upside down, 잃어버린
No podía dejar de pensar en las historias que le había contado su hermano. En su mente sólo se reproducían imágenes de Will, de Barb y de aquella dimensión que aún era desconocida por ella. Mientras más lo pensaba, menos se creía el cuento de que eso había sucedido pero Hawkins entero se aseguraba de recordarle la tragedia una y otra vez. El tema salía siempre no importaba cual fuera la conversación o con quien la estuviera sosteniendo, todo giraba alrededor de esa estúpida mentira. ¡Tenía que haber alguna manera de desmentir tal cosa! Ya no podía con la frustración, la simple mención la irritaba. Pero iría paso a paso, primero tenía que investigar como es que se logra tener contacto con esta “dimensión”.
Steve la había invitado a una reunión que iba a tener con sus amigos. La respuesta obvia era no, su idea de diversión no tenía nada que ver con chicos de preparatoria alcoholizándose y diciendo pura tontería pero cuando los nombres de Nancy y Jonathan salieron a flote, Delia vio la oportunidad perfecta. Por lo que le decía el menor de los Harrington, el trío era experto en establecer vínculos con el otro mundo así que hoy les sacaría la sopa para que soltarán todos los detalles.
Fue un trabajo de lo más sencillo. Un par de tragos encima y los chicos ya tenían la lengua suelta, indagando en cada detalle de aquella noche donde se habían enfrentado frente a frente con la criatura. Parecía algo tedioso y aparte costoso, no quería ir al punto en donde tenía que gastar su dinero sólo para acabar con la mentirilla tonta pero al escuchar a Nancy hablar de como la primera vez que se toparon con el extraño ser fue en el bosque, su “misión” se volvió bastante sencilla. Era cosa de darse una vuelta por la noche en el bosque y asegurarse por si misma que no había nada fuera de este mundo en Hawkins.
El reloj marcaba las 3 de la mañana. El cielo no tenía ni una estrella brillando y el frío del bosque se le colaba hasta los huesos. Caminaba con la intención de no hacer ni el menor ruido pero era tal el silencio que cada paso era como si anduviera en tacones sobre piso de madera, alertando a todo lo que estuviera ahí. Inspeccionó cada árbol pero no encontraba nada, todo normal como lo suponía, ni siquiera había rastro de el bendito Demogorgon por ahí. Ya estaba lista para salir y regresar a casa, orgullosa de no haber caído a la red de mentiras que se había formado sobre su hogar hasta que un grito de ayuda le puso los pelos de punta. Sabía que tenía que correr y correr, alejarse de ahí pero no podía, su curiosidad fue más que su razón y siguió los gritos hasta su origen.
Lo estaba viendo. Justo ahí frente a ella. Y aún así no lo podía creer. El árbol tenía en su tronco un hoyo que parecía llevar a otro mundo, todo se veía viscoso y repugnante con un tipo de telarañas cubriéndolo. Los gritos habían cesado pero el cuerpo le cosquilleaba por echar un vistazo a lo que había allí, ¿sería verdad todo aquello que Steve le había contado? Armándose de valor, hizo a un lado las pegajosas telarañas y antes de que si quiera pudiera ver algo, la misma voz gritó. — ¡No! ¡No entres! —. Fue lo último que escuchó antes de que la oscuridad la rodeara.