Esa es nuestra pequeña gran desgracia: éramos una imposibilidad que avanzaba entre tragedias.

seen from Singapore
seen from United States

seen from Netherlands

seen from Singapore
seen from China

seen from T1
seen from United States
seen from China

seen from Netherlands
seen from United States
seen from Canada

seen from United States

seen from United States
seen from Netherlands
seen from India

seen from Singapore

seen from Kuwait

seen from France

seen from China

seen from Netherlands
Esa es nuestra pequeña gran desgracia: éramos una imposibilidad que avanzaba entre tragedias.
A veces, creer que ya no te queda nada más que perder es justo lo que necesitas para que desaparezca el miedo a arriesgarte.
- Creo que es mejor equivocarse intentando hacer algo bueno que no intentarlo en absoluto. - Pero las buenas intenciones no borran los errores.
Lo sencillo que resulta revivir a alguien con algunas palabras con conversaciones y hechos pasados, y lo difícil que es deshacerse de ellos después. No existen historias de fantasmas que den más miedo que las que nos contamos a nosotros mismos. Aquellas que nos traen de vuelta a quienes amamos para luego volver a arrebatárnoslos.
Habíamos sido un accidente, la colisión de dos estrellas, una primavera apresurada.
Me besó antes de que pudiera responder. Antes de que pudiera decirle que yo también lo quería a él, de esa manera y de tantas otras que parecía que un solo verbo no pudiera contenerlas todas. Lo quería por su risa escondida y por las lágrimas que me había enseñado. Lo quería por las discusiones que habíamos tenido y por todas las disculpas. Lo quería por cada secreto que había destapado para mí. Lo quería a centímetros y a distancia. Lo quería fuese como fuese.
Hay momentos en los que no hay ninguna mentira que pueda convencer tanto como la verdad.
Para mí los recuerdos son difíciles. Con mucha frecuencia me resultan dolorosos. Una cosa curiosa que tiene el dolor es que te roba tu vida entera, todos esos años fundacionales que lo convirtieron a uno en lo que es en la actualidad, y resulta tan doloroso rememorarlos debido a la ausencia que se siente ahí, que de repente se vuelven inaccesibles.
“Rojo, blanco y sangre azul” de Casey McQuiston