Al entrar al bucear en la Isla del Coral, todo puede pasar: el agua entra al visor, la flotabilidad falla, la corriente es demasiado fuerte, entre otras cosas. Esto fue lo que viví los pasados días sábado 17 y domingo 18 de octubre.
A las 8:00 del sábado me dirigí a la playa donde me dieron instrucciones de reunirme con mi grupo de buceo, cuatro personas más y ayudar a trasladar el equipo necesario, desde el club de playa Fiesta Los Ayala, hasta la Isla del Coral en Nayarit. Junto con los otros 30 asistentes, cargué tanques de oxígeno, chalecos y reguladores hasta las lanchas. El olor a sal, el color azul del mar y una corriente de aire fresco que calmaba el calor, acompañaba la sensación del agua y la arena tibia entre los dedos de los pies mientras me acercaba a subir cinturones de plomo en el ya mencionado transporte.
En cuanto todo lo necesario se encontraba camino a la isla, subí a una de las lanchas para llegar al lugar en donde limpiaría el mar, por segundo año consecutivo gracias al proyecto aware, el cual busca conservar playas limpias y concientizar a las personas a cuidar la biodiversidad marina; iba por parte de Cencalli buceo, escuela que por quinta ocasión se lanzaba a esta aventura, y que poco a poco iba eliminando la basura, ya que, el presente año, los asistentes sacaron poca basura, mientras que en 2010 fueron tres toneladas.
Mientras sentía la brisa, me fui acercando a la isla. Cuando la lancha arribó, los grupos se dividieron. Los primeros dos entraron directo a bucear desde el muelle, por lo que ella me encaminé a otra parte de la isla, con los tres grupos restantes, a ponerme mi visor, aletas y snorkel para buscar basura más cerca de la orilla, en lo que los primeros grupos buceaban durante 40 minutos. Pasó el tiempo necesario y, junto con el resto de su grupo, me dirigí al muelle.
En el fondo
El entrenamiento anterior, valdría la pena en este momento. Me puse mi cinturón con 2 pastillas de plomo, me senté a la orilla del muelle con el equipo necesario a mi espalda. Me calcé las aletas y me acomodé el visor, lista para a continuación ponerme el chaleco con el tanque y el regulador. Bajé y junto con mi grupo, le saque el aire al chaleco y me sumergí en las turbias y cálidas aguas del océano pacífico. Me fui guiando gracias a la cuerda que sostenía un ancla; tomé ésta entre mis manos para ayudarme a bajar. Avancé unos pocos metros antes de darme cuenta de que necesitaba haberme puesto una pastilla más de plomo, debido a que no contaba con el peso suficiente y aún seguía flotando, mientras que los demás ya se encontraban en el fondo tocando el coral, las esponjas marinas, las estrellas y conchas que se hallaban ahí.
Me fueron ayudando a bajar, mientras tanto observaba a mi alrededor: azul, azul y más azul, un arrecife de coral, entre verde y café debido a las plantas, lleno de vida; peces alargados, grandes y pequeños. A diferencia del año pasado, me sorprendía encontrar tan poca basura. Durante todo el recorrido identifiqué una llanta enterrada en la arena, llevaría unos cuántos meses de haberse hundido, ya que tenía poca vida a su alrededor; agarré una botella de cerveza llena de arena y una red de color rojo que estaba bajo una piedra.
Al regresar, después de los primeros 20 minutos, Me pusieron una piedra marina pesada en el chaleco para que pudiese regular mi flotabilidad y me hundiera con mayor facilidad. Volví al muelle, llené mi chaleco de aire, y las personas que se encontraban afuera me ayudaron a sacar el tanque del agua. Al salir me raspé con la madera del muelle. Junté la basura con el resto y en lo que esperaba al último grupo tomé una botella de agua fría y la bebí casi por completo, debido a que el esfuerzo de no bajar y nadar contra la corriente me tenían exhausta; a continuación comí unos cuántos pedazos de naranja que estaban en una hielera, para hidratarme todavía un poco más.
Junté mis cosas y regresé al club de playa, en donde, entre todos separamos y contabilizamos la poca basura que habíamos encontrado: plástico, metal, basura sanitaria y orgánica, concreto, vidrio, entre otras. Toda una aventura que vale la pena vivir.
Vídeo de la experiencia: https://www.youtube.com/watch?v=7ww-zp10VCM