“Igual esfuerzo no significa igual ganancia”
y lo sé en mi piel cansada, en mis manos que se abren y no encuentran más que vacío.
La tristeza se sienta a mi lado, muda, constante, como si quisiera recordarme que no todo lo sembrado florece.
Y aun así, sigo regando, porque quizás el próximo brote se atreva a nacer en mí.










