—Mi Lord— vuelven a tirar, volteo y en esta ocasión no hay alcohol el cual justifique lo que me avasalla teniéndola frente a frente, con la nariz roja y los ojos llorosos. «Maldita sea», Vladimir creía y decía que cierta persona era luz, pero si hubiese visto a esta se habría callado, ya que no es luz, es el puto sol.











