Su diestra danzaba al compás de la melodía que resonaba en su cabeza, completamente absorta en las manchas que dejaba el lápiz a lo largo de su libreta, pero no lo suficiente como para ignorar el repentino ruido que, aun sin robarle la mirada, tomó parte de su atención. “¿No te han dicho que es de mala educación interrumpir a las personas?” Cuestionó manteniendo la serenidad en todo momento.











