Que no te mientan los adultos. Su mundo es mucho peor y más caótico que el de ustedes los niños. Está lleno de traumas, de complejos, de taras incrementadas por el paso del tiempo, de frustración, de injusticia y, sobre todo, de miedo.
Realmente el miedo crece cuando las personas se hacen mayores. Entierran en lo profundo todo lo que les hizo daño alguna vez, y cuando ocurre algo que les recuerda a ese daño, el miedo se apodera de ellos y buscan protección desesperadamente. Brota una respuesta a menudo desproporcionada y desubicada. Descargarán sobre el objetivo más vulnerable que tengan a mano (tú), bajo la ilusión de verte como una especie de enemigo amenazante al que si no atacan terminará por devorarles, o peor aún, bajo la creencia de que hay un motivo para aleccionarte y enseñarte lo que es “bueno” o “malo” en base a sus vivencias, casi siempre insuficientes como para tener una visión madura y verdaderamente experimentada de la vida/mundo/existencia/realidad. Esto es totalmente invasivo e injusto. Tratan de introducirte un aprendizaje erróneo que no tiene por qué ayudar en absolutamente nada, que no te mientan. Cuídate de transformarte en lo que la sociedad llama ‘adulto’.
La verdad es que los adultos te envidian. Envidian entre muchas otras cosas tu inocencia, tu capacidad de expresión, tu capacidad de jugar, envidian que alguien te ame, cuide y se responsabilice de ti incondicionalmente. Envidian la frescura de tus emociones, la espontaneidad de tus actos, la descarada autenticidad con la que te manifiestas, tu realismo les recuerda lo falsa que es la máscara que la sociedad les ha obligado a construirse para defenderse del dolor y del miedo.
Luego se pasarán la vida tristes y desesperanzados con la sociedad por estar tan repleta de personas con máscara que actúan de forma feroz e inhumana. Pero es culpa suya, del sistema social al que sin darse cuenta contribuyen tanto actuando bajo los impulsos de auto reflejo de una educación impuesta por el mundo adulto, mucho peor y más caótico que el de ustedes los niños.
Es increíble y casi aberrante el miedo a la muerte que paradójicamente generan en sí mismos. No hay nada que revele más la ignorancia espiritual, que un anciano con miedo a la muerte. Fue probablemente un adulto que por miedo a “morir”, se imposibilitó vivir en plenitud, porque ese, es el recado que le ha dejado su niño interior, vivir sin miedo, la única manera digna de vivir/morir. La mayor aspiración de la sociedad es permitirse su eterna niñez. Importantísimo no confundir con infantilismo. Infantilismo es evitar la realidad generando la ilusión de un orden, con tal de no enfrentar lo aterradoramente cruda que es la vida.