Dime que música oyes y te diré quién eres
Cuando pensamos en métodos para adelgazar generalmente pensamos en dietas, ejercicios y toda una serie de aburridas rutinas a las que tenemos que someternos para perder unas pocas libras, sin embargo existen procedimientos, que si bien es cierto no gozan de la más grande popularidad en el ámbito científico, podrían ser una opción para ti, siempre y cuando no comprometan tu salud. Dicho esto, en este post vamos a hablar de la música como método para adelgazar; así es, tal como lo leíste, por lo tanto presta atención a lo que sigue.
El mundo es música, escuchamos música y hacemos música todo el tiempo, aún sin que nosotros mismos nos demos cuenta de ello. Es como lo dijo Friedrich Nietzsche, uno de los más grandes humanistas de nuestro tiempo, “la vida sin música no tendría sentido”. Desde las sonatas de Bach, hasta las obras maestras de Beethoven, nuestra vida ha venido acompañada de una serie de ritmos que han enmarcado cada una de nuestras etapas; cada recuerdo viene acompañado de un tema específico, y cada ritmo en particular se convierte en un recuerdo, la música y nuestro ser van ligados el uno con el otro en una especie de cordón umbilical invisible que parece engrosarse a medida que vamos alimentando nuestro repertorio musical (y ya que mencionamos a Bach, quizá te interese conocer algo acerca de las Flores de Bach y demás remedios homeopáticos, simplemente haz clic Aquí).
Nuestro estado de ánimo determina el tipo de música que queremos escuchar; si estamos alegres, algo movido, si por el contrario nos sentimos tristes y deprimidos algo suave para que acompañe nuestra soledad. El sitio http://www.muyinteresante.es/ recopila algunas frases de algunos de los músicos y compositores más destacados a lo largo de la historia refiriéndose precisamente a la importancia de la música; por ejemplo, Beethoven decía: “La música es una revelación mayor que toda la sabiduría y la filosofía" y John Lennon afirmaba: “Siempre estoy quejándome de lo difícil que es componer o de lo que sufro cuando lo estoy haciendo, que cada canción que he escrito ha sido casi una auténtica tortura”. Puede que la música resulte una tortura cuando, en el caso del ex beatle, se tenga que componer, pero el resultado final es maravilloso.
Centrándonos en nuestro tema, cuando hacemos ejercicio la música puede cumplir el papel de un entrenador personal o motivador al estimularnos a cumplir la meta trazada, o incluso a superarla. Nuestro cerebro, cuando escuchamos aquella tonada que tanto nos gusta, no actúa como una simple grabadora que registra el “ruido” que se da en el ambiente; lo que hace es distribuir aquel estímulo sonoro a las distintas regiones del encéfalo, que es el lugar en el que tienen cita los procesos de reconocimiento e interpretación. Luego, el cerebro comienza a liberar cierta cantidad de serotonina, la hormona encargada de controlar el sueño y el estado de ánimo y que se conoce también como “la hormona de la felicidad” debido a los efectos que produce en el organismo. La serotonina ayuda a que el sistema nervioso trabaje correctamente; cuando esta se da en bajas cantidades vamos a experimentar sensación de tristeza y depresión; cuando sucede lo contrario, vamos a sentir ganas de hacer ejercicio y mantenernos activos
El autor y miembro de la International Society of Neuro-science, Eric Jensen, afirma que el impacto de la música se extiende hasta el latido del corazón; “Entre más rápido el compás de la música, más rápido será el latido del corazón”, agrega el autor de “Cerebro y Aprendizaje: Competencias e Implicaciones Educativas”. Jensen agrega que la música eleva la estructura molecular de nuestro cuerpo, lo que significa que nuestro cuerpo resuena a una longitud de onda molecular estable; el investigador asegura que la música tiene sus propias frecuencias vibratorias, las cuales resuenan o chocan con los propios ritmos de nuestro cuerpo. Jensen declara que cuando ambos (cuerpo y música) resuenan en la misma frecuencia vamos a sentirnos en “sintonía”, lo que nos ayudará a captar mejor la esencia de las cosas, a estar más conscientes y alertas.