⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀❝⠀𝐵𝑒𝑛𝑒𝑎𝑡𝘩 𝑡𝘩𝑒 𝑚𝑜𝑜𝑛, 𝑖𝑛 𝑠𝘩𝑎𝑑𝑜𝑤𝑠 𝑤𝑒 𝑠𝑤𝑒𝑎𝑟,
⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀𝑎 𝑙𝑖𝑓𝑒 𝑓𝑜𝑟 𝑝𝑒𝑎𝑐𝑒, 𝑛𝑜 𝑤𝑎𝑟 𝑡𝑜 𝑏𝑒𝑎𝑟.
⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀𝐶𝑙𝑎𝑤𝑠 𝑎𝑛𝑑 𝑓𝑎𝑛𝑔𝑠, 𝑏𝑙𝑜𝑜𝑑 𝑖𝑛 𝑡𝘩𝑒 𝑎𝑖𝑟,
⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀𝑡𝘩𝑒 𝑉𝑎𝑙𝑙𝑒𝑦 𝑐𝑎𝑙𝑙𝑠, 𝑖𝑡𝑠 𝑙𝑎𝑢𝑟𝑒𝑙𝑠 𝑟𝑎𝑟𝑒.
⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀𝐸𝑎𝑐𝘩 𝑐𝑦𝑐𝑙𝑒 𝑟𝑒𝑣𝑖𝑣𝑒𝑠 𝑡𝘩𝑖𝑠 𝑎𝑛𝑐𝑖𝑒𝑛𝑡 𝑑𝑒𝑐𝑟𝑒𝑒,
⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀𝑎 𝑙𝑖𝑓𝑒 𝑓𝑜𝑟 𝑎𝑛𝑜𝑡𝘩𝑒𝑟, 𝑠𝑜 𝑛𝑜𝑛𝑒 𝑚𝑎𝑦 𝑏𝑙𝑒𝑒𝑑.⠀❞
El domingo siguiente, la lluvia caía en un constante murmullo sobre los techos de la ciudad. Las calles estaban vacías, y una niebla envolvía los edificios, dándoles un aire misterioso y antiguo. Era el tipo de día que parecía hecho para perderse en los propios pensamientos, así que, a pesar del frío, decidí salir a caminar.
Me dirigí al Parque Eldridge, un lugar que siempre me había parecido un poco extraño, incluso en los días más soleados. Tenía una reputación de ser un sitio donde las historias de miedo parecían cobrar vida, y no me sorprendió encontrarlo vacío. Excepto por una figura solitaria junto al lago, con un cabello azul que resaltaba contra el gris del entorno.
Algo en esa chica me llamó la atención. Me acerqué, tratando de no hacer ruido, pero cuando estuve más cerca, sentí una inquietud inexplicable. Su presencia era diferente, había algo en ella que me resultaba perturbadoramente familiar.
De repente, la chica se giró y me miró directamente. Sus ojos, de un tono ambarino tan intenso que contrarrestaban con su cabello, me atraparon. Me sentí incómoda, pero al mismo tiempo, curiosa.
—Hola —dijo, con una voz suave y firme a la vez.
—Hola —respondí, intentando sonar casual—. No esperaba encontrar a nadie aquí.
—Tampoco yo —respondió, esbozando una leve sonrisa—. Pero este lugar siempre ha atraído a quienes buscan algo más.
El silencio que siguió fue incómodo. Ella me estudiaba, y yo no podía dejar de sentir que había algo extraño en todo aquello.
—Erikka, ¿verdad? —preguntó de repente.
Me quedé helada. ¿Cómo sabía mi nombre? Nunca había visto a esta chica antes.
—¿Nos conocemos? —le pregunté, intentando ocultar mi sorpresa.
—No personalmente —respondió ella, sonriendo de una manera que no me tranquilizó en absoluto—. Pero creo que nuestros caminos están más entrelazados de lo que piensas.
Sentí un nudo en el estómago. Algo no iba bien.
—¿Quién eres? —le pregunté directamente.
Ella bajó la mirada hacia el lago, como si estuviera decidiendo cuánto contarme. Luego, me miró de nuevo, con una intensidad que me puso los pelos de punta.
—Soy Nora Nighthowl —dijo finalmente—. Mi familia tiene una larga historia en esta ciudad, aunque hemos sido bastante buenos para mantenernos ocultos… hasta ahora.
El nombre me golpeó como un mazazo. La leyenda que Mark había contado en el pub, las historias sobre los Nighthowl, todo comenzó a tener sentido.
—¿Nighthowl? —murmuré, casi para mí misma.
Nora asintió, como si supiera lo que estaba pensando.
—Nos mantenemos en las sombras por una razón. Y por lo que he oído, tú también guardas tus propios secretos. Pero hay algo más que debes saber. Estoy aquí porque tengo que llevarte conmigo.
El aire se volvió pesado de repente. Sentí que mi corazón, quien nunca daba señales de vida, latía con fuerza en mi pecho mientras intentaba procesar lo que acababa de decir.
—¿Llevarme contigo? ¿De qué estás hablando? —pregunté de manera negativa.
Nora dio un paso hacia mí, y por un momento, su mirada se suavizó.
— No puedo explicártelo aquí pero.... Eres parte de un acuerdo. Un pacto que hay entre tu raza y la mía para evitar una guerra. — Nora tomó una pausa, como si esperase que entendiera de lo que estaba hablando. — "Una vida por otra vida." Y tú… tú eres la ofrenda.
Me quedé paralizada. ¿Qué estaba diciendo? Esto no podía ser verdad.
—¿Una ofrenda? —repetí, soltando una mueca de desagrado—. No, no puede ser. Mi familia nunca me mencionó nada de esto. Ni siquiera sabía que existían esos acuerdos.
—No tenías por qué saberlo —respondió Nora, acercándose otro paso—. Tu familia lo decidió hace mucho tiempo. Fue la única forma de garantizar la paz.
¿Cómo podían haberme hecho esto sin decirme nada?
—No entiendo nada… —murmuré—. ¿Por qué yo? ¿Por qué no me lo dijeron?
Nora suspiró, y por un momento, vi algo parecido a compasión en su mirada.
—A veces, el silencio es la única forma de proteger a los que amas. Tu familia pensó que, si no lo sabías, podrías vivir sin miedo… hasta el último momento.
—Esto no es justo —dije, con la mirada firme en sus ojos—. No deberían poder decidir por mí.
—Lo sé —respondió Nora suavemente—. Pero el pacto es inquebrantable. Si no vienes conmigo, la guerra estallará y muchas vidas se perderán.
Me quedé en silencio, mi mente estaba corriendo en todas direcciones. Todo esto era demasiado, demasiado rápido. Y, sin embargo, en el fondo, sabía que tenía que ir con ella. No por miedo, sino porque algo en mí, algo que siempre había sentido pero que nunca había comprendido del todo, sabía que esto era inevitable.
—¿Y si no quiero ir? —pregunté, aunque ya sabía la respuesta.
—No es una elección. —dijo Nora con firmeza, aunque su voz mantenía ese tono suave—. Pero puedo prometerte que, si vienes conmigo, haré todo lo posible para que no sufras.
El silencio se extendió entre nosotras. Finalmente, asentí, sabiendo que no tenía otra opción.
—Está bien —dije en voz baja—. Iré contigo. Pero necesito respuestas, Nora. Necesito saber por qué tiene que ser así.
Nora asintió, y su rostro se suavizó un poco más.
—Te lo prometo —dijo—. Te explicaré todo cuando lleguemos a casa.
Y con esas palabras, supimos ambas que mi vida acababa de cambiar para siempre. No sabía qué me esperaba, pero al menos, en ese momento, no estaba sola.