El ruido y la furia, de William Faulkner
Si el Ulises es famosa por sus monólogos interiores, El ruido y la furia es inseparable de lo que se conoce como “flujo de conciencia”. Aquí no hay un narrador (si acaso tres) que te cuenten la decadencia familiar de un viejo linaje sudista, los Compson, sino que la historia se narra desde las propias percepciones de sus protagonistas. Y ya sabes que las percepciones no son lineales, ni siquiera lógicas, y dependen completamente de la gimnasia mental de cada uno. Nada fácil de escribir, ni de leer, sobre todo si uno de los tres protagonistas está mentalmente discapacitado y su percepción se basa antes en impresiones que en objetos definidos. Pero que no te intimide, Faulkner ha sido tan tremenda influyente que en mayor o menor medida ya has tenido contacto con algo parecido. Y tú sin leerlo.
(vía 10 libros difíciles de leer que merecen el esfuerzo)















