicas, a la chica Pez y el hombre Libra nunca les resulta fácil enamorarse. Sin embargo, una vez que se enamoran, las diferencias se fusionan a menudo en una forma sorprendentemente satisfactoria, que los beneficia a ambos por igual. Comparten los sentimientos y la sensibilidad, así como el amor por la belleza. El uno y la otra prefieren la paz y la armonía a la conducta agresiva y la tensión de la controversia. (Libra alega que nunca se trata de «controversias», verán… ¡sino sencillamente de una discusión amable!) Ni Libra ni Piscis pueden soportar durante mucho tiempo la lacerante realidad de un conflicto tenso, y si éste se generara en razón de que uno de ellos tiene un horóscopo muy negativo, el otro no tardará en alejarse flotando (Libra) o nadando (Piscis), probablemente para no volver. La faceta positiva consiste en que los dos también flotarán o nadarán juntos para alejarse de las presiones externas, y se refugiarán el uno en brazos del otro, buscando el sosiego y la paz que necesitan para conservar el equilibrio (él) y la tranquilidad (ella). Este hombre y esta mujer pueden crear un vínculo romántico mediante su intimidad sexual, que contribuye mucho a allanar cualesquiera dificultades que puedan tener para adaptar sus personalidades y estilos de vida. El colma el tierno corazón neptuniano de ella con todo el afecto que la chica Pez ha anhelado, porque sabe instintivamente cómo demostrarle su amor con la delicadeza y consideración que ella necesita y que la hace confiar en él. Ella le aporta el mismo tipo de satisfacción, porque intuye sus deseos casi telepáticamente. Se hacen el amor con una pasión fecunda, entretejida con un elemento soñador, y no siempre, pero sí la mayoría de las veces, ese acto alcanza el nivel que los poetas procuran expresar. Estos dos se lo pueden expresar recíprocamente con naturalidad, componiendo sobre la marcha su propia música y letra originales… que nunca se repiten, pues cambian con sus estados de ánimo, pero que siempre encierran suaves promesas.
Es posible que los dos tengan que tomar precauciones para no arrastrarse mutuamente a la desidia y la búsqueda de placer, porque ambos son susceptibles a casi todas las formas de seducción, o las de los ensueños que nunca despegan del suelo. Por lo demás, Piscis y Libra pueden formar una pareja muy feliz, a medida que sus corazones aprendan gradualmente a latir al unísono. La fe mística, inconmovible, que ella deposita en él, y el apoyo optimista, jubiloso, que él le suministra a ella cuando la acometen circunstanciales sentimientos de ineptitud, forman una base sólida y hermosa para un amor perdurable. Es posible que ella se queje a veces de que él no tiene la perspicacia necesaria para buscar las razones que se ocultan detrás de las razones de algunos cambios de humor y sentimientos, y de que a menudo el criterio de él es demasiado fríamente lógico y desapegado. Pero ella a su vez es suficientemente perspicaz como para darse cuenta de que él es así sólo en la mitad de los casos… y si la chica Pez es paciente, si espera un poco, la compasión del Libra volverá a brillar a través de su sonrisa. Tal vez a él lo fastidie que la casa no esté tan pulcra como a él le gustaría, y que ella aplace lo que a él le gustaría que haga, y tal vez le extrañe que ella adopte una expresión perdida cuando él intenta explicarle las cosas razonablemente. Pero ella lo arrebujará en las mantas de paz emocional e intimidad que él necesita, y esto compensará lo demás. Ella es tan espontáneamente comprensiva, y él es tan espontáneamente equitativo, que siempre hay un medio para resolver sus desacuerdos.
La mujer Piscis y el hombre Libra son ambos sabios, y cada cual tiene un tipo distinto de sabiduría. La de él es intensamente intelectual (no obstante sus propensiones románticas, sentimentales) y la de ella es profundamente emocional (no obstante su fachada serena y fría). Se trata de una alquimia mágica, y como ambos casi siempre están dispuestos a transigir, pueden hacerse muy felices el uno al otro. Pero si ella fuma, deberá renunciar a los cigarrillos para demostrar que lo ama. Y él deberá dejar de ser tan crítico. Ella no es su ama de llaves, su lavandera ni su valet. Es su compañera… su mujer. La ninfa marina con el rumor de olas en los ojos, que se acurruca tan cómodamente sobre sus rodillas. ¿Oyen el tintineo de las campanillas de oro? Creo que hemos completado el círculo y estamos nuevamente en el principio.
Mujer LIBRA - Hombre PISCIS
Lo mejor será que abordemos desde el principio la dolorosa dificultad que experimenta la mujer Libra para tomar decisiones rápidamente, ¿no les parece? Como el hombre Pez no se destaca por sus actitudes enérgicas, agresivas, para resolver los problemas, le brindaremos una fórmula infalible para lidiar con las indecisiones de la dama Libra que lo ha atraído a su red. (Él no se resistió tanto.) Realmente es muy fácil, una vez que te habitúas. Le suministraré al hombre Piscis una ilustración metódica de la fórmula, mediante un incidente de la vida real. Cuando tengan que ayudar a libra a tomar una decisión, he aquí algo que las fuerza a tomar una asombrosamente rápida. La estrategia consiste en 1) sustituir un tema de indecisión por otro, porque a menudo la segunda decisión restará importancia a la primera; 2) formular una sugerencia para ayudar a Libra en la toma de la segunda decisión, y no más; 3) dejar transcurrir un lapso razonable, porque las decisiones de Libra, una vez tomadas, son siempre las mejores entre todas las alternativas posibles, gracias a la sabiduría, la equidad, la justicia, la lógica y el gusto exquisito de Venus… y finalmente, 4) si Libra no ha tomado ninguna decisión en un lapso razonable, tómenla ustedes mismos, y finjan enérgicamente que van a ponerla en práctica inmediatamente. Cuatro pasos sencillos.
Piscis sólo tendrá dificultades con el cuarto. A un Pez nunca le resulta fácil ser enérgico, poner en práctica… o hacer algo «inmediatamente». Aunque hay que confesar que «fingir» será coser y cantar para el hombre típico de Neptuno. Es un maestro en el arte de simular y aparentar. Todo Pez es un actor… o un personaje que se evadió un día de entre las tapas de un libro de cuentos de hadas de los hermanos Grimm, para indagar qué sucedía en este mundo de ilusión que todos menos los Piscis llaman realidad. El Pez sabe lo que es cada cosa. Nunca se confunde tanto como para pensar que los sueños son irreales, un mundo de fantasía creado por la imaginación… y que la vida es la sustancia de todo. De ninguna manera. Este hombre sabe que las cosas son al revés. Sabe que la verdad consiste en que éste es el sueño… y que es en el sueño donde todo sucede de veras. Ahora les hemos suministrado a estos dos un tema (sueños versus realidad) que podrán discutir vehementemente durante muchos meses, quizás años. Un tema tan erizado de controversias, tan despojado de posibilidades de aportar pruebas finales (de naturaleza tangible, claro está), que enseguida reemplazará a todas las otras polémicas en las que la dama Libra y su hombre Piscis han estado enzarzados hasta ahora. La discusión perfecta para los amantes Venus y Neptuno. Los sueños están estrechamente relacionados con Neptuno, claro está, en tanto que Venus adora todas las cosas bellas y etéreas… todo lo que tenga un toque de imaginación. La lógica de Libra estará inflexiblemente a favor de lo «real», y probablemente el Pez no se moverá un palmo de su defensa de lo esotérico. Pero a él le resultará interesante observar cómo ella trata de nivelar los platillos de su Balanza entre la lógica de Libra, por el lado de la realidad… y su ternura de Venus, por el lado de lo etéreo y lo romántico.
En verdad, ésta fue precisamente la combinación de cualidades que cautivó su atención soñadora, y lo incitó a amarla desesperadamente, a dejarse atrapar irremediablemente en su red de seducción, cuando flotó por primera vez entre las nubes azuladas de su fragante presencia. El mosaico irresistible formado por la lógica masculina y el razonamiento inteligente de ella, combinado con su ternura y su imaginación romántica venusinas. La fascinante amalgama Libra de espíritu práctico y compasión. La compasión de ella casi puede competir con la de él (aunque no del todo). Su espíritu práctico es algo que seguramente a él le vendrá bien. El contacto con éste terminará por ser beneficioso y perdurable, aunque a ratos resultará incómodo. La mujer Libra tiene algo vagamente oriental que intriga al Pez. Ella proyecta a veces una esencia de clima-otoñal-de-fútbol, rubor de mejillas-de-manzana y saludable atmósfera de intemperie. Sin embargo, en otros momentos, irradia un aire esquivo de incienso y mantras, y de campanillas de templos que repican a lo lejos, un aire que le hace pensar al Pez en Tibet, en China, o en Japón. El es muy sensible cuando capta este detalle, porque el signo de Libra en sí mismo rige astrológicamente al Oriente. Ella equilibra de una manera inusitada la imagen de la rubia con un atisbo místico de ritos antiguos… y las cuerdas de Neptuno que hay en él responderán silenciosamente.
Como ella nació bajo un signo cardinal masculino (de iniciativa), y él nació bajo un signo mutable femenino (pasivo), aunque ella sea muy exquisita y dulce, y aunque él sea muy fuerte y sagaz… su dama Libra tendrá la última palabra a la hora de manejar la relación. Pero cuando se trate de la palabra realmente última —«adiós»— podría ser el Pez el encargado de pronunciarla. El hombre Piscis es capaz de deslizarse gradualmente hacia un apacible remanso de tranquilidad, en otra parte, quizá con una de esas chicas Pez exóticas de aguas tropicales que mencioné en el comienzo de este capítulo, si la mujer Libra qué él tanto ama se torna demasiado autoritaria y demasiado exigente. y si exagera el papel cardinal en lo que debería ser una asociación equitativa. Sin embargo, él será paciente con ella, y hará menos esfuerzos por zafarse de su compacta unidad que si se tratara de otra mujer… por la acción de la influencia 6-8. Él se siente poderosamente atraído hacia ella, tanto desde el punto de vista espiritual como desde el físico, y viceversa. Ella magnetiza el deseo de él y lo trueca en una necesidad más apasionada e incontrolable que todas las que experimentó antes… y ella se siente extrañamente atraída, contra toda su lógica y razón, hacia el hechizo de su afecto y su sensibilidad teñidos por los colores de un suave arco iris. Las vibraciones venusinas del alma de ella anhelan el éxtasis embrujado que los cantos neptunianos del mar que entona él prometen materializar, reconfortantemente, mediante recuerdos que Libra ve reflejados en los ojos del Pez, recuerdos de un lugar que ella nunca ha olvidado por completo, y que desea volver a visitar, con una avidez que la hace llorar, ansiosamente… un lugar que conoció muy bien cuando tenía más o menos cuatro años, donde ella acostumbraba a buscar confiadamente, en la hierba húmeda y aromática, los collares de diamantes olvidados negligentemente por los elfos y las hadas que habían danzado allí la noche anterior, mientras ella dormía profundamente.
El corazón se le destrozó con una sensación dolorosa que aún recuerda, aquella mañana de primavera en que una fría voz adulta le informó que sólo eran gotas de rocío, y nada más. Entonces empezó a llover súbitamente, y se le empapó su bata favorita a rayas rosadas. Ahora que es madura y sensata, ¿por qué cada vez que llueve vuelve a su mente el agudo dolor de aquella mañana? Es posible que su hombre Piscis le oculte secretos, empeñado en salvaguardar el santuario de su propio mundo privado interior, y esta forma de «cuasi-engaño» la irrita y la preocupa. Pero él jamás le endilgaría una mentira como el de las gotas de rocío. Él lo sabe todo acerca de los diamantes de los druidas. Esto es algo que ella descubrió la primera noche en que hicieron el amor… después. Él incluso intentó recogerlos entre sus manos, junto con ella, temblando. Cuando desaparecieron al solo contacto humano, se limitó a besarle el cabello, y le susurró que no desaparecían realmente… que, merced a una extraña magia, se transfiguraban en una nueva dimensión. «¿Ves? –le murmuró apacible, reconfortantemente—. No han desaparecido. Aquí están… se han trocado en gotitas de lluvia.» Y entonces tocó dulcemente las lágrimas que le corrían por la mejilla. ¡Oh, ella lo echaría mucho de menos si algún día la abandonara! Tanto como él echaría de menos la aurora dorada de su sonrisa, la forma en que su voz suena como si entonara una antigua canción de cuna que él recuerda, aun cuando sólo pronuncia palabras rutinarias… o quizá no tan rutinarias, al fin y al cabo…
«Cariño, realmente deberíamos encontrar la manera de poner color en esta habitación. Es tan monótona y deprimente. ¿Por qué no pintas un mural sobre la pared del lado oeste, donde el sol lo iluminará todas las mañanas? Puedes hacerlo, ya sabes. Puedes hacer absolutamente todo lo que quieras. No importa que en tu último empleo no te valoraran. Algún día, antes de que pase mucho tiempo, el mundo será más dichoso gracias a las cosas que tanto te esforzaste en lograr, gracias a la belleza que creas a tu modo. Nunca en mi vida he estado tan segura de algo como lo estoy de esto. Sé que reconocerán tus méritos, y que si perseveras, y no capitulas, justo cuando tu milagro está sólo a la vuelta de la esquina, finalmente podrás expresar todo lo que has retenido dentro. No podrás verlo hasta que des la vuelta a esa esquina, así que no puedes detenerte cuando estás tan cerca. Estoy segura de tu porvenir. ¿Sabes cuán segura estoy?» Sí, lo sabe. El sabe que a pesar de sus modales a veces autoritarios, y de sus desconcertantes cambios de humor, ella es la única persona que cree sinceramente en él, y la única que tiene la contraseña justa para comunicarle súbitamente el entusiasmo necesario para creer en sí mismo. Nadie podría apartarlo más afablemente del «¿para qué sirve?», con que reacciona ante los desencantos reiterados. Además, él también es algo más que un poco caprichoso y cambiante. ¿Así que qué derecho tiene a juzgarla? En cuanto a su mujer Libra, ésta sabe que él es tal vez el único hombre que conoce el camino para llegar a ese lugar secreto, remoto, donde ella puede refrescarse, bañarse en la fría luz de las estrellas, y volver, con la sensación de ser más fuerte que antes. Es el único que pudo informarle a dónde van los diamantes de los druidas cuando desaparecen… y que pudo hacerlos volver con un beso.
Libra - Piscis
Como Piscis está asociado a la verdad mística que se oculta detrás de todas las religiones. y como Libra está asociado al equilibrio de justicia y compasión que equivale a la paz, ésta es a menudo (no siempre, pero sí a menudo) una relación extrañamente sosegante. A veces ejerce una influencia de largo alcance no sólo sobre las respectivas vidas de Libra y Piscis, sino sobre las de otros, de diversas maneras. Estas maneras dependen de los Libra y los Peces individuales que están implicados, de la forma en que viven, de sus metas y ambiciones… de sus sueños. Todos los Libra, sin excepción, poseen la deslumbrante sonrisa de Venus, con su portentosa capacidad para disolver toda oposición. Ésta no es sólo una observación de simbolismo astrológico, sino un adagio literal respecto de la invisible pero poderosa impronta de los planetas y las luminarias (el Sol y la Luna) sobre el aspecto físico (así como sobre la conducta) de los humanos… impronta tan inconfundible que incluso los escépticos que se niegan a reconocer la santidad de la astrología deben notar y admitir su presencia, aunque a regañadientes. Ahora, deben notarla una vez más. Como Pablo antes que él, el papa Juan Pablo, que reinó durante un lapso infortunadamente breve de sólo 34 días como Pastor de los católicos, a fines del verano y comienzos del otoño de 1978, era un signo solar Libra. El signo de Libra está tradicionalmente asociado, entre otras cosas, a las bibliotecas, los libros y las ediciones (cualidad que comparte, en menor grado, con Géminis y Sagitario). Apenas unos días después de haber sido ungido Papa, Juan Pablo exhibió al mundo, con un poco de timidez, sus tesoros literarios particulares: cartas breves, pero elocuentes, sagaces e ingeniosas, dirigidas a todo el mundo, desde Mark Twain hasta los Beatles, pasando por Shakespeare y Charles Dickens. Durante los años de su vida ajetreada y aplicada, el Libra Juan Pablo había escrito estas breves misivas a los triunfadores de ayer y hoy, con el típico amor Libra por la literatura y la propensión de Libra a las «belles lettres». Me conmovió y divirtió verlas impresas al mismo tiempo que alcanzaba su flamante poder temporal sobre sus propios asuntos, así como sobre los de millones de seres, porque comprendí el regocijo que debía de producirle al Pastor (prefería este título al de Pontífice o Papa) en su condición de Libra, el hecho de que por fin le concedieran la oportunidad de permitir que el público echase un vistazo al humor sutil y las observaciones filosóficas de sus amadas «criaturas creativas».
Por supuesto, nunca pretendió que sus modestas cartas se convirtieran en un best seller ni en nada de tanta magnitud. Sencillamente se sintió contento como un chiquillo al verlas por fin impresas, y leídas por tanta gente. Un sueño personal convertido en realidad. Casi lo primero que hizo al convertirse en Papa fue entregar sus cartas a la imprenta, y estoy segura de que fue con una profunda satisfacción íntima que vio cómo le era concedido su humilde deseo secreto. Los muchos Libra de uno y otro sexo y de todas las religiones, que escriben a hurtadillas hermosos poemas o prosas, y que nunca han tenido la oportunidad de compartirlos con un público más numeroso que el formado por unos pocos íntimos, comprenderán la tímida alegría del afable Juan Pablo. Pero lo que me conmovió aún más respecto del Libra Juan Pablo fue la primera crónica periodística que vi de su muerte, después del súbito ataque cardíaco del 29 de setiembre, que puso fin en menos de dos meses a su jubiloso y manso reinado de bondad, y a sus planes (incuestionables) de paz y justicia, típicos de Venus. En la primera plana del Los Angeles Times de ese día, dentro del artículo que describía el luto de Roma, había, en una sola columna, tres referencias patentes al Signo Solar del papa Juan Pablo. El artículo del Times, al mencionar el descubrimiento de que el Papa había muerto en su lecho en la mañana que siguió a su ataque cardíaco de las once de la noche, decía: «La luz estaba encendida, un libro de meditación abierto descansaba cerca de allí, y un veterano cardenal observó que su rostro conservaba la sonrisa habitual». Unos párrafos más abajo, el diario informaba a los lectores que: «Una mujer llorosa, que rezaba en la Basílica de San Pedro, comentó serenamente que toda su vida estaba en su sonrisa». Luego, al final del artículo, figuraban las palabras que el arzobispo Aurelio Sabattani había pronunciado ante los millares de asistentes a la misa del Pontífice, en San Pedro: «Juan Pablo era un hombre que llevaba consigo la sonrisa de Dios… su sonrisa perdurará como un rayo de luz».
Sí. La sonrisa venusina de Libra, su poderosa fuerza de energía y luz, pueden ser vistas por los fieles, los creyentes y los escépticos por igual. Nadie puede resistirse a ella. Nadie puede negarla. Nadie puede dejar de sentirse conmovido por ella. La sonrisa de Libra… y los ojos soñadores neptunianos de Piscis, el Pez. Dos testimonios del sello indeleble de la influencia planetaria sobre las facciones de los terráqueos. A propósito, hablando del Pez, quería comentar que la catedral de San Pedro, donde el arzobispo Sabattani hizo el panegírico de la sonrisa del difunto Pontífice, se llama así, por supuesto, en homenaje al apóstol Pedro, quien (aunque era un signo solar Aries) recibe tradicionalmente el apodo de «el Gran Pescador». Libra y Piscis forman la configuración de signos solares 6-8, lo que significa que ninguno de los dos sabe ni remotamente por qué el otro (o la otra) piensa o actúa como lo hace. Las motivaciones y actitudes, el carácter y la personalidad de Libra, son totalmente ajenos y desconcertantes para el Pez… y Piscis es asimismo un colosal enigma para Libra. Como les sucede a todas las otras personas influidas por la vibración 6-8, el Libra regido por Venus, con sus hoyuelos, y el Piscis guiado por Neptuno, con su naturaleza dual, probablemente nunca llegarían ni al primer «hola» si no los hicieran confluir de alguna manera las «fuerzas exteriores», fuerzas exteriores como son un empleo o una carrera, un amigo o pariente casamentero, el azar irremisible de haber nacido dentro del mismo círculo familiar… o la situación no planeada (conscientemente) de vivir, por casualidad, el uno cerca del otro, como vecinos. Todas estas influencias consiguen aproximar a Libra y Piscis lo indispensable como para que por lo menos alguien los presente. Después de esto, quedan librados a su suerte. Aunque son raros los casos en que optan por formar deliberadamente una asociación, una vez que el «destino» los ha empujado a explorar experimentalmente sus respectivos comportamientos extraños, un buen número de ellos se sienten tan fascinados por las diferencias que los separan, que permanecen un tiempo a la expectativa, y finalmente resuelven convertir la investigación del misterio en un hobby definitivo.
Una de las causas responsables de semejante decisión consiste en que Libra capta con bastante rapidez la buena predisposición del Pez para ponerse de alguna manera a su servicio. No necesariamente como mayordomo, criada o palafrenero, sino en una forma sutil. El Piscis suministrará un «servicio» a los Libra, ya sea concreto y tangible o sutil e invisible. Se siente patentemente, y es siempre necesario. El síndrome de «servicio» es aún más intenso entre Piscis y Libra que entre las otras combinaciones 6-8, por la sencilla razón de que Piscis, aun sin la influencia 6-8, está predispuesto a prestar un servicio útil a todos los signos solares. Por tanto, cuando el Pez conoce a Libra, dado que representa la sexta Casa astrológica para los regidos por Venus, y dado que representa también la humildad y la sumisión para todos en general, la tendencia a representar una influencia útil y benéfica en la vida de Libra se refuerza. Pero desgraciadamente, también puede infiltrarse —por obvias razones— la tendencia a ser un poco masoquista. ¿Sabían que lo mejor es enemigo de lo bueno? Y por tanto el Pez debe estar alerta con los Libra normalmente bondadosos y equitativos, para evitar que Libra se aproveche (inconscientemente) de esta doble vibración de «servicio» y mantenga al pobre Pez nadando en círculos, lo cual quizá hará mucho más placentera y fácil la existencia del Libra, pero dejará al Piscis el ramal más corto de la espoleta de la pechuga. Si mal no recuerdo, el ramal más corto no te concede tus deseos. El que se queda con el largo recibe la primera opción para la materialización de sus deseos, en tanto que el que se queda con el corto se casa primero. Esto no es justo. Porque el que arde en deseos de casarse, y de equilibrar su vida con la de otra persona, es Libra, y no Piscis. En verdad, los Libra armonizan tan melodiosamente con las flores de azahar y con la «Marcha nupcial» de «Lohengrin», que cuando se ven obligados a vivir solos durante lapsos desusadamente largos se les desequilibra la Balanza y sufren una intensa depresión.
Por otro lado, el matrimonio es generalmente algo que el Pez típico interpreta como un anzuelo peligroso, deslumbrante, destinado a sofocar la libertad, y lo elude con éxito o, si no, se las apaña para deslizarse dentro y fuera de la red conyugal cada vez que muerde dicho anzuelo. Muchos Piscis son solitarios y solteros meditabundos (voluntariamente, porque tanto la chica como el chico Pez son cautivantes para el sexo opuesto)-, o en cambio tienen en su haber una cantidad asombrosa de incursiones múltiples en las aguas matrimoniales. Es raro, el Piscis que se casa, una sola vez. Los hay, desde luego. pero son como una rara especie de pez tropical de la Naturaleza, por comparación con las anchoas y las truchas. En términos relativos, un Pez que se ha casado una sola vez en la vida es tan insólito como un Géminis en las mismas condiciones. Repito. para no herir a aquellos Piscis que están casados dichosa y permanentemente, que esto sucede, pero no a menudo. Así que ahí los tenemos, desencantados ambos. A Piscis le tocó el ramal corto del hueso de los deseos, y a Libra le tocó el ramal largo, de manera que Piscis será el primero en casarse, y probablemente esto es lo último que él (o ella) anhela. Y probablemente esto fue lo que deseó Libra, pero si bien a Libra le será concedido el deseo, no le será concedido en primer lugar. Libra deberá esperar un poco más. ¡Qué lío! (Libra se siente frustrado por haber tirado con tanta fuerza, en razón de lo cual se quedó con el ramal más largo.) Se lo tienen merecido, porque para empezar ninguno de los dos debería haber estado jugando con la espoleta de un pollo: a los pollos no los pusieron en el planeta para que se los coman los seres humanos. Para comer, tenemos las semillas, las nueces, las hierbas, los granos, las frutas y las verduras. A los peces, las aves de corral, los pájaros y demás animales no los tenemos para comerlos. Así que aquel fue un acto de justicia kármica. Aunque bromeamos un poco, la astrología aconseja seriamente que no comamos carne. Pero las cuestiones que causan sincera preocupación y grave discrepancia nunca se resolverán si todos nos miramos de mal talante. La mejor forma de abordarlas es combinando la compasión de Piscis, una o dos sonrisas de Libra, un toque de buen humor (y quizás una pizca de franqueza Ariana).
La controversia vegetariana es uno de los temas que estos dos podrían elegir, ahora que lo hemos introducido como conflicto, para entablar su próxima polémica (quiero decir, discusión) el jueves que viene. Es una plataforma perfecta para el equipo de debates. Piscis puede disertar sobre los aspectos religiosos del tema, en tanto que Libra actúa como Juez y pesa en su Balanza el derecho moral de los peces y las aves de corral, de los pájaros y los animales, a existir sin que nadie los obligue a incorporarse a la cadena de alimentación, puesto que no son necesarios para la nutrición humana. Será un problema complejo. El enfoque religioso de Piscis contiene por sí solo múltiples facetas, una docena de pros y contras polémicos. La Balanza de Libra se inclinará hacia un lado y otro, procurando discernir todos los argumentos favorables y adversos y encontrar el punto justo de equilibrio… a lo cual contribuirá Piscis aportando primeramente una miaja de este criterio a un platillo, y después una migaja de aquel criterio al otro platillo, y ayudando a su amigo, socio, pariente, amante o consorte Libra a tomar una decisión. Es posible que la discusión religioso-espiritual- vegetariana empiece el próximo jueves, pero quizá no terminará antes de que haya transcurrido un lapso considerable. En el ínterin, mientras debaten (discuten) el tema. Libra ganará algunos puntos estratégicos al exhibir su sonrisa de Venus embellecida por los hoyuelos, y Piscis preparará pastelillos de algarroba para renovar las energías de ambos, y se los servirá a Libra en un delicado plato de porcelana pintado a mano, con una servilleta de color azul cielo.., y todo será sosegado y armonioso, plácido y susurrante. A menos que aparezca por casualidad un amigo Tauro del Pez, y sugiera inocentemente que todos se tomen un descanso y salgan a comer un bistec. El Toro se replegará (no es fácil hacer replegar a un Toro) cuando vea el horror reflejado en las facciones de Piscis y Libra. Entonces Libra fulminará a Tauro con una sonrisa de Venus, el Pez le ofrecerá dulcemente al Toro un pastelillo de algarroba… ¿y qué quieren apostar a que, entre los dos, Piscis y Libra no tardarán en bautizar a un nuevo converso?
Hombre LIBRA - Mujer ACUARIO
El nombre de ella no es realmente Debra, pero la llamaremos así. El nombre de él no es realmente Steve, pero lo llamaremos así. Los nombres pueden ser ficticios, pero os aseguro que este hombre y esta mujer son seres humanos auténticos, de carne y hueso. Sus soles natales están en trígono. Debra es una Aguadora de Acuario, menuda, con el pelo peinado en cola de caballo, dulcemente infantil y femenina (¡Ja!), y regida brillante, aunque a veces violentamente, por el planeta masculino Urano. Steve es un hombre Libra regido por Venus, cuya inteligencia y genio están a la altura de los de ella. Algunas veces es manso y afable y bondadoso, y otras es sencillamente cruel y despreciable, lo cual depende mucho del tiempo transcurrido desde que ella machacó y desequilibró su delicada Balanza con el martillo del imprevisible comportamiento de Urano. Ambos estudian medicina y aspiran a doctorarse, con el objetivo común de convertirse en investigadores científicos y de descubrir algo que sea inmensamente beneficioso para la humanidad, en sus ramas masculina y femenina. Más o menos como si fueran la contraparte norteamericana de los Curies de Francia. ¿No es curioso que uno siempre piense en éstos como Madame Curie y su marido, y no a la inversa?Aquí debe de haber una lección implícita. Quizá la lección de que no importa cuál de los dos caballos lleve la guirnalda de flores con tal que el carruaje llegue a la ciudad. A lo largo de algunos párrafos, utilizaremos la relación de Steve y Debra como espejo para todos los hombres Libra y las mujeres espaciales de Acuario. Muy bien, ¿están mirando todos al espejo? Ahora observen atentamente.
Él vacila. No atina a decidir si se casará con ella, convivirá con ella, se desentenderá de ella o la dejará. Ella no tiene semejante problema. Sabe con exactitud cuál de estas alternativas prefiere, y su decisión es firme como una roca. Los domingos, quiere casarse con él. Un martes de cada dos, está segura de que deberán conformarse con vivir juntos hasta que reciban sus títulos. En determinados jueves sacudidos por las tormentas de Urano, prefiere que él se desentienda de ella, lo cual resulta dolorosamente obvio cuando no responde sus llamadas y le echa a la puerta el cerrojo doble de seguridad. En algunos sábados lúgubres, surcados por los rayos de Urano, ella desea enfáticamente que él la deje, deseo éste que consigue comunicarle elocuentemente cuando arroja todas las ropas de él por la ventana del dormitorio del primer piso, junto con su reloj nuevo, que infortunadamente nunca parece sobrevivir a la caída… y a menudo incluye la tesis de él, que naturalmente se esparce y se mancha espantosamente por lo cual es necesario volver a pasarla. Pero que nadie la acuse de ser parcial. En esos sábados lúgubres, ella también hace confetti con las páginas de su propia tesis, a la cual ha consagrado largas horas de esfuerzo intelectual, y las arroja histriónicamente al inodoro, mientras proclama estentóreamente que ha resuelto recorrer Europa haciendo autostop y sumarse a una caravana de gitanos… ¿y a quién le interesa, al fin y al cabo, un anticuado y petulante diploma de médico?
Él no puede dejarla en paz, y en lugar de sentirse feliz cuando ella está de buen humor y lo invita a probar sus lasañas caseras especiales, insiste en averiguar el nombre del gitano que la invitó a sumarse a su caravana en Europa. Insiste. Ella inventa un nombre, con su imaginación muy fecunda. Él se va encolerizado, sin probar un bocado de la cena que a ella le llevó un día íntegro guisar. Hubo una época en que él resolvió finalmente que no deberían volver a verse nunca más. Cargó su perro y su microscopio y sus cultivos y la dejó definitivamente. Llegó al extremo de mudarse a casa de un amigo, en otra ciudad, y de pedir que su número de teléfono no figurara en la guía. Ella localizó enseguida su domicilio y su número de teléfono. (No ceso de repetirles que los Acuario son detectives natos.) Pocos meses más tarde él le estaba llevando flores y poemas y monos embalsamados… y la invitaba a cenar a la luz de las velas dos veces por semana. Al cabo de poco tiempo volvió a mudarse a casa de ella con su perro, su microscopio, sus cultivos y tres amigos (para que lo protegieran). La primera noche fueron penosamente incapaces de protegerlo. Después de un feroz altercado por el hecho de que él había convertido su feliz hogar en una casa de pensión, el Libra y sus tres amigos se fueron a dormir en el suelo del estudio, después de cerrar cuidadosamente con cerrojo la puerta. ¿Él la dejaba encerrada fuera a ella? ¿En una casa donde ella pagaba la mitad del alquiler? ¿Y se consideraba equitativo? No en vano ella era una científica en cierne.
La Aguadora debió trabajar hasta las tres de la mañana, pero finalmente preparó en el fregadero de la cocina, utilizando unos tubos de ensayo para experimentos caseros, una abominable mezcla de productos químicos con una base de amoníaco, y después lo vertió cuidadosamente en una pistola rociadora (sí, esto sucedió realmente), que accionó a continuación debajo de la puerta del estudio, a la cual ella también le había echado el cerrojo por su lado. Afortunadamente, el estudio tenía ventanas, por las cuales los cuatro hombres jadeantes huyeron de los vapores que los habían arrancado de su sueño profundo. Al principio pensaron que era un ataque de OVNIs. (Es fácil confundir una travesura de Acuario con una agresión interplanetaria.) Desde luego, cuando salieron por las ventanas, pisotearon las ropas y el reloj del hombre Libra, que estaban esparcidos por el suelo, esperándolo. Y es comprensible que ambos llegaran tarde a clase, ese día. Ahora bien, sé que no me creerán (a menos que sean un hombre Libra o una mujer Acuario), pero Debra y Steve se besaron y se reconciliaron pocas semanas después de ese Encuentro Próximo, y la última vez que tuve noticias de ellos estaban estudiando dichosamente juntos su anatomía y su bioquímica.
Es que se aman, verán. Se necesitan el uno al otro. Porque no hay nadie que pueda curar el corazón de ella con tanta ternura como su hombre Libra, con su sonrisa radiante… y no hay nadie que pueda amarlo a él, con todos sus defectos y vicios, tan vehemente, leal y fielmente como su versátil Aguadora… y en verdad no hay nadie a quien cada uno de ellos pueda respetar desde el punto de vista intelectual tanto como se respetan mutuamente. Cuando ella no está disparando pistolas rociadoras por debajo de la puerta del estudio, es superinteligente, mimosa y afectuosa, tan amada y deseable como un cachorrillo. Cuando él no se está mostrando frío y malhumorado y cruel, es dulce, divertido y sagaz y muy cariñoso. A esto hay que sumar las lasañas caseras de ella. Y el hecho de que él es el único hombre que le dirá «te amo» con auténticas lágrimas en los ojos, o que usará sentimentalmente un reloj de pulsera descalabrado con las manecillas inmovilizadas definitivamente en la medianoche, porque se lo regaló ella. Cada vez que esta mujer Acuario riñe con su hombre Libra, me telefonea aproximadamente al amanecer, lacrimosa, y pronuncia las mismas palabras conmovedoras: «Me dijo que era mi amigo. Los amigos deberían entenderse entre sí, ¿no es cierto? Lo demás no me importa, pero dijo que era mi amigo».
Los Acuario de ambos sexos atribuyen mucho valor a la amistad. Pueden comportarse como se les antoje en su condición de amantes o esposas, pero la amistad debe ceñirse a un código inflexible. Hay ciertas cosas que los amigos hacen. Y hay otras que los amigos no hacen. Los amigos no hablan de ti con terceros, si no es para alabarte. Los amigos no infringen sus promesas. Los amigos te aceptan con todos tus defectos. Los amigos nunca son desleales… y los amigos siempre están a tu lado cuando los necesitas. Los Acuario casi nunca se dan cuenta de que su definición de la amistad es intercambiable con la del verdadero amor. Los Aguadores nunca piden de la amistad más de lo que están dispuestos a dar en cambio. La única diferencia que existe entre los ideales de amistad y amor de Urano consiste en la combinación de sexos implicados, y en la Era de Acuario, es difícil trazar la línea de demarcación. El hombre Libra necesita indefectiblemente paz y armonía en su entorno. En ausencia de ellas, es inevitable que se enferme gravemente: física, mental o emocionalmente… o todo al mismo tiempo. Esta es una ley inquebrantable de la astrología en lo que concierne a los regidos por Venus. Por consiguiente, la mujer Acuario que ame realmente a este hombre deberá empeñarse sinceramente en sofocar sus excentricidades (exceptuando las estimulantes e incitantes) y deberá hacer un gran esfuerzo encaminado a traer serenidad y sosiego a su relación. Esto no siempre es fácil para la Aguadora, porque el hombre Libra generará equívocamente gran parte de sus propias crisis, al esmerarse demasiado por satisfacer a los demás, al trabajar afanosamente durante meses y meses hasta quedar al borde del colapso, y al preocuparse por encontrar la forma de que todos lo quieran y se quieran, además, entre sí. O renuncia a su tentativa de ponerlo todo en orden, y malgasta su creatividad, procurando demostrar al mundo que él, por lo menos, hace lo que puede… cuando el mundo ni siquiera está enterado de que él anda dando vueltas y vueltas para conformarlo.
Cuando se siente insoportablemente frustrado, es posible que se entregue en exceso a las bebidas y las juergas, y que después sufra remordimientos por haber descuidado a su mujer, sus estudios, su trabajo, su salud física, y así sucesivamente. Los hombres Libra trabajan duro y juegan duro. Tienen un instinto seguro para aplacar desacuerdos y mediar en situaciones conflictivas afablemente v sin esfuerzo. Sin embargo no parecen poder adquirir la virtud de equilibrar y nivelar recíprocamente sus mentes y sus cuerpos. Durante largos períodos este hombre trabajará como sesenta, sín descansar un momento. Después se desplomará sobre la cama, y se quedará tanto tiempo quieto que la mujer Acuario que lo ama temerá que haya entrado en un trance catatónico, o que haya sucumbido a un ataque fatal de la enfermedad del sueño. Sólo está descansando. Esto es todo: sólo descansa. Hay que dejarlo en paz, y pronto volverá a ser el mismo de siempre, una vez que haya recuperado sus energías y rejuvenecido su espíritu. Si deben reunirse con él, oigan música, lean en voz baja, cuiden que su habitación esté pulcra y ordenada y resplandeciente y alegre, con mucho aire fresco… y no discutan con él nada negativo. Éste no es el momento adecuado para inducirlo a manifestar su aprobación, cuando el pobre hombre está tumbado boca arriba. Durante sus raptos de silencio hay métodos más agradables para apaciguarlo. Los métodos de Venus.
El amor, con todas sus variaciones, sin excluir por cierto su aspecto sexual, es tan necesario como el aire para el hombre Libra. La amistad, con todas sus variaciones, es tan necesaria como el aire para la mujer Acuario. Si él es su verdadero amigo, ella podrá confiar en él de corazón, lo cual le permitirá ser la compañera sexual y romántica más ardiente que él pueda desear, aun cuando esté soñando (y este hombre sueña mucho con la pasión). Lo inverso también vale. Si ella es su novia exquisita, si está a la altura de su imagen idealizada de la feminidad (y deja de amenazarlo con gitanos imaginarios) y si participa en el acto amoroso con idéntico deseo, él será el amigo más leal y fiel que ella pueda esperar (y sus esperanzas son descomunales en lo que concierne a la amistad). Es lo que podrían denominar un trueque equitativo, en el cual cada uno le da al otro lo que éste más necesita. Esta mujer se enfría, en el plano sexual, cuando su amante Libra la ha ofendido de alguna manera al infringir su código de la amistad, aunque haya sido fugazmente, en un detalle nimio. Asimismo, a este hombre le resulta imposible demostrarle su amor físicamente cuando, pocas horas antes de su abrazo nocturno, ella le ha ganado un debate intelectual y lo ha hecho sentirse ridículo por alguna trivialidad. Ambos deberán disculparse por estos agravios recíprocos involuntarios, y recordar la antigua advertencia: Nunca dejen que el Sol se ponga sobre la cólera (que no se gestó en los tiempos de vuestra bisabuela, sino dentro de la memoria del inconsciente colectivo, simbolizando el trágico crepúsculo en que Set asesinó a su hermano, Osiris, causando la primera «puesta del Sol» de la Tierra.
Después los dos, el hombre Libra y su mujer Acuario, deberán dormirse apaciblemente, cogidos de la mano, desentendiéndose del amor, y dejando que éste los sorprenda amablemente con su magnitud cuando despierten por la mañana. Libra y Acuario descubrirán que su amor sexual los deja más satisfechos cuando lo abordan alegre y reverentemente, incluso poéticamente, pero nunca agresiva o imperiosamente. Dos signos de Aire hacen el amor ciñéndose a un esquema muy delicado. Cuando sus mentes estén sintonizadas, sus cuerpos responderán, y las acompañarán cantando con bella armonía. Cuando sus mentes estén turbadas o confundidas, lo único que conseguirán, al forzar el amor, será lacerar su frágil encanto… o congelarlo en el hastío. Será inevitable que estos dos se lastimen de vez en cuando porque se aman mucho. Pero la vibración 5-9 siempre renovará su clemencia, si le dan una mínima oportunidad. Este hombre no soporta estar solo: debe casarse (o convivir como si estuviera casado) pues de lo contrario lo devorará la frustración. El Libra que se resiste a este instintivo anhelo interior, es en verdad un hombre muy desgraciado. Aries, el signo opuesto a Libra, vibra al compás de la salida del sol, pero Libra vibra al compás de la puesta del sol. La hora de la puesta del sol es la de su mayor soledad, cuando él es más vulnerable a su mujer Acuario que desea decir: «Lo siento». El resplandor dorado de la luz a la hora de la puesta del sol, cuando concluye el día, encierra una conmovedora belleza. Ningún otro tipo de luz puede producirle a Libra tanto dolor, cuando no hay nadie especial junto a él, nadie que le tenga verdadera consideración. Envuelto en las tinieblas de su tremenda soledad, mira cómo la gente se vuelca del interior de los edificios de oficinas hacia el último destello del día. Todos llevan un rumbo menos él… hasta que súbitamente la ve a ella, recortada contra un fondo de color rosa dorado, caminando hacia él, vacilante. Él no había planeado encontrarla tan inesperadamente, pero debería haberlo planeado. En ella todo es inesperado. El Libra corre hacia ella… y ella también aprieta el paso. Él se da cuenta de que ella ha estado llorando, porque tiene la nariz enrojecida. Lleva una caja muy grande, casi más grande que ella… con una sorpresa para él. ¿Qué podrá ser? «¿Podemos seguir siendo amigos?», le pregunta ella, titubeando. Él reflexiona. «Sólo si prometes que vendrás conmigo a casa responde. Entonces ella le devuelve la sonrisa. Le hacen señas a un taxi amarillo dorado que pasa por allí, montan en él de un salto, cierran las portezuelas… y ella se recuesta contra su hombro en el preciso instante en que el Sol desaparece del cielo… justo a tiempo. Pero se salvaron, aunque faltó muy poco para perderlo todo.
Mujer LIBRA - Hombre ACUARIO
A menos que a los dos les guste que sus emociones sean azotadas por huracanes y tornados continuos, lo mejor será definir de entrada cuál de estos dos marchará adelante en el juego de lo que hace el rey que juegan ambos. El jefe indio marcha adelante. La india marcha unos pasos más atrás. Fúmate esto en tu pipa de la paz, por favor, en aras de la tranquilidad. La chica Libra deberá entender sencillamente que ella es la hembra, la dama, la mujer… y que él representa la mitad masculina del dúo. Él es el barítono, ella la soprano. Es posible que ella haya nacido bajo la influencia de un signo solar masculino, pero la guía el dulce planeta femenino Venus. Nadie, ni siquiera todo el personal de una revista feminista, podrá extirpar jamás con éxito la feminidad de Venus aunque emplee el instrumental ilimitado de la cirugía emancipadora. Pero la Verdad es la Verdad, y Venus es Venus. Para expresarlo en otros términos, la Verdad es la Belleza, y la Belleza es la Verdad. Cuántas perogrulladas. Yo no inventé la sabiduría que ocultan. El Señor y la Señora Dios la inventaron. Nuestros Co-Creadores. Quejaos a ellos, no a mí. Yo no soy más que una astróloga, una intérprete de la ley, no su artífice. El hombre Acuario también nació bajo la influencia de un signo solar masculino, pero a diferencia de lo que le ocurre a la mujer Libra, está bajo la vigorosa y bastante arrogante conducción del planeta masculino Urano (el carisma masculino es siempre un poco arrogante, ¿no les parece?). Hay ciertos esquemas astrológicos elementales que no tienen nada que ver con el chovinismo o la igualdad de los sexos, ni con ninguna de estas cuestiones pasajeras. Sencillamente existen. Incluso en el área de la homosexualidad simbolizada por Acuario, existen. No quiero decir con esto que los Acuario sean homosexuales, sino sólo que la esencia de Acuario tolera todos los estilos de vida, representa la fraternidad y el amor universales, despojados del prejuicio de los traumas masculinos-femeninos, lo cual a veces los miembros de los doce signos solares, confundidos por las vibraciones de Urano, aún más intensas ahora, en el amanecer de la era de Acuario, traducen al concepto homosexual. Sólo se trata del respeto por la individualidad.
Los esquemas planetarios existen tan inevitablemente como existen los dos tipos netamente distintos de configuración anatómica del hombre y la mujer. Por muy libres e iguales que aspiren a ser las mujeres, estarán eternamente configuradas de manera distinta del hombre, y las influencias astrológicas son igualmente inevitables e inmutables. Una chica Libra puede tratar de maniobrar dulce y delicadamente para adelantarse a su Aguador, para adaptarlo mediante manipulaciones a su propio programa y esquema de vida, y al principio él le seguirá la corriente, subyugado por sus hoyuelos y su divino encanto, para no hablar de su sonrisa radiante… pero llegará el momento en que se sublevará. Cuando un hombre Acuario fijo se harta, su empecinamiento hace que la mula parezca, por comparación, el animal más dócil y más fácil de conducir y persuadir que hay en el mundo. Este hombre no cederá un palmo cuando crea tener razón. Su código personal de virilidad y su código público y general de moralidad los recibió grabados en una plancha de piedra, de una mano asomada de atrás de una zarza ardiente. Quizá pertenecía a un pariente de Moisés, ¿quién sabe? Pero recuerda bien el día. Ocurrió antes de que él naciera. No hay en la Tierra ninguna influencia capaz de apartar a un Acuario de un rumbo que cree correcto y justo. Notaréis que he dicho correcto y justo (según su código personal). No he dicho equitativo. La equidad es la especialidad de ella. Y esto es lo que crea buena parte de los problemas entre estos dos seres básicamente tan compatibles: la definición de lo equitativo. Les daré un ejemplo. Hace varios años, conocí a una chica Libra y a su amigo Acuario. (Supongo que eran amigos. No dijeron que fuesen amantes, pero cuando se trata de Acuario una nunca sabe, porque este hombre es incapaz de distinguir el amor de la amistad y si se trata del primero, no es de los que comprarán una cartelera para anunciarlo.) Pero, de todos modos, la chica Libra le regaló a su amigo Acuario un gordo y robusto cachorro de San Bernardo. El perro creció. Se convirtió en un perro gigantesco al mismo ritmo que crecía el cariño del hombre Acuario por su nuevo animal doméstico. Un día, los dos riñeron. (No el San Bernardo y el Aguador. sino la chica Libra y el Aguador.) Ella sopesó la situación en su Balanza cuidadosamente (y estoy segura de que también sinceramente), con el propósito de arribar a una solución equitativa. Después de muchas horas traumáticas de reflexión, llegó a lo que le pareció que era una decisión equitativa.
Él había prometido ser siempre su amigo. Después empezó a comportarse como el monstruo de Loch Ness, olvidando por completo dicha promesa, y al fin y al cabo, él era el que no cesaba de machacar sobre la naturaleza sacrosanta y sagrada de la amistad… «Si fueras realmente mi amiga, harías esto»… o… «Si fueras realmente mi amiga, no harías aquello», repetía a cada rato. Ella le había regalado el San Bernardo cuando creía que eran amigos. Había sido un obsequio fundado sobre la asociación, que ya no era válida. Y ahora había tomado una decisión. (Cuando los Libra toman una decisión, no bromean.) Le telefoneó al comisario, y exigió que le devolvieran el perro. El Aguador se enfureció. Estudió toda clase de represalias para vengar la injusticia. Quizás incluso le pintaría el pelo de verde, o arrojaría un avispero revuelto por la ventana de su dormitorio. El San Bernardo se había convertido en su mejor amigo, y ahora ella se retractaba de su regalo. Le secuestraba a su camarada. La violencia de sus emociones heridas bullía dentro de él. y al fin no le quedó otra opción que la de irse por muchos meses hasta que se le apaciguaran los ánimos. Si la dama Libra había alimentado la esperanza de que su acto lo haría volver a la cordura, había cometido un grave error de cálculo respecto de la vibración de Urano. No sólo le destrozó el corazón, sino que quebró su amistad recíproca en mil pedazos, lo cual es casi imposible tratándose de un Acuario, sobre todo en una relación con Libra, porque sus soles están trígono, y la comprensión esencial de la influencia de la configuración 5-9 soporta prácticamente cualquier dificultad con la que puedan tropezar. Pero no ésta. No se separa a un Acuario de su gigantesco camarada canino. Esta es una de las leyes de Urano entramadas (y también grabadas) en aquella plancha de piedra. Y ahora ésta tiene una gran rajadura.
La dama Libra ha cometido un grave error. Tal vez pueda reparar algún día el daño, pero hará falta mucha paciencia y humildad. Si ella hubiera esperado un poco más, él habría dejado de comportarse como el monstruo de Loch Ness. Cuando los Acuario están circunstancialmente colocados cabeza abajo, contemplando el cosmos, hay que darles tiempo para que se enderecen. Finalmente, pedirán excusas por su comportamiento desaforadamente excéntrico, cualquiera que éste haya sido. Pero no los obligarán a arrepentirse, y menos aún mediante el secuestro de un perro. Ésa fue una experiencia educativa para la chica Libra. Una vez que estos dos hayan llegado a una confortable transacción acerca de sus conceptos individuales de lo que es equitativo, y una vez que hayan perfeccionado una regla de cálculo con la que ambos estén de acuerdo para medir la justicia en una relación humana, podrán cosechar todas las recompensas y los beneficios de la influencia de la configuración de signos solares 5-9, y podrán empaparse en la alquimia mágica del doble elemento Aire, con la música de sus soles en trígono repicando como fondo de todas sus actividades compartidas. En verdad, la música es a menudo el cordón de oro que une inicialmente, de alguna manera, a este hombre y esta mujer, ya sea por un interés común en ella, o porque uno de los dos alienta al otro para que se consagre a ella. A veces es el arte, a veces es la religión, la filosofía o el viaje a países extranjeros, o son las iniciativas de educación superior, los niños, los jóvenes o alguna forma de actividad teatral… pero siempre habrá múltiples áreas que podrán interpretar como umbrales pulidos que conducen al jardín de la compasión y de la cálida compatibilidad de ideas e ideales. Él piensa que ella es hermosa, y aunque el amor es ciego, probablemente la imagen que él tiene de la belleza de esta dama de Venus es correcta. La mayoría de las mujeres Libra disfrutan de una plétora adicional de hermosura etérea, e incluso aquellas que no son beldades despampanantes tienen sonrisas encantadoras que pueden encandilar al hombre y paralizar temporalmente su sentido común. Ella piensa que él es el hombre más superespabilado que ha conocido en su vida. Claro que a veces su inteligencia es desconcertante: gira y tuerce por extraños atajos, con la imaginación ilimitada del auténtico genio, burbujeando en surtidores de refulgencia y estallando luego en tornados de razonamiento ilógico.
La circunstancial falta de lógica de sus razonamientos la turba un poco, pero ella a su vez es suficientemente sagaz y lúcida para intuir la magnitud del intelecto que tantea dentro de la imprevisible inspiración de él, buscando un punto de apoyo en la realidad. Él también valora la mente refinada de ella, y capta enseguida su capacidad para conversar con él sobre una multitud de temas, y para retener por tanto su interés con algo más que sus curvas y sus hoyuelos. Igualmente, es posible que tengan algunas discrepancias radicales en el plano intelectual y filosófico. Ella disfruta del lujo, la belleza y la comodidad. Su naturaleza optimista la induce a rechazar con disgusto todo lo feo, desdichado o deprimente, y esta languidez de Libra puede chocar con los grandes e indiscriminados impulsos humanitarios de él. Al Aguador lo preocupan los niños hambrientos de todo el mundo, el peligroso desequilibrio ecológico, la contaminación del aire y el agua, los aprietos del indio norteamericano… toda forma de malevolencia y decadencia en el contexto humano, y respecto de la Madre Naturaleza. La dificultad de ella para lidiar con lo desagradable le hará pensar que es una mujer egoísta yhedonista, y así se lo dirá sin eufemismos. Libra está muy preocupada por la injusticia en todas sus formas, y alimenta el deseo instintivo de implantar en el mundo la igualdad y la bondad. Sin embargo, es posible que, como todos los Libra, al principio se resista a contemplar los medios específicos necesarios para curar los males del mundo, en razón de su renuencia natural de Venus a enfrentar y aceptar los aspectos negativos de la vida.
El debe encauzarla con más delicadeza hacia la comprensión cabal del sentido de justicia de Libra, evitando aplicarle epítetos escarnecedores tales como «haragana», «chiquilla malcriada» y «despreocupada» antes de que ella encuentre el camino hacia la luz de la antorcha que él enarbola. En cuanto a ella, si quiere vivir dichosamente con este hombre, deberá aprender a modificar sus prioridades, y deberá encontrar la forma de hacerle saber que realmente está más preocupada por la pobreza y la desdicha de este mundo que por las últimas modas, los autos más lujosos, las fiestas, las diversiones y la cultura o las artes. El Aguador evolucionado y típico nunca adorará a la mujer Libra que insiste en usar abrigos de piel, y sobre todo abrigos de foca, confeccionados con las pieles de sus amigos animales asesinados. A pesar de que entre ellos existen estas áreas de tensión potencial, los dos encontrarán sosiego y tranquilidad en su fusión sexual. Sus corazones y cuerpos concuerdan de manera perfectamente armónica, no obstante las confrontaciones circunstanciales de sus intelectos. Y a menudo el júbilo que experimentan cuando dan y reciben amor mediante su expresión física tiene el poder de curar, o por lo menos de suavizar, las aristas de sus diferencias intelectuales. A Libra y Acuario les resulta fácil alcanzar la intimidad de la carne y las emociones, y aquella siempre genera la paz espiritual. En esta faceta de su amor, están maravillosamente afinados, sus cuerpos están sintonizados… y sus pasiones conocen de memoria la letra de la música con que se acompañan al hacer el amor. Es como si se hubieran amalgamado así muchas veces. Y esto es lo que ha ocurrido. Porque toda vibración 5-9 indica previas encarnaciones de compenetración… un acoplamiento de las almas y los cuerpos en vidas pretéritas parcialmente recordadas, que aún poseen el poder necesario para obsesionarlos con una nostalgia indefinible, sobre todo en sus momentos de contigüidad sexual.
La primera vez de su unión física nunca parece una “primera vez». Hay algo familiar en lo que experimentan. La mujer Libra que desea conservar el amor esquivo de un hombre Acuario debe permitirle que lleve la batuta. No hay otra manera. Sin embargo, es más que posible que, después de que hayan concluido todos sus desacuerdos y sufrimientos, penas de amor y batallas egocéntricas, ella tenga la última palabra. Si es paciente.
Libra - Acuario
Libra sopla burbujas constantemente, y Acuario las revienta sin parar. Al principio todo esto es histéricamente divertido, desbordante de alegría, como un juego. Pero después de un tiempo el juego se agota. Entonces Libra se pone de mal humor, y a Acuario lo enfurece que no lo comprendan. Libra acusará a Acuario de ser terco. (Es cierto: Acuario es un signo fijo.) Acuario acusará a Libra de ser autoritario. (También es cierto: Libra es un signo cardinal de liderazgo.) Después de este intercambio de verdades, Libra intentará ser equitativo, confesará ser un poco autoritario, y se disculpará con tanta dulzura que el Aguador se sentirá mezquino al seguir insistiendo en que no es terco (o terca). Sin embargo el Acuario continuará siendo mezquino al no reconocer este defecto de su carácter, porque a las personas nacidas bajo un signo solar fijo casi siempre les resulta imposible convencerse de que sus faltas no son virtudes. Además, Acuario opina que estas discusiones son una pérdida de tiempo. La gente se entiende entre sí o no se entiende. Si no se entiende, ni siquiera debería hablar. Debería despedirse con un ademán y alejarse camino abajo. En este caso, no debería derrochar energías en reyertas. La vida está demasiado llena de cosas interesantes para hacer. Así es como Acuario gana las discusiones. (Estas personas son desmedidamente prácticas cuando se trata de malgastar movimientos, y son un poco egoístas cuando se trata de contemplar un punto de vista distinto del suyo propio.) Lo que debería haber dicho es que así es como Acuario gana las discusiones con la mayoría de las personas. No le resultará tan fácil ganar si su interlocutor es un Libra. Muy pocos individuos superan a Libra en discusiones, debates o controversias.
Los Acuario tienen una táctica para ganar una contienda con el sombrero. Se lo encasquetan y se van. Ésta es una estrategia que el Aguador tal vez empleará cuando intuya que Libra está ganando mediante la lógica pura. Como ambos pertenecen al elemento Aire o mental, cuando no estén implicados en una disputa verbal estarán aguzando sus finos intelectos con conversaciones productivas, que nunca son menos que estimulantes y desafiantes, tanto cuando excitan como cuando inspiran. Además, como sobre ambos influye la vibración de la configuración de signos solares 5-9, un desacuerdo entre Libra y Acuario casi nunca será grave o duradero. Siempre tendrán una base emocional e intelectual para disculparse y empezar de nuevo. Aún en el caso de los rarísimos Libra y Acuario que se separan y dejan de ser amigos íntimos, que finalmente interrumpen por algún motivo una relación cotidiana, es muy probable que ninguno de los dos le guarde rencor al otro ni hable mal de él, porque independientemente de lo que ambos digan o hagan, en el fondo, se entienden entre sí mejor que con la mayoría de las otras personas que conocen. A menudo Libra y Acuario sustentan un interés común por los niños, los animales, la educación superior, los viajes a países extranjeros, la religión, la filosofía y las artes. Sus soles están en trígono, y esto les suministra sueños e ideales entrelazados, independientemente de las diferencias personales que puedan tener de tiempo en tiempo. Lo admita o no el Aguador, éste (o ésta) reconoce y respeta el hecho de que Libra siempre se esfuerza por ser equitativo e imparcial. Lo admita o no Libra. éste (o ésta) reconoce y respeta la virtud de tolerancia de Acuario y los objetivos humanitarios de Urano. La admiración y el respeto inevitables siempre flotan entre ellos, aun cuando la atmósfera que los rodea esté enardecida por una confrontación intelectual. La compatibilidad básica es resistente y sana, porque estos dos comprenden sus respectivas motivaciones, aunque a menudo intenten negarlo acaloradamente.
Quizá haya circunstancias en que la conducta excéntrica de la persona regida por Urano altere temporalmente el delicado equilibrio de la Balanza de Libra. Cuando los Acuario están enfadados tienden a comportarse de una manera muy emocional, y en estos trances la tensión puede enfermar literalmente al Libra. Las personas regidas por Venus necesitan de la armonía, y la tensión puede afectar seriamente a sus nervios. Tal vez haya otras circunstancias en que la tendencia de Libra a contemplar siempre las dos alternativas de un problema sea interpretada por los Acuario como una prueba de deslealtad. Como ya he dicho, los Acuario creen que hay una sola alternativa: la suya. Las opiniones de un signo fijo son, quizá naturalmente, más fijas que flexibles. Los Acuario son en verdad totalmente desprejuiciados y tolerantes, excepto cuando se trata de un enfrentamiento personal emocional. La mayoría de los Libra —excepto aquellos que tienen un aspecto muy negativo en el Sol natal de sus horóscopos— poseen, merced a la influencia del manso planeta Venus, lo que Hemingway llamaba «indulgencia bajo presión». Ésta vendrá bien cuando a Acuario se le queme imprevistamente un fusible de Urano, porque los Aguadores son susceptibles a los impulsos eléctricos del cosmos, y sea lo que fuere lo que hagan, probablemente lo harán en forma impulsiva y súbita. La persona Libra provoca a menudo los mismos problemas que desea evitar, por su renuencia a desentenderse de ellos. Después de un típico estallido eléctrico de comportamiento excéntrico, los Acuario normalmente desaparecen, y se niegan a comunicarse en absoluto durante un determinado lapso.
Si los dejan en paz, terminan por olvidar qué fue lo que los ofuscó y retoman su habitual personalidad chalada, encantadora y fascinante. Pero es posible que Libra continúe reclamando una explicación o siga tratando de conquistar una victoria decisiva en el contexto del desacuerdo, en lugar de permitir que éste quede perdonado y olvidado. Los Acuario no soportan que los acorralen para exigirles una respuesta. Se sienten como una mariposa atrapada en un frasco, y ésta es una sensación muy incómoda. A los Libra no les fastidia para nada que los acorralen y les exijan una respuesta. Esto les suministra una oportunidad maravillosa para pesar los pros y los contras, ejercicio que les resulta inmensamente estimulante, siempre que todos sigan siendo corteses y considerados y nadie se ponga a gritar groseramente. Sus reacciones individuales respecto del conflicto y la controversia constituyen una importante diferencia básica entre ellos, pero una vez que lo comprendan, y que lo tengan en cuenta, Libra y Acuario podrán flotar por un hogar, un aula, un laboratorio, una cápsula espacial, una oficina o un granero sobre las nubes algodonosas de la cooperación mutua. Libra puede inculcarle aplomo y serenidad a Acuario, y el Aguador puede enseñarle a Libra que en el mundo nada es blanco o negro, lo uno o lo otro, sino que todo es gris, una mezcla. Por tanto, la tolerancia es el único medio para equilibrar la vida en cualquier balanza. Acuario es el inventor de nuevas ideas. Libra es el arquitecto que las diseña para el uso práctico. Es fácil ofender la susceptibilidad de Libra. Sin embargo, la mente humana aún no ha concebido algo capaz de ofender la susceptibilidad de Acuario. Absolutamente nada espanta a un Acuario, en tanto que cualquier idea, conversación u objeto que no tiene pintadas encima flores de colores suaves ofende los gustos refinados de Libra. Es muy natural que el Acuario, por el hecho de ser un Aguador y de estar también hondamente preocupado por el futuro del planeta, se entusiasme por el sensato concepto ecológico de algo así como el inodoro sin agua.
El Aguador le explicará excitadamente-a Libra que éste es el único medio para salvar a todas las aguas de la Tierra de la contaminación que avanza a pasos agigantados, en razón del constante crecimiento demográfico y del consiguiente aumento de las toneladas de desechos que se vuelcan todos los años en los lagos, ríos, arroyos y océanos. A medida que se entusiasme con el tema, el Acuario expondrá la teoría de que el gobierno debería aprobar una ley en virtud de la cual todos los hogares estarían obligados a utilizar un retrete sin agua, dejando que el coste se descontara de la suma adeudada a Hacienda en el curso de ese año por cada persona que instalase dicho dispositivo para sustituir el actual sistema de agua corriente, que despilfarra el precioso líquido y lo contamina. —¡Piensa un momento! — exclama Acuario—. Es totalmente inodoro, y los únicos residuos que una familia de seis personas debería eliminar una vez por año equivaldrían a un bote de café lleno de cenizas (también inodoras) que se esparcirían sobre el césped del jardín para que todo crezca mejor y más rápidamente. Ahora bien, a Libra le encantaría adherirse a cualquier iniciativa que contribuya a la preservación del «equilibrio» ecológico, pero la descripción detallada de algo tan escatológico asociado con el grosero proceso de evacuación probablemente lo (o la) hará ruborizar furiosamente, y una expresión de extremo disgusto cruzará por los rasgos bellos y apacibles de Libra. —Está bien, está bien —Acuario se encoge de hombros coléricamente—, si prefieres seguir utilizando aguas contaminadas por los residuos corporales de otras personas, para beber y bañarte, y si quieres garantizar que tus nietos, y quizás incluso tú y tus propios hijos, no tendárn una gota de agua pura para beber dentro de una o dos décadas, sigue pulsando el botón de tu maldito retrete, y rociando tu baño con aromas artificiales de clavel envasado en botes de aerosol que destruyen la capa de ozono que rodea la Tierra, pero recuerda que yo te lo he advertido. A este planeta lo salvarán las turberas y el abono natural y el estiércol, y no los lujos perfumados, los baños de burbujas y toda tu música y tu arte refinados.
El Aguador se va impetuosamente, y deja atrás a Libra que debe tumbarse y recuperarse de tanta fealdad, en un estado próximo al colapso nervioso por el suplicio de tener que sopesar mentalmente los platillos marcados: Supervivencia y Día del Juicio Final. Pocos minutos después, el Aguador regresa súbitamente, y grita a voz en cuello: ¡HE DICHO ESTIÉRCOL! —y después da un portazo y se va nuevamente. Los hoyuelos de Libra se borran, en estado de shock. Así es como Acuario gana una discusión. La indecisión oscilante de Libra ofuscará a Acuario, así como la tendencia uraniana de los Acuario adar un giro de ciento ochenta grados, después de tomada una decisión (Libra jamás procede así), pondrá histérico a el o la Libra. Decídete! —vocifera Acuario. —Bueno, yo por lo menos no cambio de idea, una vez que he tomado una decisión como lo haces tú —replica Libra a la defensiva, pero suavemente. —¿Cómo podrías saberlo? —contraataca Acuario—. Nunca en tu vida has tomado una decisión. Libra sonríe radiantemente. Mil bujías, un millón de soles, iluminan la habitación. —¿Acaso no he decidido ser tu amigo? Y nunca lo he lamentado. Otras personas pueden pensar que estás loco, pero a mí me parece que eres un genio. ¿Te dije que he encargado un retrete sin agua? Acuario calla, avergonzado. Libra vuelve a sonreír, y sus hoyuelos aparecen y desaparecen. —Caray, lo siento mucho —murmura al fin el contrito Aguador—. A veces digo las cosas más disparatadas. Realmente no sé qué haría sin ti. (Y así es cómo Libra gana las discusiones.) Se necesita estudio.
Hombre LIBRA - Mujer CAPRICORNIO
Curiosa y desgraciadamente o (afortunadamente; en verdad no puedo decidir si es lo uno o lo otro, y tampoco puede Libra) esta relación por lo demás tensa y desafiante influida por la configuración de signos solares 4- 10, está agraciada por un factor intrínseco más que positivo, que posiblemente el hombre Libra y la chica Cabra no usufructuarán. Tomando en cuenta, claro está, la cantidad normal de excepciones que confirman la regla, el hombre Libra pertenece a uno de los seis signos solares —los otros son Aries, Géminis, Sagitario, Acuario y Piscis— cuyos representantes masculinos (si no son una de las raras y perversas excepciones) suelen aceptar muchas de las reivindicaciones que postula el Movimiento de Liberación Femenina, si no todas. ¿Por qué no? Es justo. Es equitativo. Es tolerante y adaptable al cambio, ya sea en su propia esfera personal, o en el área más vasta de la reforma social generalizada. Es considerado, lógico, razonable, y está plácidamente dispuesto a escuchar a todos los bandos opuestos, incluidos los bandos opuestos del conflicto masculino-femenino de la era de Acuario. En la otra oscilación del péndulo, la mujer capricorniana nació bajo un signo cardinal de liderazgo (igual que él) y debe conducir algo o a alguien en algún momento… en alguna dirección. Le gusta estar a cargo de su propia vida, y de todas las cosas y de todas las personas que pueda guiar y disciplinar con esa actitud de «abuelita sabelotodo» que flota alrededor de ella (y que empezó a flotar alrededor de su aura cuando tenía aproximadamente seis años). Está maravillosamente dotada para ser una profesional capitalizada, es una estupenda ejecutiva, y se las apaña para sacarlo todo serenamente adelante, con una técnica prudente y realista, ya se trate de sufrir y deslomarse para mantener cohesionado un hogar sin padre en un gueto, y de ser un colosal y reconfortante bastión de estabilidad y salvación para todo el mundo… de dirigir una tienda de antigüedades, una estación de servicio (es lo que hacen algunas chicas Cabra) o una empresa de camiones… de dictar las reglas para una agencia de Bolsa… de administrar un lavadero de autos o una escuela de entrenamiento para perros pastores. Con su voz y sus modales educados (cualesquiera que sean sus verdaderos antecedentes) y su aplomado sentido común, está divinamente pertrechada para ser una profesional de éxito. Ahora fíjense en su hombre Libra… más bien propenso a ver con buenos ojos que su mujer trabaje o tenga una profesión. ¿No dirían que éste es un factor más que positivo para su relación? Lo más probable es que la responsable de que no siempre le saquen provecho sea ella.
Aunque ella necesita conducir —puesto que, como dijimos más arriba, es cardinal, igual que Libra— la capricorniana típica es reacia a conducir desde la primera fila, espectacularmente. La Cabra (macho o hembra) prefiere ser la «araña» replegada en el rincón, que tira de los hilos entre bastidores y hace que las cosas sucedan, sin bulla ni fanfarria. A la chica Cabra le resulta difícil encontrar en el mundo de los negocios el puesto de mando discreto que ella busca. Las cosas aún no han progresado tanto como para generar la situación ideal. Con excepciones muy raras y afortunadas, a la mujer capricorniana generalmente sólo le quedan dos opciones en la carrera tras el éxito: a) un puesto subordinado y mal remunerado, porque es mujer, o b) un cargo digno de sus aptitudes, al que sólo puede tener acceso si arremete agresivamente y si se hace acreedora a la atención de todos (por ejemplo, del Business Week y de Hacienda) una vez que ha llegado. Como se niega a obedecer órdenes mansamente, a ser un pequeño engranaje de la maquinaria, y como el tipo de liderazgo al que aspira no está en la cúspide del poder donde debería renunciar a su intimidad personal, la chica Cabra típica, bastante tímida, encuentra su sitio en la profesión artística o en algún otro tipo de actividad «solitaria» análoga… o resuelve convertirse en la «araña del rincón» dentro de su hogar, donde, para satisfacer las ambiciones de su signo solar tejerá discretamente sus redes estratégicas, en un segundo plano, «conduciendo» y manejando a su pareja, sus hijos, sus parientes y amigos con tanta sutileza, que éstos casi no lo notarán.
Aquí los tenemos, entonces. Un hombre Libra jubilosamente dispuesto a permitir que su dama trabaje fuera de casa… y una mujer capricorniana que prefería convertirlo a él en su profesión. ¿Conocen el axioma que dice que «detrás de cada triunfador se oculta una mujer»? A menudo es una capricorniana. Las Cabras no derrochan su tiempo valioso en algo menos que el éxito. Si esta mujer ambiciosa guía a su hombre, ciertamente no lo guiará hacia el fracaso. Cuando lo ayude a lograr algo, fuera lo que fuere, tendrá la vista puesta en el resultado más fructífero. Lo que sucede es que tal vez él prefiera que ella obedezca sus instintos cardinales fuera del hogar, y no dentro de éste. A él le encanta ser el hombre al que ella es fiel y leal, el hombre que ella ama y venera y protege (de sí mismo), pero es posible que lo subleve la idea de que ella lo convierta en «la carrera de su vida». Él pertenece al elemento Aire, y la primera lección que la mujer «terrenal debe aprender acerca del hombre «aéreo» que ama (sobre todo del signo de Aire cardinal) es que el «aire» busca la libertad de movimientos, y sencillamente no soporta las restricciones… porque éstas lo vuelven rancio. Más aún: apenas le levanten la tapa, se fugará. Dejen que un hombre de un signo de Aire revolotee y sueñe en paz, que merodee mentalmente, siguiendo las brisas de sus preferencias, y se mantendrá, dichosamente, más o menos cerca. Intenten embotellarlo o encajonarlo, y se volverá agresivo, discutidor y rencoroso… y se encrespará fácilmente, trocándose en un tornado o un huracán de cólera. Después se lo llevará el viento.
Si ella está sinceramente arrepentida y realmente quiere recuperarlo, es posible que él vuelva. Ella deberá ser equitativa, confesar su error y pedirle que comprenda su punto de vista. No, modifiquemos esto. Está bien que confiese su error y le pida comprensión. Probablemente él reaccionará como un perfecto ángel. Pero quizá no sea prudente pretender, por lo menos abiertamente, que él vea las cosas como las ve ella. Tratándose de un Libra, siempre es un error hacer hincapié en la defensa de una visión determinada de cualquier problema, si pretenden que él transija. Enumeren todos los elementos positivos de un enfoque, y este hombre empleará instintivamente toda su energía mental, todo su razonamiento deductivo y su lógica brillante (de los cuales, crean, por favor, está generosamente provisto) para nivelar la Balanza mediante una defensa elocuente del enfoque opuesto… cualquiera que éste sea. Poco importa de qué lado creía él que estaban sus simpatías, anteriormente. Cambiará de idea (aunque se trate de una vieja convicción) sólo para ganar un debate interesante. En el desafío de la controversia hay algo que parece hipnotizarlo, hasta hacerle olvidar literalmente cuál era la posición que él defendía al comenzar el «debate». Éste es el talón de Aquiles de Libra, y pocos se dan cuenta de ello. Personalmente, opino que es avieso e injusto aprovecharse de la debilidad del signo solar de este pobre hombre, pero podría haber circunstancias atenuantes cuando el fin justifique los medios. En estos casos, la chica Cabra sagaz tomará el partido de él hasta el fin, aclarará que ha cometido un error garrafal, recitará una especie de monólogo (difícil para una capricorniana, pero podrá practicar observando la destreza verbal de él) con todas las razones por las que él está en lo cierto y ella está tremendamente equivocada, sin concederse la mínima tregua, y cuidando que su argumentación parezca obviamente parcial e injusta con ella. El resultado será milagroso. Él quedará inerme, no podrá resistir los fuertes instintos «juidiciales» de su signo solar, y empezará a señalarle a ella todos los defectos de su argumentación, le demostrará de qué manera es injusta consigo misma, se ofrecerá a cargar por lo menos con la mitad de la culpa, y terminará precisamente donde ella quería que terminara: formulando una declaración verbal en la que manifestará comprender qué es lo que él ha hecho para agraviarla y preocuparla, qué es lo que determinó que ella se comportara en una forma tan posesiva y malhumorada.
El Libra apenas tendrá conciencia de lo que sucedió, y lo único que sabrá es que, de alguna manera, ha empezado a ver honestamente como tal se justificaban los sentimientos de la Cabra. Muy pronto él recuperará su personalidad normal, dulce y sentimental, le pedirá perdón y la exhortará a confiar en un nuevo comienzo. Entonces el Libra lucirá su tremenda sonrisa de Venus. Y ocurrirá lo que tenía que ocurrir: la avalancha resucitada de estremecimientos recordados, el anhelo familiar. Y la aflicción, también. Al comprender el dolor causado, involuntariamente, pero que fue una reacción al dolor… por ambas partes. A la aflicción siempre la sigue la compasión, la necesidad abrumadora de perdonar y ser perdonado. Una mujer capricorniana puede resistir (si quiere) toda tentación de poner a prueba el alma humana. Pero ni siquiera ella puede hacer frente durante mucho tiempo al fulgor deslumbrante de la sonrisa de Libra. Responderá con su propia sonrisita tímida, sus ojos y su corazón se ablandarán simultáneamente… y volverán a florecer las rosas en la nieve de enero. Sin embargo, es posible que ella no se derrita en sus brazos inmediatamente, si en su interior caen aún los copos de nieve. El Libra deberá emplear toda su ternura y su simpatía para corregir su repliegue frígido, después de que la ha hecho sentirse rechazada. Así como ella deberá desplegar toda su tierna persuasión para curar las heridas que infligió en la naturaleza optimista de él con sus modales fríos, de desaprobación. Pero esta mujer puede ser sorprendentemente dulce cuando confía en el hombre con el que hace el amor. A ratos su armonía sexual será esquiva. Sin embargo, podrán alcanzarla cuando ambos se esfuercen generosamente por averiguar qué es lo que necesita el otro, reconozcan las diferencias de deseos, y traten de corregirlas sinceramente… suavizando los rasgos que ofenden e imitando sus respectivas cualidades que admiran individualmente. La influencia restrictiva de Saturno puede determinar que ella parezca demasiado reservada y fría ante el hombre Libra romántico y locuaz. Como ella aborda el acto sexual con una lenta sensualidad, el ligero y aparentemente etéreo desapego de él puede dejarla con una sensación de vacío, y con el anhelo de una pasión más tangible. Pero si él se empeña, se regocijará y asombrará al descubrir el afecto y el sentimiento insospechados que ella lleva ocultos dentro de sí, y le bastará tener paciencia para hacerlos aflorar. Y ella comprobará que es mucho lo que puede enseñarle a este hombre acerca de la profunda materialidad de la unión física y la intimidad sexual, y que él está conmovedora-mente ansioso por aprender de ella. Ambos saldrán beneficiados si intentan parecerse más el uno al otro. Ella deberá tratar de ser más expresiva. Él deberá tratar de concentrarse más durante el acto amoroso. Entonces todo saldrá bien. El hombre Libra lleva en sí una reserva insondable de sentimiento, y sin embargo puede ocurrir que no sea suficientemente sensible a los secretos silenciosos de su mujer capricornio.