Un intercambio no es una igualdad, sino una doble desigualdad. Si intercambiamos una manzana por una naranja, es que valoramos una naranja más que una manzana y que la contraparte valora más una manzana que una naranja. En otro caso, no habrá intercambio.
Marx podría contraatacar a nuestra objeción de esta forma. Aceptando que hay una doble desigualdad, ésta se aplica sólo al valor de uso. Pero el valor de uso no explica el valor económico. Esa tarea recae en el valor de intercambio y en éste debe haber una igualdad.
Esta réplica muestra otro error básico que cometió Marx. Asumió, equivocadamente, que el valor de intercambio existe completamente aparte del valor de uso. En realidad, esto no es así. ¿Por qué tiene una manzana un valor de intercambio? Porque con él, podemos obtener 51 una naranja. Y la concreción de ese valor depende de cuánto deseemos las naranjas y cuanto quieran las manzanas los demás. El valor de intercambio deriva del valor de uso o utilidad: no es ningún tipo de entidad mística que exista por sí misma.
Los errores de Marx acerca de la ciencia
Marx probablemente habría respondido a nuestros puntos de vista de esta forma: estamos alterando el problema para favorecer una teoría subjetiva del valor. Pero en realidad no lo hemos hecho. Hemos explicado cómo el valor de intercambio aparece a partir de un valor subjetivo. ¿Qué justificación tiene Marx para crear un “valor de intercambio” como una entidad independiente? No se deriva del axioma de la acción. ¿Pero es ésta una buena objeción contra Marx? Después de todo, él no ha dicho que sea un praxeologista. ¿Por qué tiene que plegarse a los requerimientos de esa disciplina? Esta línea de defensa, nos parece, no da esperanza alguna a Marx. Sean las que sean sus perspectivas acerca de la praxeología, se enfrenta a un problema básico: debe justificar su afirmación de que el valor de intercambio existe independientemente del valor de uso. Y eso es lo que no ha hecho.
Marx podría contestarnos de esta manera: “Estáis mirando hacia un lado equivocado. La justificación del valor de intercambio es precisamente que me permite averiguar las leyes exactas del valor. No necesito ninguna otra justificación para presentar el concepto”. Desafortunadamente para Marx, su intento de deducir leyes exactas para el valor no tiene éxito. Volvamos a lo básico, esto es, manzanas y naranjas. Tenemos: Una manzana = una naranja. De acuerdo con Marx, esto quiere decir que una manzana es igual que una naranja. Pero, obviamente, una manzana es muy diferente de una naranja. ¿Cómo pudo entonces afirmar Marx que son idénticas? A Marx no le quedaba nada (o muy poco). Sabía perfectamente bien que una manzana no es idéntica a una naranja: pero debe haber, pensaba, alguna entidad subyacente en la manzana y la naranja que sea igual en ambas. De otra forma, no habría igualdad: y, sin igualdad, no podríamos deducir las leyes del intercambio. Muy bien, entonces: una manzana y una naranja contienen un elemento idéntico. ¿Cuál es? Según Marx sólo puede ser el trabajo. Una manzana se intercambia con una naranja porque se requiere la misma cantidad de trabajo humano para producir cada una de ellas.
Las críticas de Böhm-Bawerk
Eugen von Böhm-Bawerk, un extraordinario economista austriaco, que también sirvió como ministro de finanzas de Austria a principios del siglo veinte, sometió la argumentación de Matx a un devastador asalto. Dedicó dos obras capitales a la economía de Marx: parte de un capítulo en su gran tratado Capital e interés y un pequeño libro independiente llamado La conclusión del sistema marxiano.
Böhm-Bawerk encontró un vacío en los argumentos de Marx. Supongamos que concedemos a Marx que hay una igualdad que afecta al intercambio. Y supongamos que le concedemos que la igualdad lleva a la identidad. ¿Por qué tiene que ser el trabajo el elemento idéntico? ¿Por qué no puede ser otra cosa?
Y el trabajo parece una elección poco prometedora para ser el supuesto elemento común. El valor de algunos bienes parece claramente no depender del tiempo de trabajo necesario para producirlos. Böhm-Bawerk apuntó que el vino a menudo incrementa su valor cuanto más tiempo se almacena. El trabajo requerido para obtener la uva y convertirla en vino contribuye poco al precio del vino.
Böhm-Bawerk apunto una falacia aún más importante en los argumentos de Marx. Todos sabemos que algunas personas son trabajadores mucho más eficientes que otros. Alguien podría ser capaz de fabricar un sujetalibros de madera en unas pocas horas, pero otro podría tardar años en hacerlo. ¿Será en este caso el segundo sujetalibros varias veces más valioso que el primero? ¡Por supuesto que no! El valor económico, por tanto, no depende del tiempo de trabajo requerido para producir algo.
Marx lo sabía. Pero, como ya hemos visto suficientemente, prácticamente nunca renegó de alguna de sus adoradas teorías. Para soslayar la dificultad, dijo que no era el trabajo requerido para producir un determinado bien lo que determinaba el valor, sino el trabajo “socialmente necesario” para producir unidades de esa clase. El segundo sujetalibros no será extraordinariamente valioso, independientemente del tiempo que se tarde en construirlo, porque lo sujetalibros normalmente no requieren varios años para ser fabricados.
En este punto Böhm-Bawerk lanza su crítica. ¿Qué determina si la cantidad de trabajo es socialmente necesaria? A veces, como en nuestro ejemplo del sujetalibros, la respuesta es obvia: no usaremos el trabajo de un incompetente como criterio. Pero a menudo no es tan evidente que contabilizar como socialmente necesario. ¿Deberíamos adoptar el tiempo más corto posible que le tome a cualquiera para producir algo como el estándar? Si no eso, ¿entonces qué?
Böhm-Bawerk apuntó que para resolver este problema, Marx necesitaba precios de mercado reales. El trabajo “socialmente necesario” es el trabajo que se necesita para producir bienes al precio de mercado. Aquellos que requieran más trabajo para producir un bien no están realizando un trabajo que sea “socialmente necesario”.
¿Podemos ver el error en el método de Marx? Como apuntó Böhm-Bawerk, Marx había razonado en círculo. Afirmaba que el precio de mercado de un bien se determina por el trabajo socialmente necesario para producirlo. Por tanto no puede acudir al precio de mercado del bien para encontrar cuánto trabajo es socialmente necesario.
Y la misma falacia infecta una parte conexa de la teoría. ¿Cómo pueden las horas de trabajo requeridas para producir una unidad de un bien compararse con las horas de trabajo necesarias para fabricar un bien de un tipo completamente diferente? ¿Cómo puede compararse el trabajo del autor de este libro con el de Michael Jordan en una pista de baloncesto? (¿Y por qué el resultado de esa comparación tiene que poner al autor en una situación tan desventajosa?) ¿Cómo comparamos el trabajo de un cirujano con el de un albañil?
Salvo que Marx pueda llegar a una medida común del trabajo, no tendrá un teoría del valor trabajo. Tendrá que conformarse con distintos tipos de trabajo y será incapaz de explicar cómo se determina el ratio de intercambio cuando un bien producido por un tipo de trabajo se intercambia por un bien producido por otro.
Veamos si podemos adivinar la “solución” de Marx. Exacto: afirmó que las muy diversas formas de trabajo podían también reducirse a una medida común. ¿Y cómo se iba a hacer? Bien, ¡tomando como referencia los precios de mercado de los tipos de trabajo, por supuesto! (Por suerte, no vamos a explicar la complicada forma en que trató de hacerlo).
De nuevo, Böhm-Bawerk identificó la falacia. Usar precios de mercado para reducir los tipos de trabajo a una medida común evidentemente es razonar en un círculo. La falacia en que incurre Marx es exactamente la misma que aquélla de la que era responsable al definir el trabajo “socialmente necesario”.
Hemos comentado muchos e importantes problemas con la teoría del trabajo de Marx. (Si alguien dice aquí, “Demasiados y demasiado tiempo”, el maestro debe expulsarle de clase). Pero supongamos, por un momento, que dejamos aparte todos esos problemas. ¿Qué ocurriría?
Resulta bastante extraño, pero todavía no tenemos una teoría que explique adecuadamente el precio. Y de esto era Marx perfectamente consciente. ¡Sabia muy bien, y lo dijo explícitamente, que los bienes en una economía capitalista no se intercambian a sus valores de trabajo! (Sus razones, por desgracia, no pueden ser explicadas ahora, porque implican partes de la economía que todavía no hemos contemplado).
La situación es demasiado para creerlo. Marx se ha dedico a elaborar avances para obtener una supuesta teoría científica que explique por qué los bienes se intercambian a los ratios que lo hacen. Pero su teoría, como él mismo admite, no lo hace. ¿Qué nos da?
Marx contesta como sigue: es verdad, la teoría del trabajo no explica los precios reales. Pero si obtenemos los precios del trabajo, la teoría puede mostrar como se derivan los precios efectivos. Así reivindica su teoría: explica el precio de todas formas. De nuevo Marx encuentra su Némesis en Böhm-Bawerk. De una forma que no explicaremos aquí, demostró que el intento de Marx de deducir los precios reales a partir de los valores del trabajo no era correcto: los distintos apartados no sumaban.
En lugar de dedicarnos a los detalle técnicos de la deducción de Marx y la crítica de BöhmBawerk, apuntaremos un asunto más general. Supongamos que Marx pueda deducir los precios reales a partir de los valores del trabajo. Es decir, supongamos que la aritmética de Marx era correcta: ¿nos mostraría algo nuevo? La afirmación de Marx es que puede mostrar cuáles son las “leyes del movimiento” del capitalismo. Otros pueden sobrenadar la superficie, él se sumerge en las profundidades.
¿Pero cómo el deducir una cifra de la otra cumple sus requerimientos exactos? Un ejemplo nos ilustrará el problema. (Naturalmente, volvemos a naranjas y manzanas):
Una naranja se intercambia por una manzana.
En esta circunstancia, un ratio de intercambio 1:1, el precio en manzanas de una naranja es una manzana. Dado el precio en manzanas de las naranjas, podemos a su vez deducir el precio en naranjas de las manzanas. Pero haciéndolo no hemos demostrado que el precio en manzanas de las naranjas que de alguna manera subyace, sea más básico que el precio en naranjas de las manzanas.
Como confiamos haber demostrado, la teoría del valor trabajo no ofrece una alternativa aceptable a la teoría austriaca.
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