Cartas a Silvia
Silvia puede ser: tu tía, mi abuela, tú amante o mi cómplice.
De todas las personas que existen y los nombres dados, encontrarse con una Silvia. Consuela, reta, llama, incita, en pasión del momento o ilusión de empatar; una idea, un sueño, una lección. Por la alegría de compartir el camino con arcoíris de sonrisas y lluvia de ideas sobre las posibles soluciones de los duendes traviesos convertidos en problemas. A veces en “musos” y catapultas creativas.
Tú Silvia, la mía...
Silvia puede ser una Ana, una Sofia, Una Katia. Llenas siempre de magia, de la ironía de ser quien te gusta eres cuando estás con ella (s). Del encanto que producen, en un baile al compás de unas caguamas, de sólo estar. De compartir aliento y vida.
No sé si me toque “regresar” (una vez que mi reloj haya llegado a cero), si me la vuelva a encontrar o siquiera pretender reemplazarla por alguien más.
Porque en eso, me encuentro un disparate descabellado y soez.
Porque no puedo pensar en cómo sería con alguien más.
Porque en realidad si es verdad que tod@s somos diferentes, únicos e irrepetibles.
De esa magia y realidad que solo ella (s) pueden crear, lejos está la probabilidad de volvértela a ganar.










