Un manual para enfrentar las próximas tres semanas y transformar el luto en lucha
Su candidatura ha bloqueado la discusión de las ideas, la creación de un proyecto para Brasil. La campaña electoral ha quedado reducida a una batalla de memes y amenazas “bíblicas” por WhatsApp,
líderes religiosos pintaban el apocalipsis en el caso de que perdiera Bolsonaro
Jair Bolsonaro ha ganado incluso antes de ser el más votado en la primera vuelta porque, hasta defendiendo la barbarie, ha sido el elegido de casi 50 millones de brasileños. Y cuando hay que explicar por qué no es posible elegir a un candidato que haga estas declaraciones y se las crea, esta batalla ya está perdida. ¿Explicar que una mujer no nace del desliz de un hombre ni debe cobrar menos porque se queda embarazada? ¿Explicar que no es mejor que un hijo muera en un accidente a que sea gay? ¿Explicar que no se puede decir que un negro no sirve ni para procrear? ¿Explicar que no es posible matar y torturar? No tiene sentido tener que explicar esto. Ningún sentido.
Vivimos lo que he definido como “autoverdad”: el contenido no importa, importa el acto de decir. Así, comprobar hechos tampoco importa, porque los hechos no importan. El acto de decir se confunde con “autenticidad”, con “sinceridad”, con “verdad”. No importa lo que se diga. La estética se ha puesto en el lugar de la ética. La “verdad” se ha convertido en una elección personal. Es el individuo llevado a la radicalidad. Si, en Estados Unidos, las elecciones de Donald Trump estuvieron marcadas por la posverdad, las elecciones de Brasil, lideradas por Jair Bolsonaro, son las elecciones de la autoverdad. Y, al igual que la posverdad, reproduce la lógica de las redes sociales en internet y sus burbujas. La democracia puede ser una gran fiesta en la que caben todas las diferencias. Es más, la democracia solo es democracia cuando en ella caben todas las diferencias. Proyectos que no acojan las diferencias, que quieran eliminar —e incluso exterminar— las diferencias y ejecutar a quienes las encarnan, no caben en la democracia. Porque defender la eliminación de los diferentes, diciendo que no deberían existir o que valen menos que los demás, no es una opinión, sino un crimen. Un crimen estipulado en la legislación brasileña, pero que curiosamente persiste en esta campaña y no se ha identificado como crimen ni castigado por parte de las instituciones responsables.
Nunca se olviden de que la primera victoria de la opresión es sobre la subjetividad. Es lo que hace que una mujer apalizada cotidianamente se calle. O que una mujer violada no denuncie al violador. Hay algo que la ata por dentro. Es como si perdiera la voz incluso teniéndola, como si perdiera la fuerza incluso teniéndola. Ese es el efecto de ser violentada o violentado. Vi a mucha gente así al final de la campaña de la primera vuelta, que ha vivido la campaña violenta de Bolsonaro y de sus seguidores como una violencia sobre su propio cuerpo, sobre su mente y sobre su espíritu.













