Tras ingresar al primer local que encontró abierto, decidió tomar asiento en uno de los taburetes más apartados. En la parcial oscuridad que ofrecía aquel punto, abrió la palma de su mano izquierda con cuidado, donde una herida al rojo vivo laceraba la carne y le despertaba palpitaciones constantes e incómodas. ¿Ardía? Por supuesto, como hace décadas no lo había sentido, incluso si su expresión no era diferente a la usual. "Sé que no es el lugar más apropiado, ¿pero es posible que tengan algunas vendas limpias—?" Empezó a entonar hacia un empleado cercano, desde antes de posar su mirada sobre él.













