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Yo te pedí perdón por haber sido tan insegura. Pero, ¿Y tú? ¿Acaso me pediste perdón por todas aquellas mentiras? Pues no.
Y francamente lo sigo esperando...
Diciembre 28
Hoy vino a mi casa a almorzar una amiga de la universidad, teníamos que hacer un informe que se entregaba hoy y, mientras estábamos en eso, sentadas en el sofá; vino un tema relacionado con el pecado. Confieso que no consumo carne y soy bastante reacia a los alimentos de origen animal desde tiempo, descubrí hacía unos días, por mi papá, que Dios le dijo a Adán y a Eva que podían comer carne en el jardín del Edén. Me había olvidado de ese detalle y mi conclusión fue: que si Dios lo permitió, precisamente en el jardín, es porque es necesario comer un poco de carne, huevos y leche. Yo ignorantemente me basaba en que, si Dios le dejó a Adán y a Eva tantos árboles para comer, era porque no era necesario matar animales y comerlos.
Estábamos hablando de eso, sobre comer sólo vegetales, legumbres y semillas, cuando le comenté a mi amiga, quien sabe que soy cristiana, que descubrí aquello en la Biblia, “que sí se puede comer carne, es necesario” le dije; entonces, muy risueña ella me contestó: “Oh, estás pecando. Te irás al infierno”
Yo sonreí y recordé algo que hacía unos meses había descubierto.
Sí, el pecado nos corrompe, nos enferma la mente y el cuerpo, destruye nuestra conexión con Dios y nos lastima silenciosamente, pero es el orgullo y la soberbia que hace que muchos prefieran arreglar esa enfermedad por sí solos, porque prefieren ser dioses de sus propias vidas, antes que dejar todo en manos de Dios. Esa confianza de dejar todo en manos de ÉL, sólo existe cuando sentimos amor por Dios, motivado por la obediencia.
La obediencia se sustenta en el amor y temor hacia Dios y, si no las poseemos, ¿qué motivará la obediencia? Pues nada.
Ahora bien, nuestros pecados son los que serán expuestos en el Juicio de Dios, tanto para justos como para injustos. Mi amiga, lamentablemente no es cristiana, cree en Jesús, pero no conoce la real importancia de que ÉL haya muerto en la cruz. Y confieso que quizá, para no incomodarla, no he he sido lo suficientemente directa con ella acerca de Jesús.
Le respondí lo siguiente:
“Nosotros nos vamos al infierno no sólo por los pecados, tiene que ver con algo más profundo. Yo cometo pecados todos los días, miento, tengo malos pensamientos, envidio y celo, pero...”
Ella me interrumpió y me dijo: “Pero está el arrepentimiento”
Y ahí me sentí feliz por su respuesta, porque comprendí que cuando le hablo de Dios, ella realmente me escucha: “Sí, el arrepentimiento es el primer paso, pero nosotros nos vamos al infierno porque no queremos aceptar a Jesucristo como nuestro Señor y Salvador. Tú tienes que pedir perdón por tus pecados y aceptar que ÉL es nuestro Señor y Salvador. Sólo así podrás estar bien con ÉL y no irás al infierno, porque querrás llevar una vida que esté lejos de los pecados... y servirle y conocerle sólo a Jesús”
Ella puso una expresión indescriptible, se puso en silencio un momento.
No recuerdo muy bien qué más le dije, generalmente cuando predico, suelo olvidar gran parte de las palabras que le digo a la gente.
No sé si le entregué bien el mensaje, pero esto me hizo pensar lo siguiente: esas personas que son cercanos a nosotros, que sabemos que no son cristianas y que en ocasiones a veces no desean escucharnos hablar de Dios (que no es el caso de mi amiga, siempre me escucha), continuemos hablándole aún más.
Dios me unió a ella por una razón (tengo otra amiga en la universidad que tampoco es cristiana) y solemos erróneamente subestimar nuestro vínculos con las distintas personas que nos rodean. Predicar a otros debe estar motivado por el amor, tal como Jesús lo hizo hace 2000 años, que vino a caminar entre nosotros, ÉL, Creador de todas las cosas, de todas las maravillas que conocemos, que, en vez de descender estimándose ser igual que Dios, prefirió tomar forma de un siervo.
Dios, ¡Dios! Nuestro magnífico Padre Todopoderoso vino aquí a enseñarnos la humildad, servir antes que ser servidos primero,¡cuándo ÉL debía ser servido!, se humilló a sí mismo, aceptó nuestras blasfemias contra él, nuestro odio y se dejó herir por su propia creación. Filipenses 2:5-8
No subestimemos a las amistades que no son creyentes, no subestimemos ni nos antepongamos a que no escucharán la palabra. Todo lo contrario, hablémosle aún más del Señor.
Recuerden que Dios guía nuestros pasos y desea que todos sus hijos se salven y nos usa para llamar a sus otros hijos. Y nosotros, motivados por ese mismo sentir que hubo en Cristo, debemos recorrer el mundo buscando a esos hermanos que están todavía perdidos, esperando ser hallados por su Creador.
El Perdón...
Un agravio es una emoción negativa intensa conectada con un suceso que pudo ocurrir en el pasado distante pero que se mantiene vivo gracias a un pensamiento compulsivo, repitiendo la historia en la cabeza o en voz alta: “esto fue lo que me hicieron" o "esto fue lo que alguien nos hizo". Un agravio también contamina otros aspectos de la vida. Por ejemplo, mientras pensamos y revivimos el agravio, la energía negativa puede distorsionar nuestra manera de ver un suceso que ocurre en el presente, o influir sobre la forma como hablamos o nos comportamos con alguien en el presente. Un agravio intenso es suficiente para contaminar muchos aspectos de la vida y mantenernos presos en las garras del ego. Se necesita honestidad para determinar si todavía guardamos agravios, si hay alguien en su vida a quien no haya perdonado totalmente, o a quien considere su "enemigo". Si es así, debe tomar conciencia del agravio tanto a nivel mental como de emotivo; eso implica tomar conciencia de los pensamientos que lo mantienen vivo y sentir la emoción con la cual el cuerpo responde a esos pensamientos. No se esfuerce por deshacerse del agravio. El esfuerzo de perdonar y de soltar no sirve. El perdón se produce naturalmente cuando vemos que el rencor no tiene otro propósito que reforzar un falso sentido del ser y mantener al ego en su lugar. Ver es liberar. Cuando Jesús enseñó que debemos "perdonar a nuestros enemigos", básicamente se refería a deshacer una de las principales estructuras egotistas de la humanidad. El pasado no tiene poder para impedirnos estar en el presente. Los agravios del pasado sí. ¿Y qué es un agravio? El peso de viejas emociones y viejos pensamientos rancios.
- Eckhart Tolle
Esta son las palabras de Dios para hoy. Hoy en día es muy común que las personas se ofenden y no se pidan perdón, el mundo, mejor dicho, las personas...
Maniesha Sujan, #terapeuta, nos habla de la #sanaciónpranavioleta y la importancia del perdón para mejorar nuestra salud física y emocional y siempre como complemento de la medicina tradicional. @laautonomica @RTVCes Maniesha Sujan es coach, terapeuta, regresionista (líder en cursos basados de Louisa Hay), experta en hipnoterapia, técnica ho”oponopono, sanación emocional, perdón, amor propio, prosperidad y…