Reminder that in dating killmulator Abel's profile picture is canonically THIS
seen from China
seen from China
seen from Vietnam
seen from Taiwan
seen from South Korea
seen from United Kingdom
seen from United States

seen from Australia
seen from China

seen from Malaysia
seen from China
seen from Netherlands
seen from United States
seen from United States
seen from Brunei
seen from United States
seen from China
seen from China

seen from United States

seen from United States
Reminder that in dating killmulator Abel's profile picture is canonically THIS
༒𝔒𝔲𝔱𝔢𝔯𝔠𝔬𝔲𝔯𝔰𝔢 𝔢𝔫 𝔢𝔩 𝔞𝔲𝔱𝔬 𝔠𝔬𝔫 𝔉𝔩𝔬𝔯𝔦𝔞𝔫.༒
¡¡TW!! : Contenido explicito, contenido explicito detallado, fetiche de ropa interior, outercourse (practicas no penetrativas), sexo en lugar público, Oc femenina. Probablemente me falten muchas más. Son como unas 3,5k palabras, perdón. Hola, este es el primer fanfic que escribo en mucho tiempo, espero les guste. De antemano me disculpo si les parece muy fuera de personaje, probablemente me dejé llevar.
—Siendo honesto, también me daba bastante rabia el no poder acompañarte a un sitio tan espectacular —soltó un suspiro mientras sus dedos tamborilean sobre el volante—. Si no hubiese sido por el trabajo…
—No tienes por qué preocuparte, ¿sabes? —le interrumpí—. Cinco días pasan volando. Además, te acosaré mandándote fotos de todo lo que vea; terminaras harto de mí.
Florian se había ofrecido a llevarme al aeropuerto. Era el único momento a solas que habíamos tenido desde hacía días; lo habían despedido de sus prácticas profesionales y ahora estaba sin trabajo. No podía culparle por estar ocupado, necesitaba encontrar una manera de subsistir.
Tampoco estaba molesta, al menos no realmente.
Pero pasar poco más de treinta días sin una cita real era un comienzo complicado para una relación. Y yo comenzaba a estar… ansiosa, por decirlo de alguna manera, puesto que en todo este tiempo no había pasado nada.
Nada.
Nada más allá de sujetarnos las manos en los pasillos, de un beso suave en los labios. Porque así era Florian, suave. Dulce. Incluso recatado. Tanto que me hacía sentir como una pervertida cada vez que me calentaba con solo verlo. Su cabello, su piel, sus manos… Todo él me llamaba de una forma tan obscena que me hacía sentir avergonzada. Me sentía como un hombre victoriano perdiendo la cabeza por simple un tobillo.
¿Y qué si es así? ¿Qué si era una pervertida? ¿Estaba mal desear más del hombre a mi lado?
Lo escuché soltar un suspiro. Mi ensoñación nos había dejado en un silencio mientras Every Breath you take de The Police sonaba en la radio.
Pasamos al lado de un cartel que decía "Aeropuerto, Terminal 2 - 5 km"
Y de repente, sentí mis manos sudar. No podía irme sin hacer absolutamente nada, o al menos sin intentarlo. Tendría que ser yo quien diera el primer paso; él era demasiado dulce como para intentarlo y yo no tenía la paciencia para esperar por él otros cinco días.
Sentía que explotaría en cualquier momento si no hacía algo ahora mismo.
Florian estacionó el auto en un lugar apartado de la entrada principal. La farola más cercana parpadeó hasta apagarse por unos segundos y el único automóvil a nuestro alrededor estaba a unos cuantos metros.
Por una vez, el mundo parecía sonreírme.
Tomé aire antes de hablar. —Florian yo…
No tuve oportunidad para terminar de hablar. Sus manos me sujetaron del rostro para juntar nuestros labios en un beso tan desesperado y exigente que me tomó por sorpresa. Una de sus manos se enterró en mi mejilla mientras la otra viajaba a mi nuca, tomando mi cabello con firmeza para juntar aún más nuestras bocas.
Me tomó un segundo reaccionar, pero en cuanto mis manos encontraron su lugar en su nuca, el auto comenzó a parecerme pequeño.
—Livarin…—Lo escuché jadear mi nombre cuando tiré de su cabello con fuerza y, Dios, sonaba tan divino.
Quería más. Más de él, a él en su totalidad. Lo necesitaba tan cerca de mí y de repente el viaje a París me parecía insignificante comparado con la posibilidad de estar a su lado aunque sea cinco minutos más.
Incliné mi cuerpo hacia él y Florian, ni lento ni perezoso, se separó de mí lo justo para buscar con urgencia y torpeza la palanca que reclinaba su asiento. Sonreí al escuchar el asiento ceder con un golpe seco y me tomé un segundo para mirarlo. Su piel, blanca como la porcelana, estaba sonrojada desde el cuello hasta sus orejas, ardiendo en un intenso color malva. Y sus ojos, esos extraños e hipnóticos ojos magenta me devoraban. Me llamaban e incitaban a fundirme en él, a desaparecer en la profundidad de esa mirada que rayaba la devoción, hasta que no quedara rastro de juicio alguno.
El espacio se transformó en una invitación abierta y él no parecía dispuesto a perder ni un segundo.—Ven aquí. —dijo mientras me tomaba de la cintura y me jalaba hacia él, acomodándome a horcajadas sobre su regazo.
El contacto fue inmediato y devastador. Inclusive a través de las capas de tela que nos separaban podía sentir lo obvio de su deseo, tan firme y duro contra mi muslo que me hizo soltar un gemido contra sus labios.
El corazón me iba a cien revoluciones por minuto y yo estaba segura que podía sentirlo vibrar en sintonía con el suyo.
Lo besé nuevamente mientras mis manos se enredaban en su suave cabello antes de bajar más y más, tocando la poca piel libre de su cuello que mis pulgares lograban alcanzar. Continúe acariciando sus hombros, tocando su pecho y abdomen bajo por sobre la tela que me comenzaba a estorbar. Escuché como soltaba un gemido ante mis caricias y en respuesta, apreté mis muslos contra sus caderas.
Tratando de recuperar cierto control, Florian comenzó a trazar con sus dedos mi cuello, acariciando mi yugular con una lentitud exasperante, casi cruel. Bajando por mi hombro, para después viajar por mi clavícula mientras sus labios seguían el mismo camino por mi mandíbula, dejando un rastro húmedo que me erizaba la piel.
Le gustaba jugar conmigo al muy cabrón, pensé. Evitaba tocarme donde más lo necesitaba, ignorando deliberadamente la piel de mis pechos; su negativa me hacía sentir una urgencia que rayaba en el dolor. Sin embargo yo no tenía la paciencia para seguir sus juegos, esta se había quedado en algún tramo de la carretera, varios kilómetros atrás.
—Florian…—gemí bajo, temerosa de que alguien notara lo que sucedía en este viejo auto. Pero él solo respondía con un beso lento en la base de mi cuello, justo sobre mis clavículas, pero sin bajar ni un milímetro más.
No pude más. Con un movimiento brusco y desesperado, tomé su mano y la obligué a tocarme, estampando su mano directamente sobre mi pecho.
Ambos soltamos un gemido por el contacto y por un momento pude ver como en sus ojos se reflejaba el destello de quien aceptaba que había sido derrotado en esta batalla de voluntad que, en el fondo, ambos sabíamos que deseaba perder.
Florian soltó un jadeo tembloroso contra mis labios y, antes de siquiera procesarlo, su palma apretó mi pecho con tal firmeza que me hizo arquear la espalda.
Cuanto más me tocaba más me dejaba en claro que esa mesura de la que yo tanto hablaba había sido solo una máscara. Florian no estaba siendo dulce, mucho menos suave. Sus manos recorriendo mis pechos, bajando más y más, hasta colarse debajo de mi blusa y rozar mi piel junto con la tela de mi pantalón, me mostraban tal desesperación y anhelo que me hacía perder la cabeza. En ese momento comprendí, que yo no era la única que había estado a punto de explotar.
Él contraste de sus manos frías y febriles contra la piel cálida y ardiente de mi abdomen, me provoco un escalofrío tan intenso que me hizo mover mis caderas contra las suyas en un vaivén lento. Florian soltó un gemido ahogado en respuesta al sentir la fricción. Sus manos subieron con urgencia por debajo de la tela, colándose bajo mi sostén hasta cubrir mis pechos por completo. Me besó con una desesperación renovada, devorando todos esos gemidos y jadeos que se me escapaban cada vez que sus dedos, firmes y torpes, apretaban mis pezones ya erectos, frotándolos con la yema de sus dedos hasta hacerme temblar.
Sin embargo, conforme su excitación incrementaba, la ropa comenzaba a estorbarle tanto como a mí. Rompiendo el beso por solo un segundo, los ojos de Florian brillaron con pura decisión. Sacó sus manos de mi ropa, y con un movimiento brusco, tiró del escote de mi blusa hacia abajo en un solo movimiento, exponiendo el encaje morado de mi sostén. Me dedicó una pequeña sonrisa divertida antes de meter los dedos por el borde de las copas, y bajarlas también, dejando mis pechos completamente expuestos ante su mirada magenta.
No me dio tregua alguna para poder respirar. Su boca viajó inmediatamente sobre mi pecho derecho. Solté un jadeo ahogado cuando su lengua, caliente y húmeda, lamió mi pezón antes de succionarlo con fuerza. Mis manos temblaron, buscando apoyo en cualquier lugar mientras el placer recorría mi cuerpo como una descarga eléctrica, viajando directo a mi intimidad.
Las manos de Florian me sostuvieron con firmeza por las caderas, hundiendo sus dedos en mi carne mientras subía sus besos por la curva de mi pecho, mordiendo suavemente la piel sensible hasta dejarla enrojecida, hasta llegar a mi cuello y repetir el trayecto una y otra vez.
A este punto me era imposible moderar el tono de mi voz, y honestamente ya no me importaba.
—Ah… Florian —gemí cuando sus manos subieron de nuevo para apretar mis senos, amasándolos y estrujándolos con posesividad, usándolos para tirar de mi cuerpo hacia abajo, obligándome a restregarme aún más contra él.
El deseo me nubló el juicio, impidiéndome pensar con la cabeza. Necesitaba desesperadamente apaciguar el fuego entre mis piernas, así que comencé a restregar mi intimidad aún vestida contra la suya con más intensidad, buscando esa fricción aunque sea a través de la tela de nuestros pantalones. Y cuando Florian soltó un gemido tan profundo que retumbo por todo su pecho, supe que podría correrme con solo escucharlo.
Lejos de detenerme, sus ojos se oscurecieron por completo y comenzó a mover sus propias caderas hacia arriba, embistiéndome con desesperación para igualar mis movimientos. El roce constante, su erección dura y firme contra mi centro, incluso aun vestidos, me hizo perder el aire por completo. Me aferré a sus hombros con fuerza mientras nos movíamos en este espacio que cada vez nos parecía más insuficiente y pequeño, devorándonos en un compás cada vez más asfixiante mientras sentía como mi humedad comenzaba a filtrarse por la tela.
Sin embargo yo era codiciosa. Y más aún cuando se trataba de él; lo quería todo. Quería ir más allá, quería deshacerme de todo y poder sentirlo de verdad.
Ya no me importaba el viaje a París, mucho menos el hecho de estar en su auto en medio del estacionamiento.
Mis manos temblaron en anticipación cuando toqué con las yemas de mis dedos la hebilla de su pantalón para desabrocharlo. Y cuando mis manos lograron desabrocharlo y encontrar el botón de su pantalón, Florian soltó un jadeo sorprendido. Sin pedir permiso, lo desabroché y deslicé su cremallera hacia abajo.
Mi mano trató de colarse de inmediato por la apertura, buscando con ansiedad el calor directo de su erección. Pero, muy a mi pesar, sus manos me detuvieron antes de poder seguir, apretando mis muñecas con suavidad.
—Livarin, espera… —soltó un jadeo contra la piel de mi pecho derecho, con su aliento quemando mi piel. Levantó su rostro y me dio la mirada más dulce y patética que pudiera imaginar, con los labios hinchados y húmedos.
—¿Qué…. Qué pasa?—pregunté con voz rota mientras me detenía, temerosa de haber hecho algo incorrecto.
Florian cerró sus ojos por un segundo mientras apoyaba su cabeza en el hueco de mi cuello, dejando salir un gemido de frustración y luchando por recuperar un poco de esa cordura que yo misma me había encargo de arrebatarle. Podía sentir los latidos desbocados de su corazón golpeando violentamente contra mi pecho desnudo.
—No tengo… no vine preparado. —confesó en un hilo de voz cargado de frustración. —No esperaba que esto… que nosotros…
Respiró profundamente mientras sus manos, aun temblorosas, subieron para acomodar con extrema delicadeza mi sostén y el escote de mi blusa, tratando de cubrirme para su mirada, aunque sus dedos rozaban mi piel con una torpeza que delataba que no quería dejar de tocarme.
—Además, no aquí —murmuró cuando sus manos acunaron mi rostro, obligándome a mirarlo a los ojos. Esos ojos magenta que aun brillaban con una intensidad salvaje; esos ojos que me decían que ni siquiera él estaba seguro de lo que decía. —No quiero que el recuerdo de nuestra primera vez juntos sea aquí, en el auto. Mucho menos con las prisas de tu vuelo. Te mereces algo mucho mejor que esto, y yo quiero darte algo mucho mejor que esto.
Me dio un beso corto en los labios. Era lindo, pensé. Pero rápidamente negué con la cabeza; no podía dejarlo salirse con la suya tan fácilmente, no después de haberme dejado en este estado. Sus palabras eran lindas, pero mi cuerpo no entendía de esta clase romanticismo. Yo me sentía palpitar, caliente y vacía. Mi intimidad exigía aquel contacto que él acababa de interrumpir.
Yo no me iba a subir a ese avión a medias, antes muerta.
—No —le respondí molesta.
—¿No?
—¡No! —dije contra sus labios—. Me importa una mierda el vuelo ahora mismo, Florian. No me voy a ir así. No puedes dejarme a medias después de…
¿Cómo se le ocurría? ¿Realmente creyó que aceptaría irme así sin más? Había estado tan cerca…
—Livarin, no podemos… —Insistió él con poca convicción. Poco podía hacer él cuando mis manos se sumergieron bajo su chaleco de lana y de su camisa formal, acariciando la piel desnuda de su abdomen bajo y ese vello que comenzaba a asomarse por el borde de su pantalón. —No… No te quiero poner en esa situación.
—No tiene por qué ser así. —susurre, rozando sus labios contra los míos, sintiendo como tiraba la poca cordura que le quedaba por la borda. —No quiero que te detengas, solo… Solo déjame sentirte, por favor.
Mi súplica terminó de romper el último hilo de resistencia que le quedaba. Florian soltó un suspiro que me sonó a pura derrota y, esta vez, fue él quien buscó mi boca con un beso hambriento y que rozaba la violencia, mientras sus manos bajaban a mis caderas con urgencia.
Entre los dos y como podíamos, logramos desabrochar y bajar mi pantalón hacia abajo, deshaciéndonos de ellos con un jalón desesperado hasta que cayeron en algún lugar del auto. No esperamos un segundo. Con mis manos libres y con su ayuda, baje su pantalón y su ropa interior, liberando su erección por completo.
El contacto directo con su miembro, con su punta rozada, pesado y caliente contra mis manos me hizo soltar un gemido. Por inercia lo bombeé con lentitud, observando como la piel de su prepucio se movía junto con mis movimientos. Lo escuché contener el aliento, arqueando la espalda mientras sus ojos se cerraban con una mezcla de éxtasis y rendición.
El tener entre mis manos, literal y metafóricamente, ese poder de desestabilizarlo, de hacerlo ceder ante su racionalidad, me gustaba. Me gustaba mucho. Sabía que se estaba entregando a mí, rompiendo sus propias reglas solo porque yo se lo pedía.
No hacía falta nada más, tampoco cruzaría esa línea si él no quería. Pero, mierda, tampoco haría falta. El simple roce, aquel límite que nos marcaba la cordura, sería suficiente. La anticipación y la expectativa eran suficientes para volvernos locos.
—Livarin… Basta —suplicó con voz rota.
Florian me tomó de las caderas con manos posesivas y yo misma, guiada por el deseo, acomodé su miembro junto entre mis piernas, deslizándolo entre la estrecha tela de mi ropa interior, en medio de mis labios. El contacto directo nos hizo soltar un gemido al unísono. Su punta desnuda se topó directamente contra mi clítoris y comenzó a empujar sus caderas hacia arriba con un ritmo lento, dejándonos saborear el primer contacto de muchos por venir.
Cada embestida contra mi centro me hacía temblar de pies a cabeza, arrancándome gemidos y jadeos que resonaban por los cristales empañados del auto.
Nos movimos en sincronía, con mis manos apoyadas en sus caderas desnudas para seguir con ese compás caótico y asfixiante, atrapados en un vaivén deliciosamente agónico. Sentía que me faltaba el aire.
Florian subió sus manos desde mis caderas hasta mi espalda baja, hundiéndolas por debajo de mi blusa para pegarme aún más a su cuerpo. Su pecho subía y bajaba con violencia, y cuando levantó su rostro para mirarme, la intensidad de su mirada me hizo temblar, me sentí intimidada. Sus facciones, marcadas y delicadas a la vez, estaban rígidas por el esfuerzo de contenerse, con sus labios abiertos e hinchados.
Traté de esconder mi rostro entre su cuello, pero él no me lo permitió.
—Mírame, Livarin… —jadeó contra mi oído. Su mano derecha subió hasta mi nuca, enredando sus largos dedos en mi cabello para obligarme a sostenerle la mirada mientras sus caderas daban otra embestida firme contra mi núcleo, haciéndome gemir contra sus labios—. Mírame, por favor.
Sostener su mirada fue una tortura que acepte con gusto. Cada que su erección rozaba mi clítoris, junto con la tela empapada de mi ropa interior, mis ojos se ponían en blanco y un gemido agudo, casi desvergonzado, se me escapaba de la garganta.
Pero él se negaba a dejarme apartar la mirada; sostenía mi rostro con su otra mano, delineando mis labios y mi mandíbula con su pulgar, devorando cada una de mis reacciones. Deseaba registrar la manera en la que mis pupilas se dilataban al mirarlo, el temblor de mis labios al exhalar su nombre. Deseaba memorizar la ruta exacta de mi placer antes que cruzara la puerta de embarque que me alejaría de él durante tantos días.
—Florian… Ah, Florian. Más, por favor —supliqué, perdiendo cualquier rasgo de orgullo o timidez, hundiéndome más contra su regazo y buscando desesperadamente el contacto de sus labios.
Florian no me hizo esperar. Soltó un suspiro tembloroso y atrapó nuestros labios en un beso profundo, hambriento y desesperado, sin espacio alguno para la dulzura. Nuestras lenguas rozaron la una a la otra, en una falsa batalla que estaba dispuesta a perder. Sus dedos en mi nuca se apretaron, guiando el ritmo de nuestras bocas mientras yo le correspondía con la misma intensidad, mordiendo su labio inferior y escuchándolo soltar un gemido ahogado directamente en mi garganta.
Mis manos, que se apoyaban en la piel desnuda de sus caderas, subieron por la piel de su abdomen. Mis uñas lo rasguñaban cada vez que el placer se hacía más intenso, haciéndolo fruncir el ceño mientras mantenía ese ritmo que me acercaba cada vez más al borde.
Apretó sus dientes contra mis labios a la par de sus caderas, que se movían con una insistencia casi dolorosa, lo que me decía que también él estaba cada vez más cerca del borde. Sus manos volvieron a mis pechos, estrujándolos a un ritmo y con una fuerza que se coordinaba a la perfección con el vaivén de nuestras caderas.
La fricción, nuestra humedad combinada, el sonido de nuestras respiraciones, de sus jadeos y gemidos… Todo ahora me parecía un estímulo que se tensaba y se asentaba en mi vientre, un nudo que me hacía comprender que no soportaría muchos más.
—Florian… Voy a… —mis palabras fueron sofocadas por un grito ahogado cuando dio una embestida especialmente fuerte contra mi centro,
Y ese fue el detonante. Un espasmo violento nació desde lo más profundo de mi ser, contrayéndome en una ola de placer tan intensa que me arrancó el aire. Mi orgasmo me golpeó como una descarga eléctrica que me hizo arquear la espalda por completo, perdiéndome en el placer mientras mis manos se aferraban a la tela que cubría sus hombros. Enterré mi rostro en su cuello, soltando gemidos agudos y desbocados mientras dejaba que el placer nublara mi vista.
Al sentirme temblar en sus brazos y al escucharme contra su oído, Florian se dejó llevar por mi placer. Soltó un gemido profundo que retumbó con fuerza contra mi pecho. Sus manos me sostuvieron, embistiéndome con movimientos cortos y rápidos, desesperados. Su cuerpo entero se tensó y, con un último jadeo, se corrió en mi ropa interior.
Sentí cómo la calidez de su esperma golpeaba y empapaba la fina tela de mi ropa interior, filtrándose de inmediato y combinándose con mi propia humedad. Florian escondió su rostro en el hueco de mi cuello, mientras nuestros pechos subían y bajaban de forma errática.
Nos quedamos así durante un momento, flotando en el eco de nuestros jadeos, con los cristales del auto completamente empañados. Con los latidos de nuestros corazones yendo al mismo ritmo desbocado.
Una paz pesada cayó sobre nosotros, rota solamente por el zumbido de la radio que me parecía cada vez más lejana. Podría quedarme así durante horas…
Florian deposito un par de besos suaves en mi clavícula y cuello antes de incorporarse lentamente. Cuando lo miré, todavía con sus mejilla encendidas y sus ojos oscurecidos, no hizo falta decir palabra alguna. Me tomó del rostro con ambas mano y me sumergió en un beso lento y profundo, uno que carecía de toda la urgencia de antes.
Nos separamos a regañadientes, rozando nuestras narices mientras recuperábamos el aliento.
—Florian… —susurré, acariciando los risos blancos de su nuca—. Mierda, eso fue increíble —solté una pequeña risa entrecortada—. Pero, necesito cambiar mi ropa interior.
Florian parpadeo, procesando mis palabras con una tímida sonrisa mientras el rubor volvía a tintar sus mejillas. Se aclaró la garganta, recuperando un poco de su habitual caballerosidad.
—Yo… claro. Déjame salir primero. —dijo mientras se acomodaba la ropa a toda prisa con movimientos torpes— Iré a sacar tu maleta de la cajuela para que puedas buscar una muda mientras yo vigilo. No tardaré nada.
˚
˚
˚
˚
₍ᐢ. .ᐢ₎ 𝙏𝙖𝙗𝙗𝙮
¡No autorizo que mi trabajo sea utilizado para alimentar inteligencia artificial!
OUGH KILLMULATOR IS SO GOOD I THINK IM GOING TO KMS ALSO LOOK THESE ARE THE TWO GUYS I SHIP
click on the second image because crop
LIKE YEAH ITS BASICALLY CANON ATP (if you're delusional enough) PLUS PLUS ABEL IS BISEXUAL SO IT'D WORK PLUS PLUS ABEL SAYS "i knew you were into some weird stuff-" AS A JOKE ABOUT SOMETHING BUT HELLO HOW DO YOU KNOW THAT ANYWAYS THEYRE SO GAY AND THEYRE ALWAYS FLIRTING AND I LOVE THEM SO MUCH CABLE MY BELOVED
the lack of fan content for dating killmulator is killing me i will be dead by morning








