Dijo que iba a dibujarme, lo evaluó y se arrepintió. "Ya te hicieron muchos retratos" pensó en voz alta. Últimamente la felicidad la esquivaba. No afectaba a su pelo largo hasta la cintura, inmune a la humedad. Tampoco a su cara, anclada en un momento atemporal. Su cumpleaños fue esa semana, 7 días exactos después del mío, por eso los festejamos juntos en privado. En público yo había hecho piruetas con 5 tequilas, ron y fernet (sin resaca además, un profesional). "Lo festejé con el 80% de lo mejor que me pasó en la vida" dije en un error de cálculo "vos sos el otro 20%". Me miró con cara de que siempre lo supo "esperaba ser por lo menos la mitad" mintió. Negociamos, pactamos en un 35.
Nunca se había recuperado bien de la trágica muerte de su suegra, sobre todo por el juicio que le siguió al sospechoso de la muerte. Y cuando parecía salir de esa, vino otra: la trágica vida de su sobrina, a quien intentó ayudar y no pudo. Por cosas como esa no podía acertar a la felicidad. Así que hablamos de otra cosa: de un ex novio que tenía digamos unas muy pero muy pequeñas herramientas para ejercer el amor en la cama. Yo le dije que probablemente se tratara de un hombre muy sutil. Entonces pasó el milagro: estalló en carcajadas. Agregué que nunca escribo tan bien como cuando hablo contigo pero no me escuchó, siguió riendo.
Me di cuenta de que hacía por lo menos un par de años que ella no se reía así, con ganas, sin ningún peso que aplastara su sonrisa. Y si bien eso ya fue de por sí un acontecimiento extraordinario, probé suerte otra vez, cuando me contó del pibe que fue mal vestido al casamiento, como si pensara que era una fiesta de disfraces. Ella sospechaba que el flaco había consumido algo medio prohibido en la fiesta, yo le dije que dado los detalles que me compartía, seguro el señor había consumido algo prohibido del todo antes de vestirse. ¡Pum! otra vez, la risa de repente sin pasar por aduana. Recién ahí me animé a preguntarle cómo estaba, pero ya sabía que se sentía preparada para ser feliz otra vez, que lo único que necesitaba era alguien que la invitara a ser ella misma al margen del caos. Después, le envié el mensaje de la foto. Como ven, respondió con un corazón, porque los dos sabemos que ese es el símbolo de lo mejor que tiene para ofrecer al mundo.
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