Un infausto quejido incendia mi pecho resoplando lamentos, palabras que crepitan esperando tu prosa, tu vehemencia erógena. La luz de tus versos me parecen faro, relámpago endemoniado y estremecedor, que ilumina la noche de tormenta. Comprendo entonces que mis deseos son sólo fuegos fatuos a tus pies... Cyrano











