Siendo que estoy de vacaciones y en mi día libre, decidí ir a uno de los mejores restaurantes de Mendoza ciudad, siempre y cuando abriese en domingo y estuviese más o menos cerca. Elegí Azafrán. Monesvol, que fue todo un acierto. La panera tenía cinco tipos de panes, frescos, cortados en el momento, acompañados de aceite de oliva, salame y queso. El mozo hasta preguntó si yo comía carne antes de dejar el salame sobre la mesa. Pedí tortellini de calabaza. Grandes, bañados en una salsa que resaltaba el sabor de la pasta y al final terminé con la cuchara. De postre, torta con helado de frambuesa y torrontés. Vino que resultó estar caramelizado y espolvoreado sobre la crema de la torta. Fue una experiencia placentera para todos los sentidos. El ambiente retro emanaba calidez, la música era agradable, el personal era atento y bilingüe, los muebles eran cómodos y había a la venta productos gourmet. Se ha ganado el puesto de uno de los mejores locales gastronómicos de la provincia.














