I’m essentially multifandom, but like every two years, more or less, I become obsessed with something: I reblog lots of things, write fanfiction, and headcanons, and metadata, etc.
Avengers Endgame premiered on April 26th, and I started preparing one month before that. Since the first time I watched the movie, I was under the attack of fanfiction plot bunnies. So, this blog is gonna get flooded.
I love Steve Rogers/Captain America. He makes me happy. I’m critical of Tony Stark, but I don’t hate his guts. You may see some negativity towards him here. I tag everything, so you can blacklist my things if something annoys you. I don’t appreciate getting jumped on because I love Steve, I love Steggy, and because Endgame made me happy, so please, blacklist me, mute me or unfollow me. Or tolerate me, you know?
The good part of me falling in love with a character
Is that I also kinda fall in love with the actor, so I search their other work. For me, a person who’s terrible at keeping up with movies, and who prefers TV series, that’s a good thing.
I watched Gifted, cause I needed to cry that much after breakfast. So many original fiction, and fanfiction nuances from that gorgeous emotional movie. I’m very grateful.
@sillyliterature me etiquetó para este juego. Muchas gracias! Nunca he compartido nada de mi borrador, más allá de las dos personas que regularmente me escuchan en el taller literario al que asisto. Soy obsesiva en esto de no adelantar nada, así es que no sé si logre poner aquí alguna cosa que tenga un mediano sentido o que llame en algo la atención.
Reglas: Encuentra en tu proyecto las palabras que te daré al final y comparte un extracto que las contenga. Luego, escribe nuevas palabras para el/la siguiente escritor/a.
Palabra: Correr
Esa tarde había salido de vacaciones de Navidad. Una de sus compañeras invitó a todos a su casa en Nennig. Él lo había dudado, sintiendo que el celular le pesaba en el bolsillo. Eso hasta que llegaron a casa de Marion y se empezaron a bombardear con nieve y a hacer muñecos ligeramente obscenos. En alguna caída ―no tenía ni yeso ni grandes secuelas desde hacía unas semanas, así es que ya podía correr y saltar― debió apagar el celular.
Cap. 5
Palabra: Plan
―Entonces… ¿no tenemos un plan?
―Sobrevivir me parece un plan bastante bueno.
Cap. 4
Palabra: Problema
La voz tenía la reverberación de un sueño, pero poco a poco se fue haciendo más clara. Eran susurros en un alemán rápido y enojado.
―Sí, a eso y es problema mío, pero me ofreciste un hospital seguro para el muchacho y pasó esto.
“Rápido y furioso. Solo puede ser Aidan y no estoy soñando”.
Cap. 4
Palabra: Guerra.
El Manual de Medicina Austera había sido escrito por Samuel Keen, un médico del ejército y supervivencialista estadounidense. En sus páginas circulaban descripciones y diagramas de cómo lidiar con heridas y enfermedades en contextos de guerra, desastres naturales o apocalipsis zombies. Su portada ponía “prohibido en 17 países” con bastante orgullo.
Cap. 4
Mis palabras: Sangre, Agua, Siglos, Esperar.
Etiqueto a... @mori-tazul @sillyliterature (porque por qué no hacerlo dos veces) @nickfraworld y a quien quiera que me esté leyendo en castellano y tenga un borrador narrativo con el cual quiera jugar ;) Obviamente, pueden ignorar esto.
En la parte 1 habíamos quedado en “Personajes y Arcos de Personaje que me interesaron”. Dejé pendientes a dos que aquí vienen. A esos dos.
Esto está lleno de spoilers.
Los Pesos Pesados Tony
Vi la película el jueves del estreno sin ningún spoiler de por medio. Iba preparada para perder al Capitán América vía sacrificio, y para que Tony quedara incapacitado, posiblemente ciego, que era…
Now I want a novel... no, I want NOVELS, as in multiple, well written, epic and romantic novels about Peggy Carter and Steve Rogers living that life together, having amazing sex, being amazing parents and total badasses.
@morita-zul, soy tu secret santa! Espero que este 2019 te traiga mucha felicidad.
Acerca del fic... pues bueno, la tengo difícil con los OC’s porque no los conozco bien, así es que me tuve que ir a una petición del año anterior y partir por algo conocido. Sigo escribiendo, pero quería publicar el primer capítulo antes de que se pase el día. Ya va el segundo.
Espero que te guste, o que al menos... te intrigue.
Palabras: 1318
―¡Mierda! ―exclamó Aioros frente al espejo.
―¿Te cortaste? ―se escuchó la voz de Seika desde detrás de él.
―No, menos mal ―respondió él, lavándose y revisándose―. Pero estuvo cerca. ¿Ves lo que pasa cuando arreglas algo que no estaba roto? ―agregó volviéndose hacia su mujer que estaba nada menos que entronizada en el excusado, con el vestido de noche abierto por el tajo, orinando en la posición más incómoda que él hubiera visto jamás.
―¿Qué no estaba roto? ―Seika se limpió y tiró la cadena―. Para la otra aféitate mejor y así no tendré que devolverte al baño desde la puerta. Ahora vamos a llegar tarde.
―Estamos a tiempo ―rezongó él terminando de secarse la cara y volviendo a perfumarse.
―¿Y bien? ―Seika modeló frente a él―. No se arrugó, ¿cierto?
―Te ves preciosa.
―¿Crees que sea suficiente?
―Es excesivo.
Lo era. Un vestido azul de vampiresa, contrastando exquisitamente con la piel clara de su esposa, y con sus labios pintados de rojo debía ser mucho para cualquier cena en casa de amigos.
―Pero tú lo dijiste: hay que hacer que la petición entre por lo estético ―replicó Seika, mirándose en el espejo la espalda que el vestido dejaba al descubierto.
Aioros asintió. Era una cena en casa de amigos, pero eso no la hacía “cualquier cena”.
―¿Crees que acepte?
Con doce años de matrimonio, los ojos brillantes de Seika volvieron a parecerle los de la muchacha que él sedujo una vez. “No la seduje, no la llevé por mal camino, debo dejar de pensar eso”, se recriminó, sin dejar de mirar el bonito rostro anhelante que tenía en frente.
―¿El labial es permanente? ―preguntó.
Seika solo había asentido a medias cuando él ya tenía sus labios atrapados entre los suyos.
―Ningún hombre podría decirle que no a mi linda esposa ―dijo―. Aunque si sigues poniendo esa carita me voy a poner celoso de veras ―agregó, volviéndola para poder abrazarla por detrás y ver qué retrato hacían los dos juntos en el espejo.
―Sabes que no es así como funciona ―dijo ella y él podía ver en sus ojos que le agradaba lo que veía en ese espejo tanto como a él―. Pero puede que ellos no lo vean así. Sobre todo ella.
Aioros asintió, oliendo el perfume en el cuello de su esposa. Era el perfume caro, el que le había dado por el aniversario de bodas.
―Prometiste que te encargarías de ella ―agregó Seika.
Los nervios inflaban temblorosamente su delicado diafragma, podía sentirlo entre sus brazos. “Y esto me está gustando un poco más de lo que debería”, se dijo a sí mismo, al sentir que el aliento en sus propios pulmones comenzaba a calentarse.
―Lo hice ―dijo, respirando en la oreja de su muchacha.
―Le tengo miedo.
―Es mi amiga, no pasará nada.
―Amiga… ―Seika echó una leve risa―. ¿Te acuerdas de ese masivo encaprichamiento que tuviste con ella, nada más volver?
Y el calor de sus pulmones se le subió a las mejillas sin que pudiera controlarlo.
―Sí, me acuerdo ―admitió con la vista baja, soltando a Seika que se volvió para tomarle las manos.
―Hasta lloraste abrazado de mí, según recuerdo.
Vio de reojo que Seika se lo estaba pasando más o menos bien al echarle en cara ese recuerdo que casi parecía de adolescencia a esas alturas.
―Sí, me acuerdo ―dijo él, alzando los ojos―. Y recuerdo que mientras yo lloraba como un idiota, tus tripitas me hablaron.
―¡Eso no es verdad!
Allí estaba la muchacha nuevamente y así él no se sentía tan solo reducido a un chiquillo.
―Sí lo es, me dieron un pequeño concierto ―con un beso en la frente la soltó y salió del baño―. ¿Te había caído mal algo, o para entonces ya eras intolerante a la lactosa?
―Que a mí no me suenan las tripas ―la escuchó rezongar a sus espaldas mientras él se volvía a colocar la corbata―. ¡Tú! ¡Tú te echas pedos mientras duermes!
―Uy, golpe bajo ―dijo él con una sonrisa divertida bailándole en los labios, volviéndose hacia ella para mostrarle el nudo―. Ya sabes lo que dicen: culo con sueño no tiene dueño. Yo no digo nada del tuyo ―agregó dándole un suave pellizco en la mentada parte mientras ella le enderezaba la corbata con cara de pocos amigos.
Justo cuando se ponía la chaqueta, su celular vibró en repetición.
―¿Quién es? ―preguntó Seika.
―La señora María.
―¿Le pasó algo a los niños?
―Nada, solo que una de las chicas chocó a Natsu muy fuerte en los autitos chocones y él se mordió la lengua.
―¡A ver!
Seika se abalanzó sobre el teléfono.
―¿Cuál fue? ―preguntó la madre de aquel niño bienamado que tenía ocho, pero parecía de seis.
―Creo que es Fiamma, al menos es a ella a la que Dione está increpando. ¿A que no fue una maravilla enseñarle a la señora María a enviar fotos por Telegram?
Seika parecía mucho más tensa de lo que a él lo ponían las fotos de los cuatro chicos en la feria local a la que la señora María los había llevado para permitirle a sus respectivos padres tener una cena de parejitas. En la primera imagen salía Natsu llorando y Dione arremangándose. En la siguiente aparecía ella discutiendo con Fiamma como si fueran a llegar a las manos, aun cuando Dione le sacaba unos años en edad. Y en la que venía después aparecía Özlem agarrando a Dione de la trenza, en defensa de su hermana. Una cuarta fotografía se estaba cargando.
―Fiamma es la que se parece más a ella, ¿no es así? ―dijo Seika pensativa, pasando el dedo sobre la imagen de la chica.
―Hey, todo estará bien. Van a aceptar ―replicó él con una sonrisa.
Y supuso que su sonrisa seguía teniendo el mismo poder de siempre, porque ella le sonrió de vuelta y no le importó arrugar vestidos y chaquetas para el abrazo.
―Sé lo importante que esto es para ti ―murmuró él contra los bucles que ella había pasado un par de horas armando en casa―. Y saldrá bien. Aceptarán.
―Si sale mal, tú…
―Yo te protegeré, pero ya te dije, ella es mi amiga. Seguramente ella también quiera, ya sabes, por mí.
Seika se alejó y le dio un golpe en el pecho.
―Tampoco tienes que darme celos ―dijo, respirando profundo.
―Tú dijiste que no se trata de eso. Y no soy yo el que se la pasa diciendo “qué hombre más hermoso” ―replicó él de buen humor, aunque no sin un cierto vértigo guardado en alguna parte de sí―. ¡Oh! Llegó la otra foto y un audio.
La siguiente foto era un enredo como esas esculturas de Laocoonte y la serpiente: Natsu mordía a Özlem en el brazo, Özlem se llevaba con ella a Dione al suelo y Dione se llevaba a Fiamma a su vez. Lo peor es que era una selfie: la señora María y su conservadora pañoleta en el pelo salían en primer plano. Tan inexpresiva como siempre, Aioros sabía lo que venía en el audio que venía a continuación solo por la chispa en sus ojillos hundidos.
―Ya todo está en calma, señor, y no hay heridos porque vieron que le había enviado las fotos a usted y a la mamá de las gemelas ―decía el audio, con voz átona y sombría.
Y a continuación venía otra foto de los chicos en perfecto orden de formación. Aioros rio de buena gana, tanto que le contagió algo a Seika.
―Vamos, tienes que hacer tu parte ―dijo ella, tomando el celular para tomarle una foto a él.
―Espera ―dijo él, tratando de tragarse la risa―. Bien, ahora ―agregó poniendo su mejor cara de caballero de Sagitario, con todo y cosmos encendido.
La última foto en la que los cuatro niños aparecían dándose la mano como grandes amigos, les llegó cuando abordaron el taxi rumbo a la residencia en Atenas de Shaina y Afrodita.
Para @morita-zul, va la parte 2, recién salida del horno. Puede tener dedazos, pues no la revisé. Ahí me dices qué opinas y por favor cuéntale a Suta también, que no me vendría mal una ayudita. Tengo algo en mente, pero es superficial.
Cap. 01
Palabras: 2048
Capítulo 2
―¡Mierda! ―exclamó Shaina frente al espejo.
―¿Te cortaste, querida? ―preguntó la voz de su marido a sus espaldas.
―No, pero estuvo cerca ―respondió ella, revisándose la ceja―. Debí haberme sacado las cejas con pinza, no con esta… cosa ―agregó, dejando la minúscula rasuradora en el lavabo de al lado no muy amablemente.
Porque claro, el baño en suite tenía un lavabo doble, con un espejo grande que pudiera abarcar a ambos amantes del maquillaje, marido y mujer. Afrodita terminó de delinearse un ojo para mirarla.
―Sabes que un poco de furia te hace irresistible, pero has estado un poco fuera de equilibrio desde temprano ―le dijo, volviendo a su labor.
―¿Me estás diciendo desequilibrada?
―¿Y qué si lo hiciera?
Si lo hiciera, ella le daría un golpe en el hombro. Y eso fue lo que hizo.
―Oh, oh, el delineador casi llega a la córnea ―masculló él, tomando el lápiz quita-maquillaje antes de mirarla a ella.
Y por alguna razón, aquello que no era raro, ahora le molestaba. Con un suspiro algo enojado, volvió a ponerle atención a la hermosa italiana en su propio espejo. Daba lo mismo la misteriosa razón por la que el mismo hombre de los últimos años se le estaba subiendo a las narices, de todas formas ella estaba quedando más guapa que él. Notó las pupilas celestes sobre ella y las ignoró activamente mientras hacía el acabado de sus ojos ahumados.
Sin embargo, Afrodita tenía razón, estaba un poco fuera de su centro. ¿Sería el entrenamiento? Tenía un moratón en la espalda que el impidió usar el vestido verde esmeralda que habría querido. Tuvo que optar por uno negro más rescatado, pero que aun así le quedaba bien. Vamos que le quedaba para alfombra roja. Sí, eso la tenía molesta.
La hipérbole de su esposo era divertida. Lo era al principio al menos. ¿Ya no lo era? Ugh, al menos si le hubiera avisado con más tiempo. Los turnos les habían impedido verse mucho en los últimos días, pero nada justificaba que él hubiera organizado una cena de parejas completamente a sus espaldas y solo le hubiese avisado ese día por la mañana. Y resultaba que lo tenía todo bajo control: se había puesto de acuerdo con Aioros para mandar a las niñas fuera con la señora María, la mujer que le ayudaba a Seika en casa; había ordenado un servicio de cena elegante a domicilio, con todo y una persona para que sirviera; y hasta se había dado maña para cocinar un postre él mismo. “Habría hecho lo mismo con la cena, querida, pero no tenía tiempo suficiente, tenía que elegir”. Y no podría haber elegido avisarle a ella con más tiempo. Con lo mucho que le apetecía echarse una siesta eterna esa tarde, y no tener que arreglarse y arreglar la casa.
―¿Me repites qué fue lo que te dijo Aioros? ―dijo, mientras repasaba el pintalabios rojo de sus labios con base neutra para quitarles brillo.
―Que él y Seika tenían algo importante que querían comentarnos y que si podíamos reunirnos un día ―replicó Afrodita con exagerada paciencia―. Y bien, ¿cómo estoy?
¿Qué cómo estaba? Perfecto como siempre. No importaba que su rutina como caballero dorado fuera muchas veces más dura que la suya y que llevara el mismo peso en el hogar que ella, Afrodita nunca tenía bolsas bajo sus ojos, y sus bucles nunca tenían un mal día. Claro, mucha responsabilidad la tenía Legendary Gloss, la marca que hacía que el cabello de Joey Tempest permaneciera en su sitio durante todo el concierto y de la cual Siegfried de Dubhé Alfa había sido figura publicitaria.
―Oh, ya sé que te avisé muy encima ―dijo él extendiendo los brazos para hacer que ella se mostrara.
Y ahí estaba esa sonrisa que parecía brillar y que él no debía enterarse que aún la hacía derretirse. Dio un paso hacia él, dejando caer el pincel al interior del lavabo.
―Pero quería que hiciéramos algo como pareja, algo romántico ―continuó él, acercándose más. Olía tan bien.
―Algo normal.
―No está demás de vez en cuando.
―¿Y llamas a toda esta producción normal para una cena de parejas?
―Antes muerto que sencillo, querida ―dijo él rodeándole la cintura. Estaban más pegados por la cadera de lo que convenía considerando que las visitas estaban por llegar.
Y es que, si bien una voz le decía “no me dijo que me veía hermosa”, y eso por alguna razón dolía como una aguja clavada en las entrañas… otra voz decía “si hago lo que quiero hacer, no tardaría en verse peor que yo”, mientras imaginaba lo que sería arrancarle la camisa a rasguños y montarlo allí mismo en el piso del baño, aprovechando que las gemelas no estaban.
La sonrisa de él cambió, quizá percibiendo los nada santos pensamientos que había en su mente. La besó. El beso sí fue más o menos santo, no lo que ella esperaba. ¿Es que no le parecía atractiva?
―¿Le pusiste protección a tu labial? ―preguntó, soltándola, al tiempo en que sonaba el timbre―. No se ve elegante que se le pase a las copas ―agregó, inclinándose hacia el espejo para quitarse una pequeña mancha roja que había quedado sobre su propio labial rosado claro.
―¿Habrán copas para vino, cierto? ―preguntó ella, tragándoselo todo.
―Por supuesto. La cena consiste en filete acompañado de un timbal de verduras y quinoa, un cereal sudamericano.
“Vino. Ya veremos si lo que más te preocupa son las copas o su contenido”, se dijo a sí misma antes de salir.
Abajo, el muchacho del servicio ya había recibido a las visitas. “Aioros conoce bien a Afrodita”, pensó cuando vio que se habían arreglado acorde a las extravagancias de su marido. El arquero se veía bien en su traje negro, todo un clásico que lo hacía ver varonil, cual James Bond. Seika llevaba un vestido azul con tajo, sin espalda y que destacaba muy bien su delantera sin ser grosero. Y se había pintado los labios del mismo color que ella, solo que los suyos brillaban, como los de una chica en su fiesta de quince años. “Y eso por alguna razón me molesta, estoy terrible hoy”, pensó recordando lo dulce que era la pobre Seika y el hecho de que nunca habían tenido un sí o un no. Hasta ahora…
―Definitivamente el hombre más hermoso que existe.
¿Seika, la inocente Seika había dicho eso, mientras Afrodita bajaba la escalera? Shaina se asomó brevemente a mirar y vio a la pequeña mujer agarrada de la manga de su marido como se habría agarrado de la de una compañera de clases cuando iba pasando el guaperas del colegio.
“Vamos, que yo no soy celosa ni insegura”, pensó cuando fue su turno de bajar la escalera. Pero lo hizo con la ceja enarcada de Scarlett O’Hara, no pudo evitarlo.
―Qué hermosa te ves ―dijo Aioros, galantemente, cuando llegó abajo. Afrodita no dijo nada. ¡Afrodita no dijo nada!
Luego ambos caballeros procedieron a hablar del vino que Aioros había llevado, y de las cepas que Afrodita había escogido para la cena.
―Por un momento pensé que era decoración ―dijo Seika, señalando un objeto en la mesita del recibidor.
―Le envié una foto de mi máscara a la señora María para que amenazara a las chicas ―respondió ella, en tono algo seco.
Seika sonrió nerviosa. “Como si supiera que anda en malos pasos la desgraciada. Y encima el labial se le ve mejor a ella”.
La cena comenzó con una entrada de camarones, acompañada de vino blanco. La conversación fluyó animadamente, y cómo no, ambas parejas tenían mucho en común. Los hombres eran caballeros dorados, ambas parejas tenían dos hijos. Y vamos, que Shaina disfrutaba particularmente la compañía de su amigo, aunque no se vieran muy seguido. Siempre que lo hacían era como si hablaran todos los días.
Ahora, las miradas que Seika le daba a Afrodita por debajo de sus pestañas no pasaban inadvertidas para Shaina. Lo miraba como si lo estuviera midiendo y ella olía algo extraño en el aire, más allá del aroma frutoso del Chardonnay francés. El chico del servicio, un mozalbete de unos veinte años servía muy poco.
Durante el plato de fondo, se descorchó el Cabernet Sauvignon que había llevado Aioros, por cortesía a las visitas. Era italiano, no debió ser barato, y estaba bueno. Como todo vino de dicha cepa, quemaba el gaznate, pero solo la primera copa. La segunda menos y la tercera ya pasó como agua, mientras las miraditas de Seika a su marido ya no eran de medición. “Vamos que esta japonésida lo está desnudando con la mirada, justo frente a su propio esposo”.
El muchacho del servicio recogió el plato de fondo y se retiró pues hasta allí llegaba su horario. Eran las 9:30. Seika y Aioros adoraron la quinoa, por ser tan exótica, pero ella la había odiado. No podía saber si algún grano se le quedaba entre los dientes, porque seguro que aquella porquería tenía un efecto adormecedor. Apenas sentía la mandíbula, como cuando se va al dentista… o como cuando se está borracho. Pero solo llevaba tres o cuatro copas, no era posible que estuviera borracha. Seika estaba borracha. Aioros ya debería estar debajo de la mesa.
―Traeré el postre ―dijo Afrodita y le clavó una mirada que ella no supo interpretar―. ¿Me acompañas, querida?
―No, no quiero estropear esta sorpresa ya que lo es también para mí ―respondió ella, en perfecto griego. “Por qué me miran todos así, qué borrachos están”―. Espero que sea un postre helado, porque hace mucho calor.
Hacía mucho calor. A diferencia del vestido de Seika, el suyo a ella sí le cubría la espalda y sentía que estaba casi sudando. Lo cual era una pena. Era todo tan triste, incluyendo los murmullos que Seika y Aioros intercambiaban entre sí, tan imperceptibles como si fueran ventrílocuos. Sí, le daba pena su amigo, que no sospechaba nada de su esposita.
―Esperaré a que sirva el postre y se lo pediré ―dijo la pequeña voz de la muchacha.
“Que no es una muchacha, tiene más o menos mi edad”.
Afrodita debió usar la velocidad de la luz, porque ella no supo cuando fue que se sirvió el postre, ni qué hacía ella en la cocina. “Ah, sí, el late harvest, que un postre con tantos tipos de chocolate distinto debía acompañarse de un cosecha tardía”.
―Shaina, no ―escuchó decir a Afrodita entre dientes.
―Oh, sí, Shaina sí ―se escuchó decir a sí misma mientras servía las copas.
―Bueno un late harvest es… romántico ―dijo Aioros con una sonrisa estúpida que por alguna razón a ella le hizo cosquillas, como si le diera mucha risa.
―Y dicen que el chocolate es el sustituto del sexo.
“¿Quién dijo eso? ¿Seika?”. Shaina no lograba enterarse. El postre tenía demasiada azúcar y eso acentuaba su… ¿cómo la había llamado Afro? “¿Desequilibración?”
―Bueno, quizá esto les parezca una propuesta indecente ―decía Seika―. Y creo que debí hacerla antes, dadas las circunstancias.
“¿Qué circunstancias? ¿Pero por qué este par no para de mover la mesa?” De acuerdo, no engañaba a nadie, estaba un poco pasadita, pero ellos también lo estaban, en especial Seika, que no daba pie con bola y hablaba, y hablaba. Afrodita le estaba poniendo mucha atención. Mucha, mucha, como si necesitara hacerlo para no ponerle atención… a ella.
―Porque tú nunca me pones atención.
No, ella no dijo eso. Solo lo pensó. Pero era verdad.
―Lo que estoy pidiendo deben decidirlo como pareja. Implica confianza… pero.
“La japonésida se trae algo entre manos aparte de su celular”. Seika jugaba con su celular entre los dedos, y luego lo dejó en la mesa para echarse un trago de vino al coleto. “Y ahora se hace la vergonzosa, la muy…”.
Y entonces el celular vibró. Debió haber sido en medio de un silencio, porque todos lo miraron. Hacía vibrar las copas y los cubiertos con un sonido molesto. Y la pantalla ponía “Incoming call: THE SWINGERS”.
Aioros aspiró como si hubiera visto un fantasma. Seika se puso más roja que su labial. Y todo se vio desde una perspectiva distinta, porque el ángulo de la cámara cambia cuando gateas por la mesa diciendo:
―¡Que te agarro de los pelos y te igualo las puntas, japonésida de mierda!