—¡Bienvenidos a los cuadragésimos tercer Juegos del Hambre! —Gritó una voz desde uno de los sillones de un escenario del Capitolio. Como todos los años, antes que los juegos empezaran el presentador oficial, este año y nuevamente, era una mujer llamada Roos Dobson. La mujer llevaba una gruesa trenza color plateado y un extravagante vestido esmeralda decorado con negro. Su voz era profunda, sin ser demasiado aguda, era una voz femenina, elegante y demandaba atención. La mujer había presentado los Juegos desde hacía ya tres años consecutivos, y todo el mundo, la gente del capitolio, la adoraba. Resultaba ser que la mujer había ganado los Juegos hacía diez años, con tan solo quince. La cual la convertía en un héroe para todos, la viva imagen del éxito que podía significar ganar los Juegos. Se testigo de cómo relatan tu matanza y luego relata las del resto, bromeaban el primer año que había sido presentadora. Cruzando las piernas en un sillón color crudo, la joven relatora levantó los brazos para presentar al creador de los Juegos de este año—: ¡Bienvenido Etienne Killick! En la pantalla aparece un hombre ya entrado en años, cuyo rizado pelo alguna vez había sido castaño y ahora estaba poblado de canas. Seguramente, alguien podría haber arreglado eso, pero quienes mantenían sus rasgos originales, eran porque no lo habían permitido. El señor ataviado en un traje morado, tomó asiento en el sillón continuo a Roos, y la entrevista comenzó. Como todo en aquellos eventos, se transmitía en todos los distritos. Killick respondía preguntas sobre lo que se esperaba para los Juegos de este año, anticipando que aquellos que compitan deberían ser muy fuertes para superar las misiones que se habían elaborado. En algunos distritos, los primeros, escuchaban con ansias deseando poder presentarse como voluntarios y ser los tributos que representaban mejor al distrito, deseosos de volver con una victoria. Otros distritos no sabían que pensar, los más alejados como el once y el doce miraban con la desolación de quienes habían perdido toda esperanza, pero había quienes aún poseían algo, y esa pequeña esperanza era la que hacía que deseen ganar para poder volver cargados de riquezas y gloria. —Etienne, ¡qué ocurrencias las tuyas! —reía Roos tras un comentario del creador de los Juegos, sin embargo, este mantenía un serio semblante. Las cámaras, por supuesto, seguían a Roos y a su brillante sonrisa, sin embargo cambiaron cuando está realizó su última pregunta— ¿Crees que algún distrito tenga mayores posibilidades este año con respecto a la ambientación? Todos fueron testigos de aquella sonrisa cruel y la maldad enfundada en ojos color miel. Killick manteniendo la postura solo hizo un gesto con la mano antes de agregar—. Ninguno de ellos tiene posibilidades.











