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MAMÁ: Doctor podría decirme a cuentos controles prenatales es necesario asistir.
DOCTOR: Con el fin de mantener un reporte continuo de la salud del bebé, es necesario asistir a mínimo 9 controles prenatalaes.
Amistades esto si es saber dar un buen pretexto para no ir a la escuela o trabajar (según sea el caso) #estoyembarazada #risas #ternurita #noqueroiralaescuela
De regreso a mi Egipto :’)
Mi sugar daddy me ayudó recuperar mi reino, mi hermano Ptolomeo XIII y el tal Pompeyo se murieron en la guerra de Alejandrina...
Pd. Me tengo que casar con mi otro hermano Ptolomeo XIV
La gran prueba de La Fertilidad
Una potencialidad que sabemos debemos tener...
La gran prueba de La Fertilidad
Pensamos en nuestra fertilidad solo
cuando sospechamos que nos está
fallando. Pero aunque la reprimamos
temporalmente, por razones obvias
conviene saber un poco más sobre ella.
Pocas mujeres actuales pensamos en nuestra fertilidad como en una capacidad positiva. Sentirnos tierra fecunda que da bueno y abundante fruto no es precisamente lo nuestro. Y realmente resulta difícil que nos parezca positivo algo contra lo que nos tragamos todos los día una píldora o que nos obliga llevar un extraño aparato en nuestras entrañas. Sólo nos damos cuenta de lo que significa este concepto cuando se nos escapa, cuando añoramos un hijo que no llega y empezamos a sospechar que lo nuestro es lo contrario, la infertilidad.
Pero si esta sospecha puede ser una verdadera desgracia, la conciencia de nuestra fertilidad no nos hace estallar de gozo.
A nivel inconsciente, la fertilidad
Nos preocupa considerablemente
Esto no ha sido siempre así. En culturas anteriores, la fertilidad era uno de los temas centrales de los hombres. Sin ella corría peligro la supervivencia, ya que los hijos eran la única seguridad de los padres, una especie de seguro de vejez personificado. Casi todas las religiones conocían dioses y diosas de la fertilidad, que otorgaban sus favores como premio, pero que también castigaban a los hombres retirándoles el don de la fertilidad. Pocas áreas de la vida humana conocen tantos símbolos mágicos como ésta: para los antiguos, las columnas y los pilares representaban la capacidad engendradora del hombre, mientras que las cuevas y los hoyos simbolizaban la fertilidad receptora de la mujer.
Hoy sabemos en todos los detalles cómo se reproduce el ser humano y hasta podemos observarlo en un tubo de ensayo. Sin embargo, los viejos símbolos de la fertilidad, de lo masculino y lo femenino, tienen todavía su vigencia en el psicoanálisis y la interpretación de los sueños. A nivel inconsciente, nuestra fertilidad nos preocupa aún tanto como antaño.
Lo nuevo es que por primera vez en la Historia podemos manejarla conscientemente. Hace apenas cuarenta años que con la píldora anovulatoria se inventó un método eficaz para controlarla, es decir, para suprimirla, aplazarla o, en ocasiones, estimularla.
Efectivamente es un gran adelanto que hoy en día podemos planificar nuestra descendencia consciente y razonablemente. Pero a nivel inconsciente, la idea de nuestra fertilidad nos ronda más allá de la concreta realización de un hijo. Para los psicólogos, la negligencia con la que algunas parejas abordan el tema de la anticoncepción, se debe a menudo al inconsciente deseo de comprobar si se es fértil o no, sin que exista el concreto deseo de tener un hijo (aunque esto último también puede ser el caso)
“Desde luego que no quería tener un hijo en este momento” dice Maribel G., estudiante de 22 años, “pero de alguna forma pensaba siempre que yo no podía quedarme embarazada”.
Las mujeres actuales aplazan el
Momento de tener un hijo
También las mujeres mayores que ya han tenido hijos descuidan a veces la anticoncepción, aunque no tengan ningún indicio de que ya ha comenzado la menopausia. Piensan que ya no pueden tener un hijo –ni lo desean a estas alturas- pero inconscientemente quieren comprobar si todavía conservan su fertilidad.
A nivel consciente, pocas mujeres quieren vivir una fertilidad hasta las últimas consecuencias, es decir, hasta que la propia Naturaleza ponga fin a su reproductividad. La natalidad en México ha descendido considerablemente, en virtud de la política de planificación familiar llevada a cabo por el Estado.
Otro fenómeno que se está observando es que gran número de mujeres están aplazando cada vez más el momento de tener su primer hijo. Algunas, porque están estudiando y quieren terminar antes la carrera; otras, porque la falta de trabajo les impide formar un hogar.
Estas mujeres, que a menudo llevan utilizando anticonceptivos desde hace diez o más años, se preguntan a veces preocupadas si tanto artificio y espera no influirán sobre su fertilidad. Naturalmente, en este campo no existen normas y la facilidad o dificultad de quedar embarazada depende de cada mujer. Pero sí hay algunas consideraciones generales. Por ejemplo, está comprobado que la fertilidad es, en cierto modo, hereditaria: si la mujer procede de una familia con muchos hijos, lo más probable es que ella también concebirá con facilidad. También existen estudios referentes al clima familiar: al parecer, las mujeres que recibieron una educación muy rígida tiene más dificultad de quedar embarazadas.
En cuanto a la influencia de los anticonceptivos sobre la fertilidad se ha realizado un estudio sobre 7,000 mujeres que suprimieron la anticoncepción porque deseaban tener un hijo. Quedaron embarazadas durante los cuatro primeros meses el 39 por ciento de las que habían tomado la píldora, el 54 por ciento de las que llevaban antes un DIU; y el 65 por ciento de las que habían usado métodos naturales o mecánicos.
Los anticonceptivos permiten regular
nuestra fertilidad, pero querer
tener un hijo no significa siempre
lo mismo que desear ser fértil.
Hasta cierto punto ya se puede saber en la pubertad hasta cuando se prolongará la capacidad de concebir: las mujeres que tuvieron la primera regla muy pronto, llegan a la menopausia más tarde que aquellas que menstruaron por primera vez pasados los quince años. Parece ser que el potencial de óvulos fecundables en las primeras es más grande y abarca más años. De todas formas, hay que tener en cuenta que en todas las mujeres la fertilidad disminuye con la edad. Aunque las reglas sean todavía puntuales, a partir de los 35 años son cada vez más los siclos que transcurren sin ovulación.
¿Y si la mujer, tras muchos años de aplazar el momento de tener hijos, por fin lo intenta sin tener éxito?. Hay estadísticas según las cuales más de una cuarta parte de las aparentes esterilidades tienen causas psíquicas. A menudo la barrera entre deseo y realización está en la ansiedad con que se persigue la meta. Se hace el amor sólo los días fértiles y con la obsesión de que esta vez tiene que funcionar.
Pero igual que el estrés disminuye la calidad del semen en el hombre, así también impide que la mujer conciba. Especialmente las trompas reaccionan con mucha
sensibilidad a las tensiones: se agarrotan y hacen así imposible el paso del óvulo. Según otras teorías, la concentración mental de la mujer en la ovulación y posterior fecundación hace que el óvulo abandone el ovario demasiado pronto, cuando aún no está completamente maduro. En este caso, el impedimento para quedar embarazada sería doble: por un lado, el óvulo todavía no está apto para ser fecundado y por otro, la ovulación tiene lugar un tiempo antes de que la mujer cuente con ella.
Naturalmente no todo es psicosomático. La pareja que se cree infértil siempre debe acudir al médico y hacerse los exámenes pertinentes para saber por qué se están quedando sin hijos. Pero sí físicamente todo está bien, el errar de médico en médico es lo menos acertado que pueden hacer, pues sólo conseguirían aumentar la ansiedad.
Existen técnicas de relajación –como el yoga- que pueden ser útiles para aprender a vencer las tensiones. A veces, incluso basta con cambiar el estilo de vida: ser un poco menos eficaz y organizado y probar, en cambio, a vivir de forma más espontánea y relajada.
Lina Camp
de “Padres”