Dios trata a sus hijos así. Él es como un águila, con sus poderosas alas extendidas, protegiéndonos a sus aguiluchos de cualquier daño. Él ya nos ha demostrado esto al permitir que su Hijo extienda sus brazos sobre la cruz para protegernos del daño de nuestro pecado, transgresiones y rebeliones.
¿Estás luchando contra alguna adversidad? Pide a Dios su protección como lo hizo David en el Salmo 17:8.
Te invitamos a orar:
"Padre, guárdame como a la niña de tus ojos. Gracias por la forma en que nos proteges y cuidas. Dame ojos para ver las muchas formas en que siempre estás haciendo esto por mi y por mis seres queridos, Escóndeme de los malignos bajo sombra de tus alas. En el nombre de Jesús, Amen"
















