Evasión (micromanifiesto #2)
Si el arte no sirve para la evasión, el artista del estrés está perdido.
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Evasión (micromanifiesto #2)
Si el arte no sirve para la evasión, el artista del estrés está perdido.
Esto no es un microcuento #2: De la quema y el veneno
No hay horizonte alguno, no existe la meta.
Tiene las metáforas más excelsas,
pero le puede la ira.
Se quema a lo bonzo,
y con insultos soeces
maldice caretas y risas.
Puercas lenguas, malas amigas,
vuestras bocas, llenas de heces.
Quema de brujas de mierda,
veneno escupo en esta pira.
Mi crucifixión es hoy, mañana la vuestra.
Esto no es un microcuento #1: Sobre los domingos y Troya.
Los domingos por la noche huelen a fritanga y a precocinados. De algunas ventanas ese olor se mezcla con el del primer guiso de la semana, ese que se prepara con mucho amor para el almuerzo del lunes. Domingos de restos y pocas ganas de cocinar, lo que viene a ser lo mismo que domingos de cansancio y de ideas que intentas alejar de tí a lo largo de la semana.
Pero claro: al final del día de los restos precisamente es eso, restos, lo que queda de tus barreras mentales. Y son esos pensamientos los que te derriban para terminar la semana. Los que te dejan completamente destrozado, los que dejan todo reducido a polvo. Aunque no hay que darle drama al asunto de los restos, que para eso están. Se consumen, te los tragas y te olvidas de ellos pensando en la deliciosa comida del lunes. Consumes tus ya débiles defensas para construir una nueva muralla.
En fin, cada domingo se libra la batalla final de una Guerra de Troya que se repite todas las semanas; cada domingo vuelve a caer la ciudad; cada domingo deja lugar para una nueva metrópoli. Y vuelta a empezar, a consumirnos, hasta que sólo vuelvan a quedar los restos.