Misantropía leve
Creí que malo era el ser extraño a la ciudad, al tránsito, a las gentes; creí que estos dos hombros deferentes no harían al fruncirse sino daño,
pero he sabido hoy, que desentraño el alma de tenderos y clientes, que ser igual a todos los presentes y reírles su risa año tras año
la médula y las uñas envenena, va hilando de algodón una cadena que arañará después nuestra autopista.
Desde que me acumulo con el vulgo voy al altar sin desviar la vista Para no distinguir con quien comulgo.
David Leo García
Urbi et orbi












