Hora de cortesía
Elías:¿A qué sabe la soledad?¿Tendrá sus mieles acaso?
Martha: mmm...
Elías: Me lo he preguntado últimamente, no tiene razón de ser rodearse de la nada y meditar en exceso los pensamientos.
Martha: ¿Acaso tienes muchos pensamientos? - Comentó en tono burlón.
Elías: ¿Se te hace gracioso? - Se lo dice al oído mientras le toma del cuello
Martha: Pensé que cargabas era muchas ganas - Con una sonrisa picara, le mira de reojo a sus espaldas.
Elías: Pues tal vez si, pero no significa que mis pensamientos no las puedan apabullar.
Martha: "Apabullar", ¿qué palabra es esta?, tenemos un chico leido, lector, letrado, ¿cómo se dice?
Elías: No te hagas la tontita, mirá, mirá, mirá las estrellas, a alguna de esas le perteneces vos.
Martha: ¿Eso le dices a todas tus chicas?¿Acaso me vas a regalar el cielo?, yo lo que tengo es hambre
Elías: No ¿Qué sentido tiene regalar el cielo si no puedes regalar un avión en el cual llegar?, solo eres dueño del cielo si sabes volar.
Martha: ¡Qué bonito!, pero entonces, ¿Por qué estas acá?
Elías: ¿Acaso debe haber una razón para todo?
Martha: En mi mundo si, vengo aquí porque tengo que comer, por que vale mas un pedazo de carne que recoger granos de café.
Elías: Cierto,tienes razón, la soledad como te decía, podría pensarlo en otro lado pero aquí es más tranquilo.







