empezar de cero
no es solo volver a empezar
es pelear contigo
mientras finges que puedes
dejar atrás lo que aún duele
y caminar hacia algo
que no conoces
— Gkiss ♡
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empezar de cero
no es solo volver a empezar
es pelear contigo
mientras finges que puedes
dejar atrás lo que aún duele
y caminar hacia algo
que no conoces
— Gkiss ♡
Saqué pendientes de donde no los tenía con tal de no pensar en ti.
LittleTurtle
Hay seres que caminan por el mundo con las manos llenas de cicatrices invisibles, hilos colgando del alma, agujas clavadas en el pecho y remiendos torcidos que apenas logran sostener lo que alguna vez fueron. Son los que aprendieron, a la fuerza, el arte de zurcir la vida. Los que recogieron los pedazos cuando todo se vino abajo y, entre temblores, fueron cosiendo uno por uno sus fragmentos, aunque doliera, aunque sangrara, aunque nada quedara igual.
Porque hay quienes sólo saben romper. Son torbellinos que arrasan con lo que tocan, sin comprender que detrás de cada desgarro hay una historia, una esperanza, un latido que pedía quedarse. Ellos destruyen porque no conocen la delicadeza del hilo, la paciencia de la costura ni el valor de una herida que decide cerrarse. Rompen porque temen mirar lo roto en sí mismos.
Pero los rotos… ah, los rotos sabemos.
Sabemos del temblor de las manos al volver a unir algo que dolió demasiado.
Sabemos del silencio después del llanto, de la calma fingida cuando el alma aún sangra.
Sabemos de la aguja que se hunde, del hilo que se enreda, del nudo que se hace cuando la vida se resiste a ser remendada.
Sabemos que no todo se arregla, que algunas grietas no desaparecen, pero también sabemos que hay belleza en seguir, aun parchados, aun con costuras que se notan.
Los rotos amamos distinto.
Miramos con ternura las fallas ajenas, porque reconocemos en ellas un reflejo de lo que somos. No exigimos perfección, pedimos verdad. Y cuando alguien llega con las manos vacías pero el corazón dispuesto, no tememos mostrarle las marcas. Le dejamos ver los puntos mal hechos, las cicatrices que no cerraron del todo, las zonas que aún duelen. Porque aprendimos que mostrarse roto no es debilidad, es una forma de amor honesto.
Los que sólo saben romper nunca entenderán eso. No comprenden que cada desgarro que dejaron nos enseñó a coser con más fuerza. Que cada ausencia nos enseñó a sostenernos solos. Que cada abandono nos hizo expertos en reconstruir. Mientras ellos siguen rompiendo, nosotros seguimos tejiendo. Mientras ellos destruyen lo que tocan, nosotros transformamos las ruinas en abrigo.
Y sí, quizá nuestras costuras no sean perfectas. Quizá tengamos más remiendos que piel. Pero cada hilo lleva una historia, cada puntada una lección. Somos la suma de todo lo que dolió y todo lo que resistió.
Porque el que rompe no sabe de vida, sólo de destrucción.
Pero los rotos… los rotos sabemos de renacer.
Sabemos del arte silencioso de volver a empezar con lo poco que queda.
Sabemos de la dignidad de no rendirse, de la belleza oculta en lo reparado.
Y aunque a veces duela, aunque a veces el hilo se rompa y haya que volver a enhebrarlo con lágrimas, seguimos.
Porque hemos aprendido que la verdadera fortaleza no está en no romperse…
sino en saber coserse una y otra vez, con las manos del alma.