Tocaba el piano en el coro de la iglesia. Las canciones nunca le gustaron pero es de los momentos que recuerda con más cariño de su infancia. Le gusta la música, porque es metódica y repetitiva, pero a la vez transmite sin palabras y puede ser interpretada, tal como las auras. Tiene un oído excelente y con un par de veces que escuche una melodía podría interpretarla sin problemas. Sin embargo, no ha vuelto a tocar y se niega a ello porque lo considera una huella de su pasado que tiene que ser, como todas, borrada. Su talento es una mezcla de aptitudes naturales y una educación musical bastante intensiva que recibió en clases extraescolares.
De sus hermanos es el único que nunca ha practicado deportes, ni jamás le han gustado, porque además nunca se le habían dado bien, y todo el mundo sabe que los niños poco atléticos no son populares, y menos aún con el legado de cuatro hermanos que destacaron en fútbol (Jeremy e Isaiah), baloncesto (Beth) y balonmano (Anna), así que para sus quince era un niño más rellenito de lo que le gustaría. A los dieciséis, cuando comenzó a educarse en la brujería, pensó que eso debía suponer un punto de inflexión en su vida, y para marcarlo más profundamente decidió que era hora de demostrarse a sí mismo cuánto podía llegar a alcanzar si se lo proponía, y lo hizo a base de dieta y ejercicio. Después de un año, celebró su éxito en ponerse en forma y en la brujería con su primer tatuaje: la lanza de Ares en el costado.
Kaleb ha sido bueno en la escuela desde siempre. Era estudioso solamente por insistencia de sus padres y sólo por eso también sobresalía en las asignaturas que detestaba como los idiomas o la historia. En compensación a su desagrado por las humanidades, las ciencias eran lo que más le apasionaban, prácticas como técnicas.
Tiene una fijación por los patrones, el orden y el funcionamiento de las cosas.
No es capaz de tener el teléfono en la oreja cuando habla, pero tampoco es la clase de persona que iría por la calle con los auriculares como si hablara solo, sí que lleva el teléfono en la mano. Lleva los auriculares en el móvil por si le llaman, pero no escucha música por la calle. Rara vez escucha música, y cuando lo hace suele ser una emisora de rock de fondo mientras trabaja o prepara un conjuro cuando no hay suficiente murmullo en la calle para servirle de ambiente. Es la clase de persona capaz de trabajar con mucho ruido de fondo.
Falsificar un currículum con magia es mucho trabajo habiendo métodos más sencillos, así que no consiguió su trabajo con mentiras, pero sí una buena dosis de persuasión.
A veces abusa de su poder y se agota enormemente, y también sufre migrañas insoportables.











