“La traición: Muerte al Ser Querido y agonía perpetua al Mal iniciado”
La palabra Juwes, usada por gran cantidad de ritos y sociedades discretas, renombra a la triada de la traición, a los tres malos iniciados, que por conseguir los secretos de la construcción del templo de Salomón fueron capaces de matar a su maestro, Hiram Abif. Se trata de tres personas, ustedes pensarán, pero la verdad es que más allá de la pluralidad de individuos podremos encontrar una unidad simbólica que retrate la figura del “iniciado traidor”.
Juwes, es aquella persona que ha violentado sus pactos con otras personas(sus hermanos) , e inclusive, aquél que se ha traicionado a sí mismo. Habrán personas que voluntariamente traicionan, pero habrán otras que inconscientemente lo hagan, pues la idea de traicionar, aunque sea “solo por un rato”, muchas veces resulta tentadora para nuestro ego, pues implica una idea liberadora, un cambio y un desprendimiento de algo que contantemente nos ata. Siempre hay una pérdida, siempre hay una muerte: sea la pérdida de un amigo, un confidente o inclusive la muerte de un ser querido.
Pero al final, cuando la muerte se avecina, la culpa invade nuestro corazón, experimentamos una prologada crisis, y un desajuste emocional. Constantemente nos preguntaremos la manera en la cual redimir nuestro error, pero ¿qué hacer con un cuerpo vacío? Nada, llorar sobre la tumba de aquel a quien ignoramos cuando era el único que nos daba verdadero amor. A veces me pregunto ¿por qué el ser humano será tan malagradecido? Nos pasamos la vida adulando a los malvados, y a los puros de corazón los dejamos tirados en el estiércol. Nos pasamos la vida alabando al oro falso mientras el oro verdadero se mancha con el lodo.
Las traiciones siempre implican un cambio, y estoy totalmente de acuerdo en que en la vida se vale cambiar, pues el ser humano está siempre en movimiento, pero por lo menos deberíamos de tener , el mínimo toque de sensibilidad para no lastimar a quienes nos quieren. Tal vez lo que yo ame un día al día siguiente puedo destruirlo, o , por la otra parte, aquello que ignoré, incontables veces, ahora me parece lo más preciado en mi pequeño mundo. Pero de cualquier forma, si yo –como traidor- cooperé para provocar la muerte de algo o alguien muy preciado –tanto para los otros como para mí-, muy seguramente lágrimas de culpa escurran sobre mis mejillas en las veladas oscuras en la que el blanco brillo de la luna me haya dejado de iluminar.
En verdad, y me lo he preguntado muchas veces, ¿por qué el humano traiciona al amor de un millón de años por el efímero placer de un par de días? Me considero como alguien que incontables veces ha traicionado a los demás y a sí misma pero estoy segura que muchos de ustedes también podrían serlo. No creo que nadie sea libre de culpa, así como tampoco creo que haya alguien aquí que ,siendo traicionado alguna vez por alguien muy querido, cuente con la suficiente madurez emocional y la templanza necesaria como para aceptar que los demás humanos, nuestros hermanos, son imperfectos y muy probablemente cometan toda clase de errores. El traicionado, el herido por un puñal clavado en la espalda, buscará sustraer sus emociones de la única manera que pueda: por medio del odio y el deseo de venganza . El herido, el incrédulo, buscará curar su dolor por medio de la venganza, o el daño infundido a aquel que haya osado jugar con aquello que considerábamos sagrado y un gran tesoro. Pero ,me pregunto, ¿de qué vale la pena? El hecho de querer infundir dolor a mi contrincante, solo me denigraría a la bajeza de quien jugó con mis sentimientos. Mi deseo de venganza será degenerativo, y después de un rato me daré cuenta de que lo único que he logrado es deprimirme más.
Tal vez, debido a mi falta, la vida me haya sustraído algo de lo cual no me consideraba merecedor. Tal vez, yo –al ser un Juwes, un mal iniciado y un traidor- haya perdido a uno de los seres más amados por mi corazón por el siempre hecho de demostrar la bajeza de mi corazón, en un acto tan ruin como es el desinterés ante la enfermedad del alma y la traición a mis seres queridos. Si hay muerte ,la única culpa será la mía, pues ni siquiera fui capaz de defender a aquél ser que muy cálidamente me tomó entres sus brazos al verme nacer. La gente dirá que uno debe de aprender a sonreír a pesar de nuestras faltas, ¿pero cómo superar la culpa?
Las personas que verdaderamente te aman, te son fieles, te tienen confianza y lo demuestran, ¿pero yo, como traidor qué hice si es que no fue corresponder a su amor con algo similar? Me encargué de que no escucharas mis palabras de aliento en tus últimos momentos, me encargué de ignorar tu llanto, me encargué de matarte lentamente hasta que dieras tu último suspiro. ¿Seré digno de vivir como siempre lo he hecho? Tal vez, pero será mi conciencia quien día y noche me atormente con el recuerdo de mi falta de lealtad ante aquellos que depositaron su confianza en mí. No deberíamos de abrir nuestro centro sagrado a todo mundo, pues hay mucha gente que no sabe apreciar las grandezas de un corazón de oro. La traición duele, la ceguera ante esta falta lastima, pero el aprendizaje que seguramente podremos adquirir de esta crisis muy seguramente pueda fortalecernos.
La avaricia, es usualmente el factor que propicia la traición, pero ¿la avaricia de qué? ¿de dinero? El dinero va y viene, y aun teniendo todo puedes sentirte completamente miserable a falta de calidez humana. ¿Será acaso avaricia de poder? El poder es una rueda de la fortuna, unos caen para que otros suban al trono, pero si uno no tiene la suficiente templanza de corazón como para poder usar dicha herramienta con sabiduría, el poder eventualmente terminará enfermándonos y perderemos a aquellos que en algún punto de nuestra existencia nos quisieron y nos admiraron.
¿Entonces? ¿Qué es aquello suficientemente valioso como para traicionar a nuestros seres queridos?
Nuestra alma, en su momento de desesperación dirá: “la muerte de este amor no es nada”, “La muerte de esta familia no importa”, “La muerte de mi hermano, nada tiene de relevante”. Trataremos de engañarnos a nosotros mismos ,pero llegará un punto en el que la hiel y la culpa pesen más que nuestra indiferencia, así como el cuerpo pesará más que el cuello de aquél que muera en la horca.
La traición que otros cometieron en contra de los seres que tuvieron mi más grande dilección evidentemente dejó una gran herida en mi interior; su muerte repercutió profundamente en mi ser. Súbitamente me quedé sin el brillo de tu presencia, y el último latido de tu corazón fue mi primer tambor de guerra. Pensé en tomar venganza, pensé en enfurecerme e insultar a quienes acabaron contigo , pero esto solo reflejaría mi debilidad interior. Acepto que hay ciclos que se cierran, y que eventualmente todos tenemos que morir algún día, pero ¿no pudiste quedarte un rato más? Nunca sabes lo que tienes hasta que lo pierdes.
Me siento culpable por no haberte defendido cuando pude, siento que te traicioné pero espero que me perdones, y contantemente me pregunto si algún día volveré a escuchar tu voz llamando mi nombre. No estarás fuera de mi mente por el simple hecho de estar fuera de mi vista.
¿Algún día volveré a encontrar tu corazón?
¿Algún día volveré a encontrar tu ternura acentuada?
Nadie lo sabe con certeza…
Créditos a los Autores de la Imágen