No es que no estaba agradecida de tener un trabajo y poder vivir de ello, pero no era así como había imaginado que sería su vida. Lo pensaba mientras preparaba una taza de café; ya no sabía cuántas había servido en lo que iba de la mañana, había perdido la cuenta. Sin embargo, en cuanto salió de atrás del mostrador para llevar el pedido a la mesa, una sonrisa se dibujó en su rostro de inmediato, como una rutina, nunca se permitiría tratar mal a un cliente. Antes de volver a su puesto, notó que una mesa había sido ocupada y se acercó allí para tomar el pedido. “Buen día, ¿Qué puedo servirle?” Inquirió aún con su sonrisa de rutina, pero siendo servicial como sólo ella podía serlo. No obstante, las comisuras de sus labios comenzaron a elevarse gradualmente al reconocer al cliente. “Espera.” Su expresión facial evidenciaba la sorpresa que sentía al volver a verlo. “¿Franco? Sí. Oh, ¡Franco!” Por un momento estuvo tentada a abalanzarse a abrazar al que fue su compañero, pero se contuvo al recordar que estaba aún en horario de trabajo. “¿Qué haces por aquí?” Inquirió en voz baja para luego agregar alzando el tono de forma exagerada: “¿Qué desea ordenar?” Claramente, mentir no era su fuerte, pero no deseaba que su jefe la regañara. ( @claflindie )










